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La Feria de Editores (FED) vuelve visible un trabajo que suele quedar fuera de escena. Cada año, cientos de sellos independientes se encuentran en el centro cultural C Art Media (ubicado en la Av. Corrientes 6271, barrio de Chacarita, Ciudad de Buenos Aires), y amplían una red latinoamericana de libros, editores y lectores.  A las voces locales se suman referentes de México, Chile, Brasil, Uruguay, Colombia y España: sus protagonistas cuentan cómo la edición independiente atraviesa fronteras entre tiradas, derechos, impresión, distribución y alianzas, en una forma de activismo cultural que ensancha el territorio latinoamericano.


Buenos Aires ocupa un lugar central en el mapa editorial de la región y cada año la Feria de Editores (FED) convierte esa gravitación cultural en un punto de encuentro para sellos independientes de distintos países. La feria nació en 2013 en FM La Tribu con apenas quince editoriales y en 2026 reúne a más de 330, con proyectos de Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, España, México, Perú y Uruguay. Una expansión que confirma su creciente dimensión regional.

Recogimos en este encuentro los testimonios de editores de México, Chile, Brasil y Uruguay que permiten entrar en la trastienda de los libros que consiguen atravesar las fronteras. Una editorial mexicana encontró una alternativa en la impresión local cuando al trasladar sus libros a otros países resultaba demasiado costoso; desde Chile, un sello publica autores argentinos y trae esos ejemplares a Buenos Aires; y cuando los integrantes de una editorial mexicana no pueden viajar a la FED, una colega de otro sello presenta y vende sus libros. Son estas experiencias singulares las que dejan al descubierto el trabajo que comienza mucho antes de que un ejemplar llegue a una mesa y encuentre nuevos lectores.

Uno de los puestos de la FED | Foto: Rosana Koch

Buenos Aires, una feria que creció hacia la región

El crecimiento fue modificando las dimensiones y las sedes de la FED. En 2016, la galería Central Newbery (CABA) recibió a 80 editoriales argentinas y siete invitadas procedentes de Uruguay, Chile y México. Al año siguiente, instalados en Santos 4040 (CABA), participaron 140 sellos procedentes de ocho países. El traslado a la Ciudad Cultural Konex marcó otro salto en 2018, cuando 250 editoriales convocaron a 11.000 lectores; en 2019 fueron 14.000. La pandemia obligó a cambiar el escenario, aunque la feria siguió en marcha. En agosto de 2020, más de 160 editoriales de Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, México, Perú y Uruguay participaron desde sus países de una edición íntegramente virtual. Durante tres días hubo charlas, talleres y encuentros por streaming. La presencialidad volvió en 2021 y la FED se instaló por primera vez al aire libre, con más de 16.000 visitantes.

En 2026, la decimoquinta edición amplía otra vez la escala y también la propuesta. Durante cuatro días, del 6 al 9 de agosto, más de 330 editoriales ocupan el C Art Media, mientras la programación suma charlas con autores y especialistas, actividades profesionales y encuentros vinculados con los distintos oficios del libro. Por primera vez hubo una Fiesta FED, que prolongó el encuentro fuera del horario de la feria. También continuó el programa internacional de fellows, que acerca a editores extranjeros al mercado argentino mediante reuniones con editoriales, autores, traductores y responsables de derechos, con la posibilidad de generar compras de derechos y coediciones.

La FED también desborda el mapa porteño. Desde Rosario participan sellos como Baltasara, Beatriz Viterbo y Brumana; desde Córdoba, Caballo Negro; Oficina Preambulante, una editorial artesanal, con sede itinerante entre La Plata y Mar del Plata, y muchísimas otras. Editoriales de distintas escalas y procedencias encuentran allí lectores y colegas del país y de América Latina, mientras amplían sus catálogos con voces de la región.

Ese crecimiento conserva una característica que reaparece en las entrevistas. Jacobo Zanella, editor y traductor de Gris Tormenta, México, participa desde 2023 y encuentra en los lectores argentinos uno de los motivos para volver. «Se siente mucho el cariño», señala cuando se refiere a la recepción de sus libros y, después de varios años de participación, afirma que «no hay otra feria parecida en Latinoamérica».

Su comparación inmediata es la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. Zanella la considera la feria más importante del mundo en español, aunque considera que responde a otra lógica, donde la capacidad económica tiene una influencia decisiva. «Si tienes dinero, tienes un stand grande, y si no, no puedes ir», aclara. La FED le parece «mucho más horizontal, más democrática» y valora, especialmente, que los propios editores permanezcan detrás de sus libros y conversen con quienes se acercan a leerlos. En México, este editor reconoce una experiencia más cercana en La Otra Feria, que se realiza en diciembre y en 2026 va a tener su cuarta edición. Según Zanella, reúne alrededor de setenta u ochenta editoriales, ocupa un espacio menor y recibe menos visitantes que la FED, aunque fue creciendo año tras año. Su definición resume aquello que encuentra en ambas experiencias y que considera difícil de reproducir en los grandes encuentros de la industria. «Es el editor pequeño hablando con el lector». La observación de Zanella encuentra un marco en la investigación de la especialista en literatura latinoamericana y mercado editorial Ana Gallego Cuiñas, autora de Cultura literaria y políticas de mercado. Editoriales, ferias y festivales (2022)[1]. En su análisis, Gallego Cuiñas distingue a Guadalajara como una feria global y estudia a la FED junto con La Furia del Libro, de Santiago de Chile, y ANTIFIL, de Lima, Perú, entre las ferias locales. Su clasificación toma en cuenta la escala, las formas de mediación y las relaciones que se producen entre libros, editores, autores y públicos.

La investigadora propone además pensar la edición independiente desde la bibliodiversidad, una perspectiva que desplaza la mirada desde la cantidad de libros hacia las decisiones que construyen los catálogos y amplían los autores, géneros y estéticas que consiguen publicarse y circular. En la FED, esa diversidad adquiere una dimensión regional porque los sellos argentinos conviven con proyectos de otros países y los catálogos ponen en contacto literaturas que no siempre circulan con facilidad entre los mercados latinoamericanos.

En el stand de México, junto a Jacobo Zanella | Foto: Rosana Koch

Lo que cuesta hacer viajar un libro

La distancia entre la voluntad de circulación y sus condiciones materiales aparece con claridad en las entrevistas. Marcelo Montesinos Martínez, editor de La Calabaza del Diablo, Chile, participa de la FED desde hace cuatro años y explica que Buenos Aires es una ciudad muy importante para la edición. Su relación con la Argentina atraviesa además el catálogo, ya que publica autores argentinos en Santiago y trae luego ejemplares para vender en Buenos Aires. La dificultad principal aparece cuando esos libros deben cruzar la frontera. «Son tirajes cortos y hay que pagar como editorial grande», resume Montesinos. La frase pone de manifiesto una desigualdad de escala que perjudica a los sellos independientes, cuyas producciones reducidas deben afrontar costos de circulación que adquieren un peso considerable dentro de sus economías.

Desde México, Zanella encuentra otra estrategia para sortear el mismo obstáculo. «Los libros no suelen viajar bien entre países, es muy caro ese viaje», explica. Cuando un distribuidor solicita pocos ejemplares, Gris Tormenta los envía desde México; si el pedido es mayor, evalúa imprimirlos directamente en el país de destino. De ese modo, la cantidad de libros determina qué alternativa resulta más conveniente y la impresión local permite reducir los costos de traslado y, con ellos, el precio final para el lector. El traslado físico constituye apenas una parte del problema. Zanella señala que los contratos con los autores establecen los territorios donde una editorial puede publicar y distribuir una obra. Llegar a otro país exige comprobar que esos derechos estén disponibles y que no exista allí otro sello que los posea. Costos y derechos territoriales aparecen así como dos de las principales barreras para ampliar la circulación.

La cercanía entre países no facilita necesariamente la circulación. Julia Ortiz, editora responsable de Criatura Editora, Uruguay, describe como «casi imposible» mover libros entre Uruguay y Argentina. Incluso, señala, que en algunos casos puede resultar más barato recibir en Uruguay un libro enviado desde España que desde la Argentina. «Es absurdo que no podamos circular los libros entre los países vecinos», sostiene. Esa dificultad contrasta con el propio trabajo de Criatura, cuyo catálogo incorpora autores de distintos países de América Latina. La circulación regional empieza así dentro de la editorial, cuando una obra cruza una frontera para formar parte de su catálogo.

Martín Fernández Buffoni, responsable de Casa Editorial HUM y Estuario Editora, Uruguay, también ubica a la FED dentro de esa necesidad de encuentro regional. Participa desde 2016 y considera actualmente «ineludible» la presencia de su editorial en la feria. Entre sus principales rasgos destaca la «biodiversidad» de sellos, autores y propuestas que reúne durante esos días. Fernández Buffoni advierte que las culturas latinoamericanas suelen reconocerse como hermanas, aunque sus libros y autores mantienen menos contacto cotidiano del que podría suponerse. Su propia experiencia editorial revela hasta dónde puede llegar esa distancia. Obras de figuras fundamentales de la cultura uruguaya como Ángel Rama, Felisberto Hernández, Marosa di Giorgio y Cristina Peri Rossi llegaron a ser difíciles de conseguir en su propio país. Desde HUM y Estuario asumieron la tarea de volver a poner esos libros en circulación, un trabajo que el editor define con una expresión precisa: «Traerlos de nuevo a casa».

Las redes que ensanchan el mapa

La producción material del libro ocupa un lugar central en el trabajo de Cecilia Arbolave, socia y productora gráfica de Lote 42 Brasil, quien nació en Buenos Aires, pero vive desde hace dieciocho años en São Paulo y participa con la editorial en la FED desde 2017. Su experiencia permite recuperar el componente artesanal de la edición independiente desde el conocimiento técnico que requiere producir un libro. Diseño, materiales, impresión y decisiones gráficas forman parte de un oficio que permanece habitualmente fuera de la mirada del lector.

Para Arbolave, la llegada a Buenos Aires tiene además un sentido regional. «Hay una distancia entre Brasil y Argentina en el mundo literario que es cada vez más chica, y hay cada vez más intercambio», sostiene. Participar de la FED constituye para ella «una forma de hacer más puentes y más comunión». El catálogo de Lote 42 acompaña esa apertura mediante la publicación de autoras de distintos países latinoamericanos. Sin embargo, conseguir que los libros lleguen a otro territorio no resuelve el problema de su permanencia. «La consignación es algo difícil de hacer en Brasil. Entonces, hacerlo a la distancia es aún más difícil», explica Arbolave cuando se refiere a la distribución.

Las redes entre editores intentan cubrir algunas de esas distancias. Sofía Elena Fontana, integrante de Madre Selva Editorial, representa durante la FED a Utópicos, México, cuyos editores no pudieron viajar este año a Buenos Aires. Fontana se hizo cargo de presentar y vender sus publicaciones, en una colaboración favorecida por las afinidades feministas, anticolonialistas y antirracistas entre ambos proyectos. «Ahí ya hay una gran red», concluye.

La relación entre desplazamiento y edición adquiere otra profundidad en Ediciones Equidistancias. Su editor, Andrés Tacsir, vivió diecisiete años fuera de la Argentina y su socio también reside en el exterior, ambos en Inglaterra. El proyecto trabaja especialmente sobre migración, con escritores que viven lejos de sus lugares de origen y parte de una experiencia que la tecnología no consigue resolver por completo. «Cuando uno está afuera, los lazos se van haciendo cada vez más tenues», explica Tacsir. Publicar a distancia puede resultar técnicamente sencillo, aunque permanecer dentro de las conversaciones culturales del país que se dejó atrás supone otra dificultad. Con el tiempo pueden debilitarse los vínculos con lectores, librerías, críticos y editores. Equidistancias trabaja precisamente sobre esa separación. «Queremos dar una mano a los escritores que están afuera para que puedan ser leídos en el lugar del que provienen».

Una ley para que los libros sigan llegando

La FED 2026 encontró al sector editorial argentino en alerta ante la iniciativa oficial para derogar la Ley 25.542 de Defensa de la Actividad Librera. A la fecha, la propuesta forma parte de un anteproyecto elaborado por el Ministerio de Desregulación y Transformación del Estado y todavía no ingresó formalmente al Congreso. La Ley, por lo tanto, continúa vigente. Sancionada en 2001 y publicada en enero de 2002, la Ley 25.542 establece que cada editor, importador o representante debe fijar un precio uniforme de venta al público para los libros que edita o importa. De esta manera, el precio de un mismo título no queda librado a la decisión de cada punto de venta. 

Las entrevistas realizadas en la FED suman al debate argentino las experiencias de otros países de la región. Desde México, Jacobo Zanella comparó la situación con la ley de precio único vigente en su país que, según explica, no tiene una aplicación efectiva. «Desaparecen las librerías pequeñas, por decir lo menos», afirmó. Y avanza sobre las consecuencias que observa en el mercado mexicano: «Es una forma que permite la generación de mafias entre grandes grupos de todo tipo, editoriales, libreros, distribuidores, etcétera, y que menosprecia a los pequeños grupos, ya sean editores, libreros o distribuidores». Desde esa experiencia, su posición frente al debate argentino es terminante: «Ustedes, que la tienen, tienen que hacer lo imposible por mantenerla». En Uruguay, el movimiento va en sentido contrario. Martín Fernández Buffoni explicó que el sector editorial trabaja para impulsar una legislación semejante a la argentina y que los argumentos utilizados aquí para defenderla sirven para fundamentar el proyecto ante los representantes políticos uruguayos. Desde Brasil, Cecilia Arbolave definió la norma argentina como «fundamental para el ecosistema y para el libro» y expresó un deseo que resume la mirada regional: «Ojalá que Argentina siga siendo ese ejemplo».

Stand de Brasil. Entrevistada: Cecilia Arbolave | Foto: Rosana Koch

Las entrevistas recogidas en la FED muestran que esa circulación se sostiene en redes capaces de sortear límites que todavía pesan demasiado sobre los libros. Quizás resida allí una de las claves de una feria que no ha dejado de crecer y que Zanella resume con precisión estratégica: «Es el editor pequeño hablando con el lector».

En ese encuentro, sostenido por muchas manos, los libros siguen encontrando cómo cruzar las fronteras. La imagen es sencilla: un editor detrás de una mesa, un lector del otro lado y un libro que, después de todo su recorrido, finalmente llegó a sus manos.

[1] Gallego Cuiñas, A. (2022). Cultura literaria y políticas de mercado: Editoriales, ferias y festivales. De Gruyter.


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Profesora de Lengua y Literatura, magíster en Literatura Argentina y doctoranda en Literatura y Estudios Críticos por la Universidad Nacional de Rosario y Fonoaudióloga (USAL). Su práctica articula docencia, investigación y escritura crítico-académica. Participa en congresos nacionales e internacionales y publica reseñas y artículos. Su intervención académica se centra en la literatura argentina y latinoamericana contemporáneas, con eje en migraciones, desplazamientos y configuraciones de género.


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