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Tras la intervención militar estadounidense en Venezuela y la cuestionada detención de Nicolás Maduro, la diáspora venezolana volvió a ocupar el espacio público en Buenos Aires con movilizaciones de signo opuesto. Mientras miles de migrantes venezolanos celebraron lo que interpretan como el inicio de una transición política en Venezuela, otras concentraciones —integradas por organizaciones sociales, políticas y migrantes latinoamericanos— repudiaron la intervención militar de Estados Unidos y denunciaron un nuevo episodio de injerencia en la región.

Miles de migrantes venezolanos se movilizaron este fin de semana en distintas ciudades del mundo tras la intervención militar de Estados Unidos que derivó en la cuestionada detención de Nicolás Maduro. Mientras en Caracas y en otras ciudades se registraron protestas que exigieron la restitución del mandatario y repudiaron el accionar estadounidense, en numerosas capitales de América Latina, Europa y Estados Unidos predominaron concentraciones de la diáspora venezolana que celebraron la detención de Maduro y expresaron sus expectativas de una transición política en el país caribeño.

En Argentina, los migrantes venezolanos se concentraron este fin de semana frente al Obelisco porteño, en una convocatoria que reunió a una multitud de personas durante ambas jornadas. La movilización, que contó con el apoyo del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y contó con la presencia de la senadora oficialista Patricia Bullrich, se realizó en medio de un clima festivo que combinó música en vivo, cánticos, banderas tricolor y puestos de comida tradicional, en un clima atravesado por la expectativa de un cambio de régimen en el país caribeño.  

En paralelo, en las inmediaciones del barrio porteño de Palermo se registraron movilizaciones de protesta frente a la Embajada de Estados Unidos por la intervención militar en Venezuela. Columnas de organizaciones políticas y sociales marcharon desde Plaza Italia con banderas y consignas contra la intervención estadounidense. “Ni Trump libera, ni Milei es libertad”, “Váyanse al carajo, yankis de mierda” y “Trump, tu droga es el petróleo” fueron algunas de las consignas más reiteradas. En la protesta también participaron migrantes venezolanos y de otros países de América Latina.

En ese contexto, Refugio Latinoamericano se acercó a las manifestaciones en la Ciudad de Buenos Aires para recoger testimonios de migrantes venezolanos que participaron en cada una de las convocatorias y compartieron miradas contrapuestas frente al nuevo escenario político.

El acto de la diáspora venezolana en el centro de Buenos Aires

Con el apoyo del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, el encuentro fue principalmente impulsado por la ONG Alianza por Venezuela, una articulación de organizaciones que acompaña a migrantes venezolanos en la Argentina y en otros países.

Con manifestaciones de apoyo explícito a María Corina Machado y Edmundo González Urrutia para que lideren la transición política, la manifestación contó con varios oradores. Entre ellos se destacó Elisa Trotta, abogada y ex embajadora de Venezuela en la Argentina, quien agradeció el acompañamiento recibido en el país y cuestionó a sectores políticos de la región por su posicionamiento frente a la crisis venezolana. También tomó la palabra el ex preso político Richard Blanco, quien manifestó su respaldo a la dirigente opositora que recientemente fue galardonada con el Premio Nobel  y reivindicó la lucha contra el chavismo-madurismo desde exilio.  

Sol Ángel Torres, migrante venezolana del estado de Bolívar y residente en Argentina desde hace siete años, relató: “Cuando llegué en 2019 la situación ya era muy crítica. Fue la época en que los supermercados no tenían comida, no había nada. Yo me acababa de jubilar, el sueldo no me alcanzaba. Ya tenía dos hijos viviendo acá y uno en Perú, y por eso me vine. La gente no cree, pero un jubilado en mi país cobra 1 dólar al mes. Entonces somos ricos, sí; tenemos petróleo, tenemos oro, tenemos todo lo que quieras, pero somos pobres.”

Por su parte, Hugo y su esposa María Guadalupe, provenientes de Maracaibo, llevan seis años viviendo en Argentina junto a sus hijos. “Lamentablemente tuvimos que migrar a nuestra edad por toda la situación que hemos estado viviendo en Venezuela: una dictadura feroz, con graves problemas en los servicios, en todos los aspectos y en la libertad de expresión”, manifestó. Pero destacó la hospitalidad que recibió en el país: “Gracias a Dios, Argentina nos abrió las puertas. Hoy estamos libres y muy contentos, porque sentimos que se dio un paso importante con la salida de Nicolás Maduro”.

En el marco de la concentración, el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires dispuso un refuerzo preventivo de seguridad en la zona del Obelisco. Al caer la tarde, tanto el monumento como el Puente de la Mujer fueron iluminados con los colores amarillo, azul y rojo de la bandera venezolana, y se colocó una bandera del país caribeño en la Plaza del Obelisco como gesto institucional de acompañamiento.

Enrique, migrante venezolano oriundo de Caracas y residente en Argentina desde hace ocho años, expresó: “Estoy contento de que Nicolás Maduro esté enfrentando a la justicia”. Según sostuvo, se trata de “un hombre que tiene ocho años destruyendo mi país, junto a su esposa y principal colaboradora, en esta red de narcotráfico, que es el Cartel de los Soles que él mismo construyó”. Agregó que si bien “todavía falta atravesar una transición, confiamos en que María Corina Machado y Edmundo González Urrutia nos van a llevar hasta el final”.

Como señalamos, la movilización contó además con la presencia de la presidenta del bloque de senadores de La Libertad Avanza, Patricia Bullrich, quien reclamó que el nuevo escenario político permita avanzar en la “liberación inmediata” del gendarme argentino Nahuel Gallo, detenido en Venezuela desde diciembre de 2024, así como del abogado argentino Germán Giuliani. Bullrich calificó el proceso abierto en Venezuela como “complejo” y expresó reparos sobre el rol de las autoridades que actualmente controlan el Ejecutivo.

Las jornadas cerraron el domingo con manifestaciones colectivas a favor de una transición democrática, el respeto de los derechos humanos y el retorno de los millones de venezolanos que emigraron en las últimas dos décadas, en un contexto regional marcado por la incertidumbre sobre el futuro político e institucional de Venezuela.

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“Váyanse al carajo, yankis de mierda”

En la jornada de ayer, en las inmediaciones de la Embajada de Estados Unidos en Buenos Aires se desarrolló una movilización en repudio a la intervención militar estadounidense en Venezuela. Rodeados de una gran presencia policial, la concentración comenzó en Plaza Italia y avanzó hacia la sede diplomática norteamericana, con la participación de organizaciones políticas y sociales, así como de migrantes venezolanos y de otros países latinoamericanos, algunos autoconvocados y otros integrados a espacios y organizaciones de izquierda y del campo popular, que denunciaron lo que definieron como un nuevo capítulo de agresión imperialista en la región.

Entre las consignas exhibidas en carteles y pancartas se leían frases como “Ni Trump libera, ni Milei es libertad”, “Váyanse al carajo yankis de mierda” y “Trump, tu droga es el petróleo”. Los manifestantes cuestionaron de manera explícita el rol injerencista de Estados Unidos y rechazaron el uso del discurso de la democracia y la libertad para justificar la intervención armada.

María, una migrante venezolana que vive en Argentina desde 2018, manifestó que “como venezolana tengo una doble preocupación: política y afectiva, porque toda mi familia está en Venezuela y repudio totalmente lo que está sucediendo”. Y definió que los migrantes venezolanos que defienden la intervención estadounidense son “políticamente apátridas y defienden una posición inhumana”.

En los comunicados difundidos durante la jornada, los convocantes advirtieron que la intervención estadounidense no tiene como objetivo la restauración democrática, sino la subordinación política y el saqueo de los recursos naturales venezolanos. En ese sentido, vincularon la intervención militar con las declaraciones de Donald Trump, quien afirmó que su país se “haría cargo” del gobierno venezolano hasta que una transición fuera posible y expresó su intención de que empresas estadounidenses extraigan petróleo del país caribeño.

Rosario y Milton, migrantes uruguayos radicados en la Argentina desde hace varias décadas, manifestaron que la intervención estadounidense constituye una “ofensa para todas las democracias del mundo”, y que más allá que desde la solidaridad que se puedan expresar desde distintos colectivos latinoamericanos, lo más importante es “la lucha que pueda dar el pueblo venezolano” frente a la intervención.

La diputada nacional del PTS/Frente de Izquierda, Myriam Bregman, sostuvo que la derecha continental celebró la intervención bajo la retórica de la “libertad y la democracia”, pero alertó que, de avanzar este proceso, solo “profundizaría la miseria, la opresión y la dependencia de los pueblos latinoamericanos” respecto de las potencias globales. 

Carmen, una migrante boliviana que participó de la movilización y reside en Argentina hace más de quince años, señaló que el principal objetivo de Estados Unidos con esta intervención es el de “controlar todas las riquezas”, y que frente a ello “tenemos que ser solidarios con todos los pueblos latinoamericanos, porque no es justo”.

Por su parte, Alejandro “Ruso” Ignaszewski, miembro del portal Resumen Latinoamericano e integrante de la Coordinadora por el Cambio Social, señaló que la movilización tuvo como principal objetivo manifestar una “solidaridad activa para con el pueblo de Venezuela, el pedido de liberación de Nicolás Maduro y de su compañera Cilia Flores, y el hecho concreto que nos viene movilizando hace mucho tiempo, que es ‘Nunca más los yankis en América Latina’”. Manifestó, además, que se trata de en un momento de “congoja para los pueblos latinoamericanos para con lo que está aconteciendo en Caracas, donde además hubo una movilización de cerca de un millón de compañeros y compañeras”. Y agregó que “resulta nefasto que otros festejen que una potencia invasora bombardee a su propio país y mate a sus propios conciudadanos”.

Movilizaciones de rechazo similares a la intervención militar estadounidense se registraron también en otras ciudades del mundo, como Estocolmo, Atenas, Madrid, Toulouse y Nueva York, donde distintas organizaciones y referentes políticos expresaron su desacuerdo con el accionar del gobierno estadounidense.

Una diáspora de gran impacto regional

Ambas movilizaciones en Buenos Aires se inscriben en un proceso migratorio de gran escala. En los últimos diez años, cerca de ocho millones de personas abandonaron Venezuela —más del 27% de su población— en lo que constituye el segundo mayor desplazamiento del mundo. El éxodo estuvo estrechamente vinculado a la crisis económica y a una prolongada espiral inflacionaria: según datos del Banco Central de Venezuela, la inflación alcanzó el 130.060% en 2018, el 862,6% en 2017 y llegó al 556% en 2025.

La mayoría de la diáspora venezolana permanece en América Latina. A diciembre de 2024, 6,7 millones residían en la región, principalmente en Colombia (2,8 millones) y Perú (1,7 millones), seguidos por Brasil, Chile y Ecuador. En la Argentina, el Censo 2022 registró 161.495 personas nacidas en Venezuela, aunque estimaciones para 2024 elevan la cifra a casi 200 mil residentes, concentrados mayoritariamente en el Área Metropolitana de Buenos Aires.

En ese marco, Argentina se consolidó como uno de los destinos preferidos del éxodo regional venezolano debido, en parte, a una política migratoria relativamente abierta (algo que comenzó a restringirse a partir del gobierno de Javier Milei y su reforma). Baste con señalar que los migrantes venezolanos fueron beneficiarios de mecanismos de regularización específicos, como el Programa de Asistencia a Migrantes Venezolanos. La medida, impulsada en 2019 por el entonces gobierno de Mauricio Macri y renovada por el gobierno actual en 2024, tiene por objetivo facilitar el ingreso, la regularización migratoria y la inserción laboral de los migrantes venezolanos.


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Es Licenciado en psicología por la Universidade Estadual Paulista (UNESP/Brasil), con un magíster en Derechos Humanos y Sociedad, Migrante brasileño, reside en la Argentina desde 2018. Actualmente cursa la carrera de periodismo en la Universidad Nacional de Avellaneda (UNDAV).

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Es comunicadora social y periodista, especializada en comunicación política. Sus raíces migratorias provienen de Italia y Francia, de donde sus antepasados arribaron a Argentina a principios del siglo XX.

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Licenciada en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Quilmes. Especializada en prensa escrita, con experiencia en cobertura periodística de consumos culturales, géneros y políticas urbanas.


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