Equipos de investigación de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM) y el CONICET llevaron adelante el seminario sobre migración, género y cambio climático. En el encuentro se presentaron los aprendizajes de Migrantas en Reconquista, una experiencia que entre 2019 y 2022 investigó cómo las mujeres migrantes enfrentan la crisis socioambiental en el conurbano bonaerense.
El pasado 7 de septiembre se presentó en el Edificio Volta de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM) el Seminario General “Migración, género y cambio climático”, a partir de la experiencia de trabajo interdisciplinario que llevó adelante el proyecto «Migrantas en Reconquista». El encuentro tuvo la participación de Vanesa Salomone, Griselda Polla, Fabián de la Fuente, Diego Garay, Lucila Nejamkis, Débora Gerbaudo, Belén López y Romina Rajoy. En el marco de dicha jornada también se presentó el libro Migración, género y cambio climático: Lecciones desde la investigación-acción participativa. Migrantas en Reconquista en el Gran Buenos Aires, editado por Natalia Gavazzo y Lucila Nejamkis Ribellin en 2025, que recupera los aprendizajes de esta experiencia. El encuentro permitió poner en diálogo los aportes del trabajo colectivo realizado con las mujeres migrantes, frente a los desafíos socioambientales que presenta el Área Reconquista.
El Área Reconquista: un territorio con identidad propia
El río Reconquista es una de las tres cuencas hídricas más importantes de la Región Metropolitana de Buenos Aires. Su trayecto de 82 kilómetros recorre 18 distritos y atraviesa zonas urbanas y rurales con actividades industriales, agrícolas y ganaderas. Es considerado el segundo río más contaminado de la Argentina, según organismos públicos e investigaciones académicas.
En la zona media de la cuenca Reconquista se encuentra uno de los territorios más segregados del Municipio de San Martín: el Área Reconquista, compuesta por 15 barrios populares creados en los últimos 60 años a partir de la llegada de familias migrantes provenientes, sobre todo, de áreas rurales de distintas provincias del norte de Argentina y de países de la región como Paraguay, Bolivia y Perú.
La basura es otra dimensión propia del territorio. En José León Suárez funciona el Complejo Ambiental Norte III del CEAMSE (Coordinación Ecológica Área Metropolitana Sociedad del Estado), el relleno sanitario más grande del país. Según informó Leonardo Maceiras, director de Operaciones del CEAMSE, a La Nación (12/07/2026), el complejo recibe unas 18.000 toneladas diarias. Además, la página oficial de dicha entidad sostiene que los residuos provienen de la Ciudad de Buenos Aires, la mayor parte de los partidos del conurbano y algunos partidos del interior bonaerense. A este gigante complejo se le suma la existencia de numerosos puntos de disposición irregular de residuos y basurales a cielo abierto. Sobre estos terrenos de alta contaminación se trazaron calles, se construyeron viviendas y se generaron espacios públicos. Barrios en los que se convive con la basura en sus alrededores, de la cual muchas personas obtienen, incluso, el alimento y la vestimenta.
La contaminación no proviene únicamente de los residuos acumulados en el territorio. «El río Reconquista recorre zonas rurales ya cargadas con agrotóxicos; luego, cuando entra al Gran Buenos Aires, recibe los desechos industriales de gran parte de las fábricas. Entre el basural y el río contaminado, depende cómo sople el viento, el barrio huele muy fuerte. A esto se suma la dificultad de acceder a agua potable. En gran parte de este territorio no hay manera de cavar un pozo y extraer agua porque están todas las napas contaminadas», explica la antropóloga Natalia Gavazzo, investigadora de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM) y directora del proyecto Migrantas en Reconquista.
Este escenario ambiental tiene consecuencias directas sobre las poblaciones que habitan a su alrededor, cuya vida cotidiana convive con una multiplicidad permanente de riesgos sanitarios y ambientales.
Migrantas en Reconquista: una propuesta articuladora para la transformación social
Migrantas en Reconquista surge como una iniciativa de investigación y acción participativa para abordar las intersecciones entre migración, género y cambio climático en el Área Reconquista. Con el impulso de la UNSAM, el proyecto obtuvo financiamiento en 2019 a través de un programa sobre cambio climático, género y migración del International Development Research Centre (IDRC), un organismo de cooperación del Gobierno de Canadá.
Este apoyo, que duró tres años, permitió trabajar de manera interdisciplinaria y articulada con el territorio bajo la premisa de que «el conocimiento social merece ser aprovechado para transformar las desigualdades y contribuir a las luchas territoriales», como afirma Natalia Gavazzo. Desde esta perspectiva, la investigación no se limita a observar las problemáticas, sino que busca producir conocimiento junto con las personas y organizaciones que las enfrentan.
En el Área Reconquista la basura no es solamente aquello que se acumula en los márgenes del barrio, sino que también atraviesa las condiciones de vida y las formas de organización comunitaria que asumen la resolución de los problemas socioambientales del territorio. El cuidado aparece como una categoría que articula y organiza la vida de las mujeres migrantes que habitan en la zona. Porque cuidar significa también organizarse frente a aquello que contamina.
Según plantea Gavazzo, las mujeres trabajadoras migrantes, expulsadas de sus lugares de origen por la degradación de los ecosistemas rurales, fueron quienes encontraron formas de cuidarse de la contaminación del Área Reconquista, atravesadas también por la pobreza, la xenofobia, el racismo y la violencia de género. Son las estrategias de adaptación colectiva sobre las que el proyecto «Migrantas en Reconquista» se monta, con el objetivo de fortalecer el liderazgo comunitario frente a las problemáticas socioambientales que atraviesan sus habitantes.
Los cuatro frentes de trabajo: un diálogo directo entre Estado, academia y territorio
La intervención de «Migrantas en Reconquista» se organizó en cuatro frentes que articulan investigación, alianzas estratégicas, educación y comunicación. En primer lugar, se produjo información sobre el Área Reconquista de manera colaborativa con las mujeres del barrio, ante la falta de datos públicos y oficiales que dieran cuenta de las condiciones de vida de sus habitantes. «Trabajamos con cartógrafos, arquitectos, bioquímicos, biólogos e investigadores de las ciencias sociales para producir información sobre infraestructura urbana, acceso a servicios y transporte, calidad del aire y del agua, así como también sobre los problemas sociales, ambientales y sanitarios que atraviesan a la población», explica Gavazzo.
El segundo objetivo del proyecto se orientó a fortalecer las redes institucionales y establecer puentes con el Estado y otros organismos, de modo tal que el territorio pueda ampliar su red de influencia hacia otros espacios estratégicos y de toma de decisiones. En tercer y cuarto lugar, se promovieron procesos educativos dialógicos que valorizan los saberes tradicionales y las lealtades comunitarias del barrio, y se desarrollaron herramientas artísticas para la comunicación y concientización social. «Tanto la educación como el arte son herramientas de transformación», asegura Gavazzo.
El carácter anfibio de Migrantas implicó producir conocimiento desde la academia, pero principalmente anclado a las prácticas territoriales situadas. Se realizaron talleres, actividades y piezas comunicacionales como libros autoeditados, un documental y un podcast sobre las intersecciones entre la migración, el cambio climático y las prácticas de cuidado que nuclean a las mujeres protagonistas del barrio. Se destaca también la elaboración de un mapa participativo con la colaboración de Iconoclasistas, que tuvo en cuenta las consecuencias de la degradación ambiental del Área Reconquista desde una mirada centrada en las redes y estrategias de organización comunitaria que emplean las mujeres migrantes para lidiar con esa realidad.
El proyecto cerró con una Diplomatura de Género, Ambiente y Territorio en la UNSAM donde se mostraron los resultados de la investigación y de los debates junto a las propias mujeres del barrio. Una política central fue que nadie trabajase gratis. «Eso que llaman amor es trabajo y no solo se aplica al trabajo doméstico sino también al trabajo comunitario o de investigación. Muchas veces la academia puede ser sumamente extractivista y se lleva la información y los salarios también. Por eso nosotras becamos a nuestras compañeras y nos amoldamos a los horarios de cuidado de sus hijos», remarcó Gavazzo.

El cuidado como nexo entre migración, género y cambio climático
Las prácticas de cuidado que recupera Migrantas en Reconquista forman parte de una trama de organizaciones que sostienen la vida en el Área Reconquista, donde el cuidado ambiental se expresa en acciones orientadas a proteger la salud y mejorar las condiciones laborales, habitacionales y de vida de la población. Comedores, jardines comunitarios, cooperativas y espacios de acompañamiento se constituyen como respuestas colectivas frente a la falta de servicios, la contaminación y las distintas formas de desigualdad que atraviesan el territorio. «El cuidado es una categoría que resume bastante bien el rol de las mujeres como principales afectadas y como principales cuidadoras y defensoras», asegura Gavazzo.
Una de las primeras organizaciones de mujeres es La Colmena, que en el barrio Villa Hidalgo creó el primer jardín comunitario atendido por sus propias madres. En el barrio Sarmiento, el Merendero Los Amigxs comenzó como un merendero ubicado junto a una montaña de residuos. «Empezó como un merendero con la copita de leche al lado de la montaña de residuos, que poco a poco fueron saneando. Hoy también es un jardín comunitario y un espacio de encuentro en el barrio», relata Gavazzo.
El cuidado también se vincula con los saberes tradicionales y la defensa del ambiente. Las mujeres migrantes no solo curan con plantas en un lugar en donde no hay suficientes salitas de salud, sino que además limpian el río contaminado por los desechos. Hay actores muy importantes dentro del barrio que se ocupan de todas las dolencias y enfermedades que surgen de la contaminación de napas, la falta de acceso a agua potable, las inundaciones y la quema de basura.
Kuña Guapa es otra organización que se ubica en el barrio de Costa Esperanza. Allí, sus integrantes, que son en su mayoría jóvenes paraguayas, trabajan por los derechos de las mujeres, acompañan situaciones de violencia y atienden cuestiones vinculadas a la salud sexual y reproductiva. Su articulación con un comedor comunitario y una cooperativa de limpieza del río muestra cómo las distintas dimensiones del cuidado pueden entrelazarse en las prácticas organizativas.
Las experiencias del Área Reconquista demuestran que el cuidado no se reduce al ámbito doméstico ni constituye una tarea individual. Se expresa en la organización de los alimentos, la atención de las infancias, el acompañamiento frente a las violencias, la recuperación de los espacios comunes y la defensa de un ambiente habitable. En un territorio atravesado por desigualdades ambientales y sociales, estas prácticas funcionan como herramientas de participación y transformación colectiva.
Son las redes migrantes que urbanizaron esta parte de la cuenca las que permitieron garantizar la sustentabilidad de la vida, a partir de sus saberes tradicionales y la construcción de organizaciones comunitarias lideradas, sobre todo, por mujeres. Las estrategias de cuidado aparecen como una de las principales formas de respuesta para resolver en lo inmediato las consecuencias que tiene vivir en un territorio contaminado.
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Es licenciada en Ciencias de la Comunicación y estudiante de la Maestría en Periodismo Narrativo (UNSAM). Especialista en comunicación institucional, atención al público y producción de contenidos creativos.
