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Nieta de migrantes paraguayos, Sandra Toledo narra en este videoensayo las memorias de una historia familiar marcada por la violencia de género. Creado junto a Darío Leiva en el marco del taller «Chatbot Migrante – Periodismo comunitario asistido por IA» (dictado recientemente por Refugio Latinoamericano en Quilmes, Prov. de Buenos Aires), el trabajo ofrece un testimonio audiovisual en primera persona que visibiliza una problemática a menudo silenciada puertas adentro.


Existía una vieja creencia popular transmitida de generación en generación que dice que comer caracú —una palabra de origen guaraní que alude al tuétano alojado en el interior de los huesos de las vacas— afecta la memoria. Durante mucho tiempo, en la familia de Sandra Toledo, el mandato implícito parecía ser ese: no recordar, callar, dejar que el tiempo cubriera con su manto los dolores del pasado. Sin embargo, recordar se convirtió para ella en un acto de resignificación y sanación.

Sandra Toledo, durante el rodaje del corto «Caracú para no olvidar» | Imagen: captura de pantalla

Sandra creció en la provincia de Formosa, en el seno de una familia de origen paraguayo donde los mandatos de género eran estrictos y las raíces culturales, un peso. «Desde chica me dio vergüenza la nacionalidad de ellos y ocultaba mis raíces», relata al rememorar los conflictos de una niñez atravesada por el deseo de encajar. A ese estigma se le sumaba la estructura de un hogar marcadamente machista: «Crecí creyendo que mi tarea era casarme, tener hijos y criar. Pensaba que el trabajo y lo demás era solo para los hombres».

Detrás de la vida cotidiana y las pautas tradicionales, la familia albergaba una herida abierta. Cuando la tía de Sandra tenía apenas 16 años y estaba a punto de casarse, fue asesinada por su propia pareja. El femicidio, desde luego, destruyó el tejido familiar. La abuela de Sandra quedó sumida en el silencio y la depresión durante muchos años, incapaz de articular palabra tras la pérdida de su hija. En el seno del hogar, ese episodio de violencia extrema se transformó en un tabú, una tragedia de la que era preferible no hablar.

El realizador, Darío Leiva, coincidió con Sandra Toledo en el marco del taller «Chatbot Migrante – Periodismo comunitario asistido por IA», dictado por Refugio Latinoamericano en la localidad de Quilmes | Foto: gentileza

Con el tiempo, Sandra migró al conurbano bonaerense. Enfrentar la vida en un nuevo territorio la llevó a cuestionar cada una de las verdades impuestas durante su infancia. Hoy trabaja en relación de dependencia y encontró en la fotografía y el arte visual la llave para desarticular costumbres opresivas.

Del dolor a la cámara: reconstruir la identidad

«Empecé a través de la fotografía a mostrar y a visibilizar el feminismo», explica. Al tomar la cámara y marchar en las movilizaciones por el fin de la violencia contra las mujeres, comprendió que su historia personal no era un caso aislado.

Fue en la localidad de Quilmes donde su camino se cruzó con el de Darío Leiva, durante el taller «Chatbot Migrante – Periodismo comunitario asistido por IA», impulsado por Refugio Latinoamericano y coordinado por la periodista Silvina Molina. Allí, Sandra compartió su relato y, de esa confluencia creativa, nació el videoensayo intitulado «Caracú para no olvidar».

A través de recursos audiovisuales y un testimonio en primera persona, la obra traza un hilo rojo entre la memoria íntima de Sandra y la realidad que atraviesan miles de mujeres. La propuesta subvierte el mito familiar: el caracú ya no es el alimento del olvido, sino el pretexto para hurgar en lo profundo de los huesos y recuperar la memoria histórica.

La violencia en números: una urgencia colectiva

La historia de Sandra y su tía refleja una problemática estructural que mantiene cifras alarmantes en la Argentina. De acuerdo con datos del Observatorio de Femicidios «Adriana Marisel Zambrano», coordinado por La Casa del Encuentro, entre el 1 de enero y el 30 de junio de 2026 se registraron 121 víctimas de femicidio en el país. Entre ellas, cinco eran mujeres migrantes, una población que muchas veces enfrenta capas adicionales de vulnerabilidad debido a la falta de redes de contención, la discriminación o el temor a denunciar.

Al dar la voz y poner el cuerpo frente a la cámara, Sandra Toledo busca convertir la herida en un puente de concientización. En un proceso de reconstrucción constante, su testimonio demuestra que romper el silencio no solo desanda las huellas de la opresión, sino que abre el camino para que las nuevas generaciones puedan construir una vida libre de violencias.

¿Estás atravesando una situación de violencia de género o conocés a alguien que necesite ayuda?

Si sufrís violencia de género o querés recibir información y asesoramiento, existen recursos gratuitos y oficiales del Estado argentino disponibles en todo el país:

  • Línea 144: Gratuita, anónima y nacional. Funciona los 365 días del año, las 24 horas. Brinda atención, contención y asesoramiento para personas en situación de violencia de género.
    • WhatsApp: +54 9 11 2345 5700
    • Aplicación móvil: Podes descargar la app gratuita Línea 144 para teléfonos celulares.
  • Línea 911 (Emergencias): Si te encontrás en una situación de riesgo inminente o peligro, comunicate de inmediato al 911 o dirigite a la comisaría o Comisaría de la Mujer más cercana.
  • Centros de Atención Local: Cada municipio cuenta con áreas de género y áreas comunitarias especializadas para brindar asistencia psicológica, social y jurídica.

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