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En tiempos en los que la crisis climática ya no es una advertencia sino una realidad concreta y evidente, la voz de Moira Millán sigue interpelando desde lo profundo de las perspectivas ancestrales. Referente del pueblo mapuche, escritora, cineasta y fundadora del Movimiento de Mujeres Indígenas por el Buen Vivir, la reconocida defensora indígena vuelve a alertarnos sobre los peligros que se ciernen sobre los territorios en su último libro «Terricidio: Sabiduría ancestral para un mundo alterNATIVO».


En un escenario marcado por debates en torno a la protección de los recursos naturales en la Patagonia, la escritora y activista mapuche Moira Millán repasa las claves de un pensamiento ecológico profundamente arraigado en sus raíces indígenas. En diálogo con Refugio Latinoamericano y la Red Sudamericana para las Migraciones Ambientales (RESAMA), la fundadora del Movimiento de Mujeres Indígenas por el Buen Vivir profundiza en su concepto de Terricidio y cuestiona los embates legislativos que amenazan la sustentabilidad de los territorios ancestrales.

En esta conversación con Moira Millán, charlamos sobre lo que significa «escuchar el llamado de la tierra». Su planteo no produce una respuesta abstracta. Para ella, el llamado tiene formas concretas y antiguas: reabrir el diálogo con las fuerzas de la naturaleza, volver a conectar con el río, la montaña, el volcán, el bosque. «Lo que nosotros llamamos puñen o punewen», explica, refiriéndose a las fuerzas protectoras espirituales que habitan cada elemento del territorio.

Ese llamado, sostiene, no es exclusivo del pueblo mapuche. Es una memoria que todos los pueblos llevan, aunque muchos la hayan perdido bajo siglos de gobiernos que la borraron deliberadamente. «En los contextos urbanos, hay que preguntarse dónde transitaba el río, dónde había humedales, dónde hubo bosque, dónde hubo fuerzas protectoras», dice. Como ejemplo, cita un caso que la emocionó: en Galicia, tras los incendios que arrasaron sus montes, vecinos organizados comenzaron a recuperar los castros, los sitios de origen celta donde sus ancestros se vinculaban con la naturaleza y el cosmos. «España es un país muy católico y que, de repente, de manera organizada, unos vecinos hayan decidido recuperar esa memoria telúrica me parece muy importante».

El mensaje es claro: la reconexión con la tierra no es un ejercicio romántico. En este momento de la historia constituye una necesidad urgente de supervivencia colectiva.

Los glaciares: fundamento identitario expuesto a un crimen de Estado

Pocas imágenes condensan mejor la tensión entre el mundo mapuche y el extractivismo que la de los glaciares. Para Millán, esos grandes bloques de hielo no son solo recursos hídricos: son el origen mítico de su pueblo, la morada de fuerzas protectoras del agua a las que se les habla, se les ofrenda, se les pide sabiduría. «Allí viven también fuerzas que protegen el agua, las fuerzas más importantes», dice. El agua no es un insumo; es el origen de la historia y de la vida.

Por eso, la reforma a la Ley de Glaciares impulsada por el gobierno de Javier Milei no le genera solo preocupación: le genera indignación. La califica directamente como «una aberración a la vida» y «una agresión a los pueblos y los territorios». Su diagnóstico es político y sin eufemismos: lo que se busca es la privatización del agua, su conversión en mercancía subastada a las grandes corporaciones. «No se trata solo de un error, sino que es un crimen», afirma. Y, sin embargo, no concluye en el pesimismo: «Los pueblos organizados vamos a poder revertir esta situación».

Además de escritora y activista, Moira Millán es impulsora y referente del Movimiento de Mujeres y Diversidades Indígenas por el Buen Vivir | Foto: Ivanna Legler

Terricidio, una categoría de la urgencia civilizatoria

Moira Millán es también una ensayista que construye herramientas conceptuales para nombrar lo que ocurre. En su último libro Terricidio: Sabiduría ancestral para un mundo alterNATIVO (Sudamericana, 2024; Bajo Tierra Editorial, 2026) desarrolla la noción de Terricidio, un término que va más allá del ecocidio —la destrucción de ecosistemas concretos— para abarcar todas las formas en que el sistema elimina la vida en su conjunto.

«Cuando hablamos de terricidio, estamos hablando de ecocidio, pero también de genocidio, de infanticidio, de epistemicidio», explica. El epistemicidio, en particular, le preocupa profundamente: es la destrucción de las formas de entender el mundo, la eliminación de idiomas, ceremonias, culturas. Todo aquello que no produce ganancia y sí produce humanidad.

La categoría, dice, busca evidenciar el ensamble entre todas esas vidas y la forma en que están relacionadas. «Todas las vidas importan para que desde esa lógica podamos articularnos hacia el fortalecimiento y la autodefensa de la vida». Y agrega una advertencia contra el antropocentrismo en la resistencia: no alcanza con escuchar voces humanas. Hay que escuchar también a los animales, a los ríos, a los bosques. A todo lo que la mapu expresa.

La Patagonia en llamas

Los incendios que devastaron la Patagonia en los últimos tiempos dejaron en Moira Millán una mezcla de emociones que describe con precisión: «Tristeza, dolor, impotencia, rabia». Pero también dejaron algo más: la organización comunitaria en su forma más pura. Miles de personas —brigadistas voluntarios, cocineras, veterinarios improvisados, personas que cedían sus casas— respondieron donde el Estado no estaba o llegaba tarde.

El problema más urgente que identifica es el pino, ese cultivo forestal que se propagó por los territorios y que actúa como un vector letal para el fuego. «Es necesaria una acción inmediata de cortar, de eliminar estos pinos», dice, y pone en concreto lo que hace falta: financiamiento, infraestructura, logística, visibilidad internacional, observadores de derechos humanos, abogados que activen denuncias contra el Estado.

Porque el contexto, advierte, es grave. El gobierno nacional desfinanció la Ley de Manejo del Fuego y busca modificar la Ley de Bosques y la Ley de Tierras para facilitar la venta de campos quemados, derogó la ley que impedía los desalojos de comunidades indígenas y busca profundizar los acuerdos con Israel y Estados Unidos para entrenamiento militar en la Patagonia. «Estamos en una situación demasiado preocupante», resume.

Un relato reiterativo: la otredad mapuche como «terrorista»

El despojo no ocurre en el vacío. Necesita un relato que lo justifique, y Millán traza con nitidez la línea histórica de ese relato. Antes era la dicotomía «civilización o barbarie»; hoy es el mapuche terrorista versus el «gauchaje» que recibe a los magnates extranjeros. Distinto nombre, misma lógica: inferiorizar, racializar, señalar al otro como amenaza para habilitar su eliminación.

«La argentinización ha traído consigo todo un proceso de blanqueamiento de la población y, por lo tanto, de negacionismo absoluto de nuestra existencia», dice. Y en ese marco, la lucha por el reconocimiento territorial no puede reducirse a papeles o delimitaciones geográficas: exige el reconocimiento de la ancestralidad, de los derechos plenos a ser y estar en el mundo como gente de la tierra. «Vamos a seguir firmes, vamos a seguir confiando en que nuestra principal aliada es la tierra».

Unas palabras sobre la academia

Millán no ahorra críticas para el mundo académico. Lo interpela directamente: «La academia ha sido cómplice y justificadora de estos procesos de despojo». Denuncia que muchas universidades reciben financiamiento de las mismas corporaciones extractivistas que devastan los territorios, y alerta sobre una práctica que la preocupa especialmente: investigadores que ingresan a comunidades indígenas a «extraer» saberes, usos y costumbres bajo el disfraz de la ciencia. Esa información, dice, muchas veces termina en manos del empresariado. «Hay tráfico de información entre los espacios académicos que reciben financiamiento y el empresariado terricida».

A pesar de lo hostil del actual contexto, Moira Millán confía en la organización comunitaria y la recuperación de los saberes ancestrales para enfrentar los procesos de despojo y destrucción ambiental | Foto: Ivanna Legler

El Movimiento de Mujeres para el Buen Vivir

La historia del Movimiento de Mujeres y Diversidades Indígenas por el Buen Vivir comienza en 2012, cuando Millán viajó por el país filmando el documental «Pupila de mujer, mirada de la tierra». En ese recorrido se encontró con el dolor, la resistencia y la re-existencia de sus hermanas de otros pueblos. Entendió que era necesario organizarse.

Durante 2013 recorrió el país «a dedo y caminando», uniendo a mujeres indígenas de distintos territorios. En 2015, la primera marcha reunió a 15 000 personas frente al Congreso de la Nación, donde presentaron un proyecto de ley por el Buen Vivir. Desde entonces, el movimiento no paró. «Somos ahora una voz audible y una fuerza visible», dice Millán, con la calma de quien sabe que lo construido no se deshace fácilmente.

Escuchar a Moira Millán es entender que la lucha mapuche no es una causa local ni folclórica. Es una de las respuestas más lúcidas y radicales a la pregunta que define nuestro tiempo: cómo seguir viviendo en un planeta que el sistema está destruyendo. La tierra, dice ella, recuerda. Y también llama. El interrogante es el de siempre: saber si estamos dispuestos a escuchar, y sobre todo, a actuar.

Para profundizar sobre la obra Terricidio – Sabiduría Ancestral para un Mundo AlterNativo, pueden seguir el siguiente enlace verificado.



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Autora at  | Website |  + notas

Erika Pires Ramos es Abogada Pública Federal y investigadora brasileña. Es Doctora en Derecho Internacional por la USP (Universidad de São Paulo) y co-fundadora de RESAMA, la Red Sudamericana para las Migraciones Ambientales.

Directora ejecutiva |  + notas

Docente en Historia. Nacida y criada en el norte del conurbano bonaerense. De raíces familiares francesas e italianas.


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