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Estados Unidos realizó un operativo para detener a Nicolás Maduro junto a su esposa en territorio venezolano. Por su parte, el gobierno bolivariano pidió una reunión urgente del Consejo de Seguridad de la ONU, que se reunirá mañana para analizar la situación. Las reacciones internacionales frente a lo que Donald Trump denominó una operación “espectacular”.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, brindó este sábado una conferencia de prensa desde su residencia de Mar-a-Lago, en Florida, en la que confirmó que el Ejército estadounidense ejecutó una operación militar “espectacular” contra Venezuela, denominada “Resolución Absoluta”, y afirmó que Washington gobernará el país hasta que se concrete una “transición política adecuada”.

Donald Trump durante la conferencia de prensa de hoy en su residencia de Mar-a-Lago (Florida) | Captura de pantalla The White House

Trump sostuvo que habrá tropas estadounidenses sobre el terreno para dirigir el país “con paz, de manera justa y con dinero para todos”, y aseguró que no permitirá que el chavismo continúe en el poder. En ese sentido, prometió que hará que “Venezuela vuelva a ser grande de nuevo” y llamó al regreso de la diáspora venezolana, a la que presentó como parte central del proceso de “reconstrucción nacional”.

Durante la conferencia, el mandatario reiteró que Estados Unidos asumirá el control político de Venezuela de manera transitoria y adelantó que ese proceso incluirá la llegada de grandes empresas energéticas norteamericanas. Según explicó, las principales petroleras estadounidenses ingresarían al país con inversiones por miles de millones de dólares, con el objetivo de reconstruir una infraestructura petrolera que “fue robada” por el el régimen chavista y a la que describió como severamente deteriorada. “Haremos que nuestras enormes compañías petroleras, las más grandes del mundo, entren al país, inviertan fuerte, arreglen la infraestructura dañada y empiecen a generar ingresos para Venezuela”, afirmó, antes de agregar que el petróleo producido será comercializado a escala global, incluyendo a Rusia.

En ese sentido, el mandatario estadounidense realizó un llamativo desaire a la dirigente antichavista Corina Machado, sobre quien dijo que “sería muy difícil para ella ser la líder. No tiene el apoyo ni el respeto del país”. “Es una mujer muy agradable, pero no tiene el respeto necesario para ser líder”, agregó.

Asimismo, el presidente hizo una manifiesta reivindicación del injerencismo estadounidense: Trump afirmó que las acciones del gobierno venezolano violaban principios históricos de la política exterior estadounidense y apeló a la Doctrina Monroe, formulada en 1823. Sin embargo, sostuvo que su administración la habría “superado” y anunció de forma informal una versión propia, a la que denominó “Doctrina Don-roe”, presentada como un nuevo marco para la proyección del poder estadounidense en el hemisferio occidental y particularmente en América Latina. En ese sentido, durante la conferencia de prensa, manifestó que “algo deberían hacer con México”.

Consultado por la falta de autorización previa del Congreso estadounidense, Trump defendió la decisión al sostener que una notificación anticipada habría puesto en riesgo la operación por posibles filtraciones. En relación con eventuales reacciones de China o Rusia, minimizó las consecuencias geopolíticas y aseguró que Estados Unidos controlará la producción y venta del petróleo venezolano.

Rodeado por altos funcionarios de su administración, entre ellos el secretario de Estado Marco Rubio y el secretario de Defensa Pete Hegseth, Trump aseguró que Nicolás Maduro será llevado ante la Justicia estadounidense tras lo que calificó como “una de las mayores demostraciones de poder en la historia de Estados Unidos”. Afirmó además que “todas las fuerzas de Venezuela quedaron sin poder”, en parte debido a ataques coordinados sobre el sistema eléctrico.

El presidente estadounidense subrayó que la operación se ejecutó sin bajas propias y advirtió que Washington está preparado para un segundo ataque aún más amplio si fuera necesario, señalando que lo ocurrido con Maduro podría extenderse al resto de la dirigencia chavista.

Minutos antes de la conferencia, Trump difundió en Truth Social la primera imagen de Nicolás Maduro bajo custodia estadounidense. En la fotografía, el mandatario venezolano aparece esposado y con los ojos y oídos cubiertos, a bordo del buque militar USS Iwo Jima, desde donde es trasladado junto a su esposa, Cilia Flores, hacia Nueva York, donde ambos enfrentarían cargos por presunto narcoterrorismo y otros delitos federales.

La imagen de Nicolás Maduro bajo custodia estadounidense difundida por el gobierno de los Estados Unidos

Según testimonios de ciudadanos venezolanos, se presenciaron múltiples explosiones durante la madrugada en Caracas, escucharon el sobrevuelo de aeronaves militares y constataron cortes de energía eléctrica en distintos sectores de la capital. El primer estallido fue registrado alrededor de la 1:50 de la madrugada, hora local. Horas después, muchos ciudadanos reportaron una relativa calma en la ciudad, mientras los medios oficiales de Venezuela llamaban a la población a mantenerse en sus hogares.

Desde Washington, altos funcionarios estadounidenses celebraron públicamente la supuesta captura. El subsecretario de Estado, Christopher Landau, afirmó que Venezuela vive un “nuevo amanecer” y sostuvo que “el tirano se ha ido”. En tanto, la fiscal general Pam Bondi aseguró que Maduro, a quien Estados Unidos acusa de narcotráfico, enfrentará “toda la ira de la justicia estadounidense” en tribunales federales.

El senador estadounidense Mike Lee afirmó, citando al secretario de Estado Marco Rubio, que Estados Unidos no prevé nuevas acciones militares en Venezuela tras la supuesta detención del mandatario.

La respuesta de Venezuela: denuncia de agresión a nivel internacional

El gobierno de la República Bolivariana de Venezuela emitió un extenso comunicado oficial en el que rechazó, repudió y denunció ante la comunidad internacional lo que calificó como una “gravísima agresión militar” de Estados Unidos contra territorio y población venezolana, tanto en zonas civiles como militares de Caracas y en los estados Miranda, Aragua y La Guaira.

Según el texto, el ataque constituye una “violación flagrante” de la Carta de las Naciones Unidas y representa una amenaza directa a la paz y estabilidad de América Latina y el Caribe. El Ejecutivo venezolano sostuvo que el objetivo de la ofensiva sería apoderarse de los recursos estratégicos del país y forzar un “cambio de régimen”.

En ese marco, la administración bolivariana ordenó la implementación de un Decreto de Conmoción Exterior en todo el territorio nacional, dispuso el despliegue del Comando para la Defensa Integral de la Nación y convocó a la movilización popular en “fusión popular–militar–policial”.

La vicepresidenta Delcy Rodríguez exigió a la administración estadounidense una “prueba de vida inmediata” de Maduro y de la primera dama, mientras que el canciller Yván Gil Pinto informó que Venezuela solicitó una reunión urgente del Consejo de Seguridad de la ONU, además de elevar denuncias ante la CELAC y el Movimiento de Países No Alineados.

El ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, calificó el operativo como una “invasión” y llamó a resistir cualquier presencia de tropas extranjeras en el país.

Las reacciones en la región y a nivel internacional

Las reacciones de los gobiernos latinoamericanos e internacionales evidenciaron una fuerte polarización frente al ataque estadounidense. El presidente de Brasil, Luiz Inacio “Lula” Da Silva, calificó como “inaceptables” los bombardeos en territorio venezolano, manifestó que la acción “evoca los peores momentos de injerencia en la política de América Latina y el Caribe” y exhortó a la comunidad internacional a responder enérgicamente. Por su parte, el presidente de Colombia, Gustavo Petro, fue uno de los primeros en pronunciarse y expresó su “profunda preocupación” por las explosiones y la actividad aérea inusual en Venezuela, llamando al diálogo y a la preservación de la paz regional. Petro anunció además que su gobierno reforzó la frontera colombo-venezolana y dispuso medidas preventivas ante una eventual llegada de personas refugiadas.

En la misma línea crítica, el presidente de Chile, Gabriel Boric, condenó las acciones militares de Estados Unidos y reafirmó los principios de la no intervención, la solución pacífica de controversias y la integridad territorial. La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, también rechazó y condenó formalmente la intervención estadounidense por considerarla violatoria del derecho internacional y de la Carta de la ONU, mientras que Cuba, a través de Miguel Díaz-Canel, denunció un “criminal ataque” y reclamó una reacción urgente de la comunidad internacional frente a lo que calificó como terrorismo de Estado.

Desde fuera de la región, Rusia condenó en términos contundentes la ofensiva militar. El Ministerio de Relaciones Exteriores ruso afirmó que Estados Unidos cometió un acto de agresión armada injustificable contra Venezuela, advirtió que la hostilidad ideológica se impuso sobre la diplomacia y señaló que el ataque representa una amenaza grave para la estabilidad de América Latina y del orden internacional.

Por su parte, el Ministerio de Relaciones Exteriores de China manifestó en un comunicado que el país asiático “se encuentra profundamente conmocionado y condena enérgicamente el uso de la fuerza por parte de los EE. UU. contra un país soberano y contra el presidente de una nación. Las acciones de Estados Unidos violan claramente el derecho internacional y las normas básicas de las relaciones internacionales, y violan los propósitos y principios de la Carta de las Naciones Unidas”.

El comunicado oficial del Ministerio de Relaciones Exteriores de China

Por su parte, el Secretario General de las Naciones Unidas, António Guterres, ha manifestado una profunda preocupación ante los recientes acontecimientos, calificándolos como un “precedente peligroso” para la estabilidad global. A través de su portavoz, el diplomático subrayó la urgencia de que todos los actores internacionales garanticen el pleno cumplimiento del derecho internacional y se adhieran estrictamente a los principios establecidos en la Carta de la ONU. Guterres lamentó que las normas jurídicas globales no hayan sido respetadas, reiterando que la integridad del orden internacional depende del compromiso colectivo con la legalidad.

En contraste, en una posición opuesta a la de la mayoría de los gobiernos latinoamericanos, el presidente argentino Javier Milei celebró públicamente la captura de Nicolás Maduro y respaldó la acción militar ordenada por Donald Trump.

Corina Machado sentó su posición pública a través de un comunicado

La dirigente opositora María Corina Machado publicó un comunicado en su cuenta oficial de X (ex Twitter) en el que afirmó que “llegó la hora de la libertad” en Venezuela y dio por iniciado un proceso de transición democrática, tras el anuncio de Estados Unidos sobre la captura y salida del país del presidente Nicolás Maduro.

En el texto, Machado sostuvo que Maduro “enfrenta desde hoy la justicia internacional” y celebró la acción del gobierno estadounidense, a la que presentó como el cumplimiento de la ley ante la negativa del mandatario venezolano a aceptar una salida negociada. La líder opositora reclamó que Edmundo González Urrutia asuma de inmediato como “legítimo Presidente de Venezuela”, lo reconoció como Comandante en Jefe de la Fuerza Armada Nacional y llamó a los militares a acatar esa conducción.

El comunicado incluye un llamado la movilización ciudadana, tanto dentro como fuera del país, y exhorta a la población a mantenerse “organizada, vigilante y activa” hasta concretar la transición. Machado aseguró que en las próximas horas se comunicarán nuevas directivas a través de canales oficiales y cerró su mensaje con una consigna enfática: “Venezuela será libre”. En ese marco, en Argentina, Alianza por Venezuela realizó una concentración en la ciudad de Buenos Aires y comunicó que el Obelisco será iluminado con los colores de la bandera venezolana a partir de las 17:00 horas, como parte de una jornada internacional para exigir “el inicio de la transición a la democracia, tal y como decidimos los venezolanos en las urnas el 28 de julio”.

Delcy Rodríguez, al frente de la transición

En menos de 24. horas, Delcy Rodríguez se convirtió en el centro de la escena política al ser nombrada presidenta interina por el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ). Bajo el argumento de una “ausencia forzosa”, el máximo tribunal —que calificó la detención como un “secuestro” y una “agresión extranjera”— le otorgó la responsabilidad de preservar el orden constitucional. Sin embargo, este nombramiento se produce en un escenario de subordinación inédito: desde Mar-a-Lago, Donald Trump anunció que Estados Unidos “gobernará el país” hasta lograr una transición segura, asegurando que el poder militar venezolano ha sido destruido y que la propia Rodríguez ya mantiene contactos con el secretario de Estado, Marco Rubio, para acatar las directivas de Washington.

La vicepresidenta de Venezuela, Delcy Rodríguez

La figura de Rodríguez enfrenta ahora una dualidad crítica entre su retórica pública y la presión diplomática de la Casa Blanca. Mientras en cadena nacional denunció una “barbarie” y afirmó que “Venezuela no se rinde ni será colonia de nadie”, Trump reveló que Marco Rubio ya está negociando con ella los pasos a seguir. Esta estrategia estadounidense busca evitar que el poder recaiga en líderes opositores sin control territorial, cerrando la puerta a figuras como María Corina Machado y Edmundo González Urrutia, optando por gestionar la crisis directamente con el ala administrativa del chavismo bajo una gobernanza de facto norteamericana.

Hija de un dirigente histórico muerto bajo custodia policial, Rodríguez ha ocupado carteras clave de Economía, Cancillería e Hidrocarburos, consolidando un peso político que hoy la vuelve la interlocutora necesaria para el Pentágono y la CIA. En medio de la máxima tensión institucional, su desafío será navegar entre el mandato del TSJ de “defender la soberanía” y la realidad de una ocupación militar que, según Trump, no busca una alternativa opositora sino una administración controlada desde el exterior para evitar repetir la inestabilidad de años anteriores.


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