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Faiza Ali, una neoyorquina de toda la vida e hija de inmigrantes, busca generar confianza en el proceso de reestructuración de la asediada oficina de asuntos migratorios de la ciudad.


(Por Eileen Grench y Julia Malleck para Documented NY) — De alguna manera, Faiza Ali se ha estado preparando toda su vida para el cargo de comisionada de la Oficina de Asuntos Migratorios del Alcalde (MOIA, por sus siglas en inglés).

Neoyorquina de nacimiento e hija de inmigrantes pakistaníes, Ali y sus cuatro hermanos fueron criados por su padre, quien tuvo un empleo sindicalizado como ascensorista, y su madre, una costurera. La familia abría regularmente las puertas de su hogar, compartiendo su pequeño departamento en Brooklyn con personas migrantes recién llegadas a los Estados Unidos.

Ali dedicó años al activismo como organizadora comunitaria y lideró con éxito la campaña para incluir dos festividades musulmanas en el calendario académico de la ciudad de Nueva York. Antes de su nombramiento hace seis semanas, se desempeñó como la primera subdirectora de participación comunitaria del Concejo Municipal.

Sin embargo, Ali asume el mando de MOIA —una oficina con 25 años de antigüedad— en un momento especialmente convulso y de alto riesgo para los inmigrantes neoyorquinos.

La implacable campaña de deportaciones masivas de Donald Trump ha dado lugar a operativos federales en barrios enteros, redadas militarizadas y arrestos violentos de inmigrantes neoyorquinos que asistían a audiencias en tribunales de inmigración. Los arrestos en las calles y juzgados aumentaron un 212 % en los primeros seis meses de la segunda administración de Trump, en comparación con los últimos seis meses del demócrata Joe Biden, según informes de Documented.

Ali también asume el cargo tras una administración y un predecesor —el exalcalde Eric Adams y el exdirector de MOIA, Manuel Castro— que fueron criticados por dar marcha atrás en sus compromisos con las personas migrantes en un momento de necesidad crítica.

En una entrevista con Documented, Ali se mostró consciente de la urgencia y los retos que le esperan a su oficina: la necesidad de defender las leyes santuario de la ciudad y brindar un apoyo rápido y confiable a las comunidades inmigrantes bajo amenaza.

«Lo que es realmente importante para mí es asegurar que otras familias de migrantes tengan el mismo acceso a la estabilidad y a las oportunidades que hicieron posible la historia de mi familia», afirmó.

La Entrevista

Esta entrevista ha sido editada y condensada para mayor claridad.

Eileen Grench: ¿Podría explicarle a un inmigrante neoyorquino que nunca ha oído hablar de MOIA qué papel debería desempeñar la oficina en su vida cotidiana?

Faiza Ali: MOIA es una oficina dedicada a proteger y empoderar a las personas migrantes de New York. Lo hacemos asegurándonos de que los inmigrantes de toda la ciudad, sin importar su estatus, cuánto tiempo lleven aquí o de dónde vengan, tengan acceso a información que sabemos que los protege, como sus derechos y cómo acceder a los servicios básicos de la ciudad. Ser inmigrante en Nueva York no debería impedirte acceder a los servicios municipales que refuerzan y defienden la dignidad individual, y que además aportan estabilidad a sus vidas. En mi opinión, MOIA está diseñada tanto para proteger como para empoderar a los inmigrantes en toda la ciudad de Nueva York.

Cuéntenos un poco sobre usted.

—Llego a este trabajo como organizadora comunitaria. Sigo considerándome una organizadora tras todos estos años trabajando dentro del gobierno, porque creo firmemente que, si queremos generar cambios, estos empiezan con las bases de la organización. Un principio que he mantenido y que me ha permitido sobrevivir en el gobierno es que el poder reside en las relaciones. Para mí, las relaciones son los pilares de la comunidad; esos son los valores con los que llegué al gobierno y los que me han mantenido en este trabajo.

Retrato de la comisionada de MOIA, Faiza N. Ali | Foto: cortesía de la Oficina del Alcalde de la Ciudad de Nueva York.

Soy hija de inmigrantes. Mi familia es de Azad Cachemira, en Pakistán. También soy de Brooklyn, y con mucho orgullo. Mi familia ayudó a forjar mi identidad como activista y como alguien a quien le importa el servicio público. Mi padre llegó aquí a finales de los años 60 y mi madre a principios de los 70, después de casarse con él. Cuando mi padre llegó, empezó trabajando como lavaplatos; fue algo breve. Luego pasó a trabajar en una fábrica de tejidos. En el lugar de donde viene mi familia en Pakistán se dedican a la industria textil, así que las telas y la ropa son una parte importante de quiénes somos y de nuestro trabajo. Trabajó poco tiempo en la fábrica, pero finalmente consiguió un buen empleo sindicalizado como ascensorista, y de ese trabajo se jubiló. Comparto esto con mucho orgullo.

Personas como mi padre impulsaron esta ciudad. Mi madre —que como en la mayoría de las familias inmigrantes, nuestras madres son nuestras superheroínas— crió a cinco hijos que fueron a la escuela pública. Trabajaba desde casa como costurera y vendía shalwar kameez (ropa tradicional) en la comunidad.

Crecí en una casa de dos habitaciones con alquiler estabilizado, y mi madre solía abrir nuestro departamento a otras familias que llegaban al país por primera vez. Se quedaban con nosotros desde tres días hasta tres semanas. Todos nos amontonábamos en una habitación y la familia invitada dormía en la otra. Estoy muy orgullosa de los valores de comunidad que mi familia nos inculcó. Ahí aprendí lo que significa la comunidad. Suelo decir que mi madre fue la primera organizadora en mi vida porque unía a la gente; ella entendía que, para cambiar nuestras condiciones, teníamos que hacerlo en comunidad y juntos. Nada de esto habría sido posible en otro lugar que no fuera la ciudad de Nueva York.

Esta ciudad se consustanció con mi familia. Por eso, para mí es fundamental asegurar que otras familias inmigrantes tengan el mismo acceso a la estabilidad y a las oportunidades que permitieron la historia de mi familia.

¿Qué espera lograr en este cargo que no pudo como activista o en su rol en el Concejo Municipal? ¿Qué lecciones políticas ha aprendido que planea aplicar aquí?

—Empecé organizando principalmente a la comunidad musulmana en temas de vigilancia policial e inmigración. Si realmente queremos cambiar algo, se necesita a las masas y se necesita organización. Hice ese trabajo y también exploré la perspectiva política. Mucha de mi labor fue en organizaciones sin fines de lucro, enfocada en la participación cívica no partidista, pero hubo un momento en que pensé: «¿Cómo construimos poder real? ¿Cómo es la organización política?». Eso me llevó a trabajar con otros activistas que también estaban frustrados porque chocábamos contra una pared. ¿Cómo superamos eso?

Eso me trajo al gobierno en 2014. Pensé que solo estaría aquí dos o tres años. Recuerdo que un amigo organizador me llamó después de las elecciones, cuando se eligió a un nuevo presidente del Concejo, y me dijo que buscaban a organizadores; que era nuestro momento de entrar y organizar desde dentro del gobierno.

Me tomó unas dos semanas en mi puesto de enlace comunitario darme cuenta de que, en realidad, no se puede «organizar» al gobierno. Empecé a entender que era algo sumamente difícil. Pero lo que sí aprendí es que, sin importar dónde estés, ya sea dentro o fuera del gobierno, siempre puedes organizar a las personas. Creo que eso es lo que me ha mantenido en el servicio público: encontrar a individuos que comparten tus valores, que tienen la misma visión de que todos en Nueva York merecen ser protegidos y tratados con dignidad y respeto.

Creo que la combinación de mi historia como organizadora y mi trayectoria en el servicio público me ha preparado para trasladar esos valores a mi rol actual como comisionada de MOIA. Tenemos un alcalde que no teme decir que somos una ciudad santuario. Creo que eso es una mejora respecto a la administración anterior. Tenemos un alcalde que, al ser él mismo un inmigrante, entiende los problemas que enfrentan los neoyorquinos de manera muy íntima. Contar con el apoyo real del alcalde para MOIA nos brinda una oportunidad tremenda para ofrecer servicios.

¿Qué puede hacer la administración en su conjunto para mejorar la vida de los inmigrantes que no se haya hecho ya?

—Creo que lo que ha cambiado, lo que hace que este momento sea mucho más urgente para MOIA, son los desafíos actuales. Estamos viendo un aumento en la aplicación de las leyes migratorias y niveles de miedo sin precedentes en las comunidades. No es solo un discurso decir que las familias temen enviar a sus hijos a la escuela o ir a trabajar; son experiencias de vida reales que subrayan la urgencia de ser más audaces.

Antes mencioné que Nueva York tiene algunas de las leyes santuario y protecciones más sólidas del país. Pero, ¿cómo las estamos aplicando? ¿Cómo las defendemos? Esas son las cosas que ahora tienen la mayor importancia, dada la gravedad de la realidad para los inmigrantes neoyorquinos. Este momento exige dar vida y poner en acción las promesas que hicimos en el pasado para proteger a la comunidad inmigrante de Nueva York.

¿Se refiere a los esfuerzos para auditar a las agencias y reforzar las leyes de privacidad de datos?

—Creo que lo que hizo la Orden Ejecutiva 13 fue crear una medida de rendición de cuentas. Sí, parte de ello es que las agencias deben realizar estas auditorías, pero también deben hacer públicos sus planes sobre cómo van a capacitar a su personal y cómo se van a hacer responsables. Creo que ese es el paso más profundo que no habíamos visto en el pasado.

¿Cuál es el mayor desafío que enfrenta actualmente en este nuevo cargo?

—Diría que es asegurar que MOIA tenga tanto la visión como la capacidad para estar a la altura de este momento. Mucho de eso ha requerido dar un paso atrás para evaluar nuestra propia infraestructura interna. Gran parte de nuestro trabajo es posible gracias a la colaboración con organizaciones comunitarias y proveedores de servicios. Al evaluar eso, hemos tenido que hacer un inventario de lo que tenemos actualmente. Eso ha presentado sus propios retos porque lo hacemos mientras estamos en medio de lo que considero tiempos sin precedentes. Es un equilibrio entre retroceder para evaluar si somos eficaces e impactantes —porque esa evaluación es crítica— y, al mismo tiempo, responder a las necesidades urgentes en el terreno. Equilibrar ambas cosas ha sido un desafío.

Hay barrios en la ciudad que se han visto más afectados por los arrestos de ICE en la vía pública, como Corona y Sunset Park. ¿Existe un plan para ofrecer apoyo especializado, servicios y financiamiento a estos sectores?

—Hemos hecho y esperamos seguir haciendo dos cosas.

Por un lado, contamos con proveedores de servicios legales. Tenemos centros de apoyo legal de MOIA ubicados en muchas de estas comunidades que brindan asesoría legal y manejo de casos. También ofrecen otros servicios integrales, y creo que es fundamental potenciar eso.

Asimismo, estamos realizando evaluaciones constantes para saber dónde hay mayor necesidad. Dado que los recursos son limitados, ¿deberíamos reevaluar a dónde van esos recursos? ¿Necesitamos más en manejo de casos, en respuesta rápida o en acceso lingüístico? Algo notable que he aprendido es la red de apoyo que existe en Nueva York, tanto de proveedores legales como de organizaciones comunitarias. Están operando al máximo de su capacidad, incluso por encima de ella, pero esa red existe.

Veo el papel de MOIA como un soporte para todas estas redes. ¿Cómo las conectamos para maximizar la capacidad limitada que tenemos? Veo a MOIA no solo como un defensor, sino como un ente que convoca y articula todos estos esfuerzos.

¿Existe algún plan para que MOIA coordine la defensa legal de los neoyorquinos que han sido detenidos y trasladados fuera del área de la ciudad de Nueva York?

—Actualmente tenemos el Colaborativo Legal de Respuesta Rápida. Son proveedores que realizan este trabajo y colaboramos estrechamente brindándoles el apoyo que necesitan. También tenemos la línea directa de apoyo legal de MOIA que opera Caridades Católicas (Catholic Charities). Recientemente, debido a las necesidades de respuesta rápida y a que estamos recibiendo reportes de posibles operativos de ICE en las calles o de personas detenidas durante citas de control, hemos asignado personal dedicado exclusivamente a la respuesta rápida dentro de esa línea directa.

Estamos trabajando con Caridades Católicas para fortalecer ese servicio. Hay varias opciones que estamos explorando, pero en términos de la capacidad que tenemos ahora, contamos con el colaborativo de respuesta rápida y la línea directa de inmigración.

Me gustaría saber sobre el progreso del comité de respuesta interagencial. Al principio de la entrevista, dijo que uno de sus roles es hacer que las agencias rindan cuentas por seguir la ley santuario. ¿Cuáles son los próximos pasos en su rol dentro de ese comité?

—Estamos desempeñando un papel de liderazgo en este comité, trabajando estrechamente con el primer vicealcalde, su asesor principal y el asesor jurídico principal. Ya hemos comenzado a reunirnos con defensores; una de nuestras primeras reuniones fue con la comunidad de proveedores de servicios legales para entender sus necesidades, lo que ven en el terreno y cómo eso impactará nuestra planificación sobre qué hacer en caso de que aumente la aplicación de las leyes migratorias.

Sabemos que las agencias debían cumplir con plazos importantes. Tenían que designar a un oficial de privacidad; esos requisitos ya se cumplieron. Actualmente, las agencias están realizando sus auditorías. Tienen hasta el 7 de mayo para presentarlas y, a partir de ahí, evaluaremos los informes y nos aseguraremos de hacer públicos los resultados.

Un miembro de la comunidad china mencionó a uno de nuestros reporteros que le preocupa que su estatus migratorio quede expuesto al buscar ayuda, por ejemplo, si es víctima de explotación laboral o discriminación de vivienda. ¿Cómo garantizará MOIA que las personas que buscan ayuda estén protegidas y seguras? ¿Qué tan preocupados deberían estar los neoyorquinos en esa situación en este momento?

—Nos sentimos seguros de que los ciudadanos pueden acercarse a nuestras agencias y que su información se mantendrá segura. Como he dicho, tenemos algunas de las protecciones de santuario más sólidas, que incluyen la protección de datos personales. En la mayoría de los casos, no habrá intercambio de información con las fuerzas del orden federales, por lo que deben tener la tranquilidad de que su información estará a salvo.

Algo que esperamos obtener de estas auditorías es entender cómo las agencias manejan la información. Parte de lo que se hará público es cómo son esas políticas. Nuestro trabajo es alentar a las personas a buscar servicios y queremos que sepan que su información se guarda de forma segura; eso también se compartirá a través de la propia auditoría.


Artículo original publicado en Documented: Q&A: How Mamdani’s New Head of Immigrant Affairs Plans to Meet the Moment

Imagen de portada: Faiza Ali, actual comisionada de la Oficina de Asuntos de Inmigrantes de la Alcaldía, aparece hablando en una conferencia de prensa de 2010 organizada por la Coalición de Vecinos de Nueva York por los Valores Estadounidenses | Foto: AP/Bebeto Matthews


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