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Abraço Cultural es una institución brasileña centrada en una escuela de idiomas cuyo profesorado lo constituyen personas refugiadas o migrantes en situación de vulnerabilidad. Con sedes en São Paulo y en Río de Janeiro, busca a través de la enseñanza y la cultura la inserción socioeconómica de estas personas. Personas que reflejan una realidad que en el Brasil (en el mundo) no deja de aumentar año tras año. 

En el año 2014, mientras Brasil perdía la semifinal del Mundial por 7-1 frente a Alemania, y Argentina quedaba subcampeón en el Maracaná, se organizaba en la ciudad de São Paulo un evento paralelo de fútbol: la Copa de Refugiados. El campeonato reunió a 16 selecciones nacionales, formadas todas ellas por jugadores refugiados de la ciudad. Como una suerte de disparador sirvió para dar cuenta de la existencia de estas personas, para preguntarse quiénes eran, qué hacían aquí, cómo se insertaban en el mercado de trabajo, o si lograban hacerlo. Así es que se fue pensando e ingeniando la idea de un proyecto de escuela de idiomas donde estas personas conformaran el profesorado. En 2015 Abraço Cultural se hizo realidad. Desde entonces Abraço defiende una propuesta de enseñanza de idiomas donde la totalidad de profesores y profesoras son personas en situación de refugio o que están atravesadas por diferentes migraciones vulnerables .  

El espacio, a través de la educación y el aprendizaje, busca transformar las adversidades en oportunidades para la integración social, cultural y económica de estas personas migrantes en el Brasil. Beatriz Toffoli, que desde 2021 lidera y coordina el equipo pedagógico, defiende que se pensó un centro de idiomas porque para Abraço Cultural “al enseñar y aprender un idioma automáticamente estamos enseñando y aprendiendo una cultura, y un tipo de cultura también”. 

Los libros de Abraço Cultural son un material propio y colaborativo. Foto: gentileza. 

El espacio Abraço Cultural se encuentra en el barrio paulistano de Pinheiros, barrio que debe su nombre a la abundancia de pinos Paraná (pinheiros-do-paraná) que existían en la zona. En la actualidad quedó desdibujada esa escena floral y en sus calles crecen los cafés, restaurantes y espacios gourmet, así como los proyectos de edificación que colaboran a la verticalidad ya vertiginosa de esta ciudad. De entre el concreto y un andamio que parece no tener fin resalta un conjunto de pequeñas casas. Una de estas alberga el espacio Abraço Cultural. Un lugar cuyo nombre ya indica su principal vocación: abrazar. Abrazar que quiere decir ceñir con los brazos, abrazar que evoca estrechar entre los brazos en señal de cariño

Desde hace diez años comparten el lugar con otra ONG, Atados, con quienes de hecho trabajaban juntos al comienzo. Nada más entrar, en la planta baja, se vislumbra sobre una pared un gran mapamundi en el que África o América Latina quedan atravesadas por varias chinchetas, cada una de ellas indica los países de origen del profesorado. En los pasillos, en las escaleras que unen los dos pisos de la casa, cuelgan diferentes piezas textiles, detalles y regalos traídos por el equipo de Abraço de distintos puntos del planeta: la huella de Benín, el recuerdo de Marruecos, adornan las paredes. En el segundo piso está la Biblioteca, con cientos de libros totalmente disponibles; también se encuentran las aulas. Cada una responde a un nombre que invoca, de una manera u otra, a un país, está la sala Macondo, también la sala Shaam, o la sala Wakanda, que hace referencia a un lugar ficticio, ubicado en África, conocido por su avanzado desarrollo tecnológico, especialmente en lo que respecta al “vibranio”, un metal inventado. Este es el hogar del superhéroe Pantera Negra. 

Toda la señalética de la casa está indicada en las cuatro lenguas que enseñan: inglés, francés, español y árabe. Cada recoveco queda así impregnado de cierto poliglotismo, atravesado sin duda por la idea de que la diversidad cultural es, ante todo, una fuente de riqueza y sabiduría. 

Una escuela de idiomas con perspectiva decolonial

Algo que diferencia a Abraço Cultural de otros centros de idiomas son los materiales pedagógicos con los que se trabaja. Suponen un desafío porque se trata de un material propio que se va desarrollando y que, como describe Toffoli, “es colaborativo”. Si bien están basados en el marco común europeo, “tienen nuestro toque”, añade. En ese toque, abarcan otros saberes y otros encuadres, tanto investigados y desarrollados por el equipo administrativo y pedagógico de Abraço, como incluyendo la mirada y realidad del profesorado. “La propuesta de Abraço tiene una perspectiva muy decolonial. Las personas que trabajan aquí vienen del Sur Global, y por eso es importante que se sientan representadas en el material didáctico, porque entendemos que es necesario que los profesores y profesoras hablen de ellos y de sus orígenes. En general, por mi experiencia aquí en Brasil, las referencias vienen del Norte Global, entonces cuando se piensa en el francés, la referencia es Francia, pero no son sólo esos países que hablan ese idioma. En Abraço Cultural ninguno de nuestros profesores de francés viene de Francia, vienen todos de África”, reflexiona Toffoli, quien añade, que es un material que cuando pueden, lo van repasando, releyendo, renovando, porque “un material de 2025 no puede ser el mismo material de 2017”. 

Este tipo de enseñanza es algo que influye en el perfil del alumnado. Aunque muchos estudian en Abraço porque necesitan esa lengua para un trabajo, o porque van a vivir en otro país y precisan del idioma, la inmensa mayoría busca otra cosa en este aprendizaje, busca precisamente el conocimiento y el contacto con otras culturas. “Los alumnos desean conocer el francés de Marruecos, o lo que está sucediendo en Siria, quieren aprender el árabe a través de una persona palestina. Entendemos que se da un doble impacto en el sentido de que estamos consiguiendo ingresos para los profesores, pero al mismo tiempo estos profesores atraviesan las vidas de los alumnos”. 

Pieza textil que decora la casa de Abraço Cultural. Ali, profesor de árabe, la trajo de Siria. Foto: Ángela Gancedo Igarza.

Por otro lado, Toffoli destaca que en Brasil la idea de estudiar idiomas siempre estuvo vista o ligada a cierta cuestión de élite, desde Abraço pretenden democratizar esta enseñanza, democratizar la lengua. “Tiene un aspecto político el alumnado, un querer descolonizar el conocimiento. Por supuesto, existen unos objetivos y contenidos de estudio, y todos van a saber qué es un presente de indicativo, o un imperfecto, pero con ese bagaje cultural añadido que acarrea la experiencia, así como las formas y acentos, del profesor o profesora”. 

Esta institución que también cuenta con una sede en Río de Janeiro, registró en estos diez años y entre ambas sedes un total de 15.300 alumnos, en sus formatos presencial y virtual (con la pandemia abrieron esta vía). 

Otro aspecto relevante y diferenciador que seduce tanto a profesores como alumnos son las denominadas Aulas Culturales que forman también parte del programa y que buscan diversificar, mostrar y defender que, ante todo, la cultura es diversidad:

 “En estas clases los profesores y profesoras salen del libro, o conectan esos contenidos de otra manera, proponiendo diferentes intervenciones culturales que tienen que ver con sus orígenes. Hemos tenido desde danza colombiana, a discusiones sobre películas cubanas que aquí no se conocen, clases de cocina de arepas venezolanas, o una charla donde una profesora nos contó sobre el Carnaval en Barranquilla. La idea es contextualizar los aprendizajes y contenidos que se reciben en clase mientras que la enseñanza continúa, por ejemplo, al elaborar una receta se utiliza mucho el imperativo. Valoramos mucho la ruptura de estereotipos, porque al final sabemos muy poco de otros países, y nada más justo que un profesor tenga la oportunidad de poder compartir y mostrar”, explica Toffoli, mientras muestra un cartel en formato A4 pegado sobre un tablero de corcho donde están registradas todas estas actividades: Vestimentas, Tradições, Histórias, Danças, Política, Experiências, Artes, Música, Filmes, Culinária. Y orbitando alrededor de cada palabra se destacan una serie de post-it con comentarios del alumnado, muchos de estos respaldados con el énfasis de varias exclamaciones. 

Una puerta de entrada para el mundo laboral con una formación continua

Para poder entrar a trabajar como profesor o profesora en Abraço, Toffoli indica que no hay ningún tipo de exigencia: “Dependiendo de las demandas de las clases abrimos un proceso de selección a través de nuestras redes sociales y también por medio de asociaciones afines como Cáritas o Adus. En el proceso los solicitantes añaden un cv pero no buscamos que tengan experiencia en el área de la enseñanza, ni tampoco perseguimos un perfil o una experiencia específica. Sí que les pedimos cierta noción del portugués”. 

Además, añade que para poder quedar seleccionados como profesores de Abraço han de realizar una formación obligatoria. Se trata de un curso de unas 25 horas donde se les subvenciona tanto el transporte como la comida. 

Finalizada esta formación muchos pasan, efectivamente, a formar parte del equipo, otros encuentran posibilidades en el camino, o no tienen interés, y otros no entran en ese momento, pero a veces acceden años después. La cuestión formativa es algo que resaltan y valoran en esta institución y por eso cada mes se organiza un encuentro formativo. “Los profesores están siempre aprendiendo, y siempre hay cómo mejorar nuestras prácticas. Tenemos además que saber competir con el resto de escuelas de idiomas, es un mercado muy competitivo”, reconoce Toffoli

En Brasil, las solicitudes de asilo siguen en aumento: crecieron un 10 % entre 2023 y 2024

Abraço Cultural además de un centro de inserción supone una suerte de centro de investigación que va percibiendo los movimientos migratorios que se suceden. También es testigo de esos aumentos que responden a la pluralidad de las nacionalidades. Especialmente en los últimos años se vivenció la llegada de personas de Cuba, Venezuela, también Haití o Siria en la última década, y Bolivia, que en la ciudad de Sao Paulo supone la mayor comunidad extranjera. Un número y una variedad que se percibe en Abraço, se percibe desde luego en la ciudad al caminarla. Desde que arrancaron en 2015, por las aulas de Abraço han pasado profesoras y profesores de 17 nacionalidades: Benín, Camerún, Colombia, Cuba, Egipto, Etiopía, Haití, Ghana, Líbano, Marruecos, Palestina, República Democrática del Congo, Siria, Togo, Uganda, Venezuela y Nigeria.   

Según el informe de Refúgio em Números, publicación anual elaborada por el equipo de investigadores del Observatorio Internacional de Migraciones (OBMigra) en colaboración con la Dirección de Migraciones (DEMIG) de la Secretaría Nacional de Justicia (SENAJUS), entre 2015 y 2024, Brasil recibió un total de 454.165 solicitudes de reconocimiento de la condición de refugiado. El 82 % de los pedidos lo representaron sobre todo personas de Venezuela (266.862), Cuba (52.488), Haití (37.283) y Angola (18.435). Es un porcentaje y número que no deja de aumentar, además. En 2024, respecto de 2023, crecieron alrededor de un 10 % las solicitudes de reconocimiento de refugio. Si en 2023 fueron 58.628 pedidos, en 2024 se recibieron 68.159 solicitudes, encabezadas por Venezuela (27.150), Cuba (22.288) y Angola (3.421).  

Brasil, es innegable, supone uno de los principales lugares de pedido de asilo de la región, con un amplio abanico geográfico que recoge pedidos de países como India, Vietnam, Nepal, Paquistán, Marruecos, Camerún, Somalia, Perú o Líbano. Para Toffoli, que en su día a día investiga y estudia sobre el tema y que es especialista en Memorias Colectivas, Derechos Humanos y Resistencias, existe realmente la posibilidad de acogida en Brasil:

 “Los profesores que aquí tenemos, que muchos son de América Latina, escogen Brasil porque tienen 

esa perspectiva de que es un país que recibe. Todas las personas que llegan a Brasil tienen derechos, por ejemplo, acceso al SUS (Sistema Único de Saúde) o al trabajo; aunque una cosa es la acogida y otra la inserción. ¿Será que esos derechos son efectivos, los consiguen? Ahí es que entra Abraço Cultural. Por otro lado, mientras esperan a que se les conceda la resolución de su solicitud de refugio se les permite permanecer en el país con una residencia provisoria con esos derechos básicos, y existen instituciones que también auxilian ese momento de documentación, como Cáritas. El trámite puede tardar, sí, pero sale, sucede. Hay muchas cosas para criticar pero la ley existe y la posibilidad de acogida es real” . Toffoli menciona, además, el desastre que supone que estas políticas y la continuidad de estos proyectos queden a veces interrumpidos por los cambios de gobierno.

La Ley de Migración 2017 y la lucha por la mejora de los derechos migrantes

En Brasil desde 2017 rige la Ley de Migración de Brasil (Ley N°13.445/2017) que vino a sustituir el antiguo Estatuto de Extranjería. Una Ley que fue sancionada con vetos del que en ese momento era presidente, Michel Temer. Con esta Ley, además de desecharse la palabra “extranjero”, dada su connotación negativa y estigmatizada, se comenzó a adoptar la terminología “migrante”, lo cual invoca sin duda un acierto, y también acarreó algunas mejoras en relación con la acogida, los derechos, así como la regularización y protección. 

La legislación brasileña también reconoce el derecho de los refugiados a solicitar la reunificación familiar, y esto hace que se instauren y se tejan grandes redes. Según comenta  Toffoli: “Por lo que vemos en Abraço, en el momento en que uno encuentra cierta estabilidad, entonces logra traer a otros miembros. Y no sólo se da con familiares, se han creado comunidades muy fuertes aquí, como la venezolana o la libanesa, que es gigantesca. Obviamente que también hay mucha gente que llega sola, pero existe también la acogida desde la existencia de estas comunidades”. 

Si bien la Ley aprobada en 2017 trajo varios avances respecto a los derechos, hay muchas cuestiones por mejorar, sobre todo teniendo en cuenta que el flujo migratorio y las peticiones de asilo, de seguro van a ir creciendo ya que a las ya existentes se van a ir añadiendo nuevas problemáticas. Según Toffoli, es importante entender que todos estos movimientos afectan en Brasil. “No podemos cerrar los ojos a lo que sucede en el mundo, cerrar los ojos y pensar que todos esos conflictos, que lo que pasa en EE.UU. con las políticas de Trump, que eso no va afectar al Brasil porque sería una falacia, los propios números lo demuestran. Y, por ejemplo, lo que está ocurriendo ahora en Palestina, obvio va a reverberar aquí, trae consecuencias”. 

Al preguntar por esas necesidades y mejorías que aún siguen pendientes, Toffoli, admite que son muchas realmente, pero si ella tuviera que resaltar una, esa sería la cuestión de la visibilidad. “Es importante poner el foco en dar visibilidad. Por ejemplo, esta Ley de 2017, ¿cuántas personas la conocen, ¿cuántas se interesan? ¿cuántos políticos? Hay que dar visibilidad a estas personas refugiadas y migrantes, quiénes son, por qué están llegando. Que la sociedad y los gobiernos conozcan esta realidad, que la sociedad decida apoyarlas”. Finalmente añade que el pasado 20 de junio fue el Día Mundial del Refugiado y que en Río de Janeiro se celebró Rio Refugia, el mayor evento de refugiados del país, organizado por Cáritas, Sesc, y Abraço Cultural. Allí se encontró con Gustavo, un colega y fundador de Abraço quien, en un momento de la celebración, entre las músicas, los talleres culinarios y los juegos infantiles, recordó y resaltó: nadie elige ser refugiado..

Imagen de portada: cortesía de Abraço Cultural.


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Es licenciada en Filosofía y Periodismo entre España e Inglaterra. Recuerda que su primer trabajo fue como librera en un pueblo del sur de Madrid. Un año después del 15-M —movimiento en el que participó activamente, como tantos de su generación— decidió dejar España y migrar a Buenos Aires, un lugar que la atraía por su cultura y, sobre todo, su literatura. Lo que pensó como una estadía breve se convirtió en once años de su vida y en una forma de estar en el mundo.
Equipo periodístico |  + notas

Es licenciada en Filosofía y Periodismo entre España e Inglaterra. Recuerda que su primer trabajo fue como librera en un pueblo del sur de Madrid. Un año después del 15-M —movimiento en el que participó activamente, como tantos de su generación— decidió dejar España y migrar a Buenos Aires, un lugar que la atraía por su cultura y, sobre todo, su literatura. Lo que pensó como una estadía breve se convirtió en once años de su vida y en una forma de estar en el mundo.


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