Alejandro Kim y Gustavo Morón, abogados y referentes de las comunidades coreana y boliviana de Buenos Aires, dialogaron sobre estigmatización, militancia, identidad y el peso electoral de los migrantes en la Ciudad. Hablaron de sus trayectorias de vida y de la actual coyuntura que atraviesa la Argentina. La entrevista completa ya se encuentra disponible en YouTube.
Refugio Latinoamericano estrenó la primera entrega de su ciclo de entrevistas 2026, grabada en Casa Yerbal, el espacio comunitario, cultural y educativo de Villa Luro (Yerbal 4811, Ciudad de Buenos Aires). Conducida por Silvina Molina y Maximiliano Mendoza, la conversación reunió a dos abogados y dirigentes que llevan años trabajando en la defensa de sus comunidades: Alejandro Kim, dirigente político del peronismo porteño, hijo de inmigrantes coreanos y exvicepresidente de la Asociación Coreana en Argentina, y Gustavo Morón, abogado, referente de la comunidad boliviana y «quechua nacido en Buenos Aires», como él mismo se define. El resultado fue el de una charla tan honesta como urgente.
Uno de los ejes centrales de la entrevista fue el análisis del clima político actual. Kim y Morón coincidieron en que el gobierno argentino está utilizando a las personas migrantes como «chivos expiatorios» frente a la crisis económica, en un proceso de securitización que acompaña el avance de las derechas en toda la región.
Kim no dudó en calificar al gobierno actual como un «accidente de la historia argentina» y advirtió: «Se quieren copiar de un modelo que está siendo muy repudiado en los Estados Unidos. Cada vez que veo eso se me pone la piel de gallina por una cuestión clara de hacia dónde nos quieren llevar. La historia ya nos ha demostrado, con pérdidas de millones de vidas humanas 80 y pico de años atrás, que eso no termina bien».
Morón fue igual de contundente sobre los operativos televisados: «Lo que fue en Liniers fue terrible. También en Lomas de Zamora. Realmente es para la tribuna». Y aportó el dato concreto que desnuda el dispositivo: en uno de los operativos de Villa Celina se desplegaron más de 1.000 efectivos para encontrar 15 personas en situación migratoria irregular sobre 500 inspeccionadas. «Tener falta administrativa no es delito. El delito se combate de otra manera, no se combate haciendo estas cosas».
Ambos alertaron sobre las recientes modificaciones a la ley de migraciones, que mediante decreto facilitan la expulsión por faltas menores —incluso por una probation o un choque de autos con lesiones leves— y profundizan la vulnerabilidad de las colectividades. «Ahora toda la gente quiere sacar la ciudadanía argentina porque tiene temor», describió Morón.
Del paralelo surcoreano a Peter Thiel: cuando la historia avisa
En uno de los momentos más reveladores de la conversación, Kim trazó un paralelo poco frecuente en el debate público argentino: lo que pasó hace menos de dos años en Corea del Sur. Allí, el expresidente Yoon Suk Yeol decretó el estado de sitio, intentó cerrar el Congreso y los medios acusándolos de favorecer al «comunismo», y terminó destituido y condenado. «Es un mensaje, si nos están viendo. Están jugando con fuego y están vulnerando nuestras normas constitucionales. Vinieron a romper esto buscando un chivo expiatorio. Hasta hace un par de semanas la culpa la tenían los migrantes bolivianos. Ahora la tienen los periodistas. Mañana, ¿quién va a ser? El pueblo argentino».
La entrevista también abordó algo que pocos están conectando en el debate público local: la presencia de Peter Thiel en Argentina y el rol de Palantir —su empresa de tecnología de vigilancia, proveedora del ICE en la persecución de migrantes en Estados Unidos—. Mendoza planteó la hipótesis del «tubo de ensayo» libertario en el que se buscaría reemplazar el cuerpo normativo de los Estados y los tratados internacionales por el «nuevo orden» de las corporaciones tecnológicas. Morón asintió: «Lo quieren aplicar a nosotros como tubo de ensayo».
Dos historias de vida que vale la pena conocer
Más allá del análisis político, la entrevista tuvo un corazón profundamente personal. Cada uno contó cómo llegó al activismo, y las historias sorprenden.
Alejandro Kim relató su trabajo como referente comunitario: en 2009 logró que el gobierno porteño permitiera a los migrantes surcoreanos rendir el examen de conducir en su idioma nativo —antes eran reprobados en la evaluación psicológica simplemente por no comprender el español, pese a que las normas de tránsito son universales—. Fue, recordó, «el primer idioma extranjero que se aplicó en la Argentina. Después vino el inglés, el chino, el portugués, el francés». Años más tarde, gestionó con la Dirección Nacional de Migraciones un programa especial para regularizar la documentación de coreanos mayores que llevaban 30 o 40 años de su vida con un documento que no tenía la culminación del trámite, y en algunos casos eran apócrifos. Una política pública construida desde abajo, «con la gente».
Gustavo Morón, por su parte, contó que nació en la Villa 20 y que su punto de inflexión llegó en sus años universitarios, en 1993, cuando un compañero «corbatudo» preguntó en clase, durante una explicación sobre el Mercosur: «Disculpe, profesor, ¿los bolitas van a votar a mi presidente?». Esa frase, dijo, le hizo «click» en la cabeza: «Los bolitas eran mi familia, mi gente que hablaba en quechua, que challaba, que bailaba cueca». Desde entonces no paró: militancia en asociaciones civiles, acompañamiento a jóvenes, clases de apoyo, actividades culturales, denuncias sistemáticas por discriminación —incluido un caso emblemático contra el club Independiente por cánticos xenófobos— y un trabajo cotidiano de fortalecer la identidad indoamericana.
Morón también fue autocrítico con su propia colectividad: «El 30% de trabajadores en hospitales y clínicas son de origen boliviano, entre bolivianos, hijos y nietos. No es posible que no haya una asociación de enfermeros dedicada a dar ese servicio los fines de semana a su gente. La comunidad peruana lo tiene. Es hora de organizarse».
Un llamado a las urnas (y una propuesta inesperada al aire)
El cierre de la entrevista fue un llamado concreto a la acción. Kim aportó un dato político que merece ser escuchado en voz alta: «En la elección pasada no participaron los migrantes. La gran mayoría no participó. Del padrón electoral de la Ciudad de Buenos Aires, el 20% está conformado por migrantes. Miren el poder que tienen». Y remató con una invitación directa: «Apelen y usen ese poder. Es solamente un ratito el domingo de elección, pero tienen que sufragar a alguien que defienda sus intereses, no que vaya contra ustedes».
Morón complementó con un giro de mirada importante: «Yo no le puedo pedir al migrante que viene de su país, que tiene que criar a sus hijos, que tiene la casa en alquiler, más de lo que está dando. El desafío es para las nuevas generaciones; es esa primera y segunda generación la que se siente identificada con las colectividades». Y adelantó una idea que da que pensar: «No estamos lejos de un partido político de migrantes, compuesto por hijos de migrantes y también por gente argentina».
El mensaje de fondo fue claro: la resistencia individual no alcanza; hace falta organización colectiva. «La organización vence al tiempo», sintetizó Kim. Y, de paso, no desaprovechó la oportunidad para intentar convencer, entre risas, a Morón de que se lance como candidato. «Convencelo, convencelo», le pidió Mendoza. «Tengo que hablar con tu mujer primero», respondió Kim. ¿Aceptará Morón?
Mirá la entrevista completa, aquí
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