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«Me voy con gran tristeza, tanta, que ya tengo ganas de volver», escribió el poeta granadino Federico García Lorca al dejar Buenos Aires el 27 de marzo de 1934. Lo que sería una visita breve se convirtió en una estancia de seis meses que lo consagró como un poeta y dramaturgo de renombre internacional, poco antes de su brutal asesinato por parte del bando nacional en el contexto de la Guerra Civil Española.



Dicen que hubiera quedado a vivir en Buenos Aires. Solo venía por un mes, pero terminó quedándose durante un semestre. Federico García Lorca, el poeta granadino universal, por entonces una figura aún no tan fulgurante de las letras a nivel internacional, tuvo una visita consagratoria a Buenos Aires que se extendió desde octubre de 1933 hasta marzo de 1934, dos años antes de su asesinato a manos del bando franquista en el contexto de la Guerra Civil Española. Hoy se cumplen 90 años de un crimen todavía no esclarecido que enlutó a la poesía para siempre.

Las crónicas dan cuenta de que se trató de una estadía memorable, que le permitió al autor del Romancero Gitano vincularse con lo más distinguido del paisaje cultural metropolitano: Carlos Gardel, Victoria Ocampo, Enrique Santos Discépolo, Oliverio Girondo, Alfonsina Storni, Raúl González Tuñón, Norah Lange, Natalio Botana y su compañera Salvadora Medina Onrubia e incluso el propio Pablo Neruda, que por entonces también residía en la ciudad de Buenos Aires. Una ciudad que cobijó, celebró y llenó de aplausos la obra del gran bardo andaluz con fervor inagotable.

La fama de un torero

García Lorca llegó a Buenos Aires un 13 de octubre de 1933 a bordo del vapor Conte Grand contratado por el empresario español Juan Reforzo, esposo de la actriz argentina Lola Membrives, quien lo invitó especialmente para que el poeta presenciara la representación de su obra Bodas de sangre en el Teatro Avenida. También había sido invitado por la Sociedad Amigos del Arte para que brindara una serie de conferencias.

Uno de sus mayores biógrafos, el historiador hispanista Ian Gibson, cuenta que el poeta fue recibido por una multitud apenas pisó el puerto de Buenos Aires y que se le procuró el trato de un dignatario. Así, con estas palabras, García Lorca escribió a sus padres impactado por el cariño inmenso del pueblo argentino:


«Estoy contento aunque muy cansado de ser personaje, cosa a la que no quiero acostumbrarme, pues es molestísimo. He tenido que tomar un secretario para que hable por teléfono y reciba visitas. ¡Igual que un ministro! A veces me río con ganas. Abrazos a todos y besos de vuestro hijo que tanto os quiere y que no os olvida nunca, Federico.»

«Aquí descubre García Lorca nada menos que la verdadera dimensión de su popularidad en el mundo cultural hispanoamericano, le confirma su éxito, su fama. Y por insignificante que parezca, hasta su independencia económica», afirmó la filóloga y escritora Irma Emiliozzi durante las conferencias «Federico García Lorca: de Granada a Buenos Aires», dictadas en 2018 en el Centro Cultural de España en Buenos Aires.

Efectivamente, la representación de Bodas de Sangre colmaba las butacas en cada función. La obra había sido estrenada por la compañía de Lola Membrives el 29 de julio de 1933 en el Teatro Maipo, pero el éxito fue tan grande que la temporada tuvo que prolongarse y posteriormente trasladarse a una sala más grande, el Teatro Avenida, para responder a la demanda del público.
Así lo reflejaba el propio Lorca en una carta dirigida a sus padres: «Queridísimos padres y hermanos: Ya se celebró el estreno de Bodas, que constituyó por la prensa que os mando por barco un verdadero escandalazo. Yo no he visto en mi vida una cosa igual de entusiasmo y cariño. El gran Teatro Avenida es como diez veces el Teatro Español de Madrid, uno de esos inmensos teatros de América, y estaba totalmente ocupado por una muchedumbre que estaba de pie en los pasillos y colgada del techo. El teatro tiene cien palcos que ocupaba lo mejor de la sociedad de aquí y el resto, abarrotado».

La popularidad del poeta crecía y las muestras de cariño del público se multiplicaban. «Estoy abrumado por la cantidad de agasajos y atenciones que estoy recibiendo. Estoy un poco deslumbrado de tanto jaleo y tanta popularidad. Aquí, en esta ciudad, tengo la fama de un torero», afirmó. Así, sus obras de teatro se volvieron fenómenos culturales, los honorarios de sus recitales le permitieron vivir tranquilamente en la ciudad y su célebre Romancero gitano, editado por la revista Sur de Victoria Ocampo, se pedía a montones en la capital porteña.

«Se me olvidó deciros que han hecho una admirable edición del Romancero gitano, de tono popular, con una preciosa foto mía y que ayer salió otra edición de lujo, que es una maravilla. Nunca he tenido yo una edición más espléndida. Como veréis, esto es un triunfo en toda regla y muy significativo para mí, porque es mi vida en América y mi influencia sobre todo un continente de habla española. Creo que ahí no se dan bien cuenta para el prestigio de España por estas tierras que ella creó».

Cuando podía parar en su cuarto, la habitación 704 del Hotel Castelar (un ícono de la capital argentina que actualmente se encuentra cerrado), recibía periodistas, escribía sus cartas y hacía tertulias con artistas amigos y escritores a quienes también les compartía pasajes inéditos de sus obras en proceso.

Sin embargo, no todo se trataba de Buenos Aires. Lorca también visitó la ciudad de Rosario en Santa Fe y Montevideo, la capital de Uruguay. Durante sus visitas, brindó varias conferencias. Entre ellas se encuentra Teoría y juego del duende, una de sus piezas más famosas, dictada el 20 de octubre de 1933 en la Sociedad Amigos del Arte. Dicho texto es una de las fuentes fundamentales para entender su visión del arte y la creación poética.

El trágico regreso a su tierra

Cuando llegó el fin de su aventura por Buenos Aires, decidió despedirse del pueblo argentino por medio de la Radio Stentor, el 26 de marzo de 1934, anhelando un regreso que nunca se dio. «Hoy yo mismo acudo a despedirme de vosotros, porque ya entre los que me escuchan hay muchos cientos de amigos míos. Yo vengo solamente a dar gracias por el interés y la cordialidad con que me habéis tratado en estos seis meses. Me voy con gran tristeza, tanta, que ya tengo ganas de volver. Ahora pienso en los días de nostalgia que voy a pasar en Madrid recordando el ahora barro fresco, olor a búcaro andaluz, que tienen las orillas del río, y el deslumbramiento de la tremenda llanura donde se anega la ciudad, en una melancólica música de hierbas y balidos. Yo sé que existe una nostalgia de la Argentina, de la cual no me veré libre y de la cual no quiero librarme porque será buena y fecunda para mi espíritu (…) Adiós a todos y salud. Dios quiera que nos volvamos a ver y desde luego yo, siempre que escriba mis nuevas obras de teatro, pensaré siempre en este país que tanto aliento me ha dado como escritor. Hasta la vuelta».

El 27 de marzo de 1934, Federico García Lorca volvía a su natal España añorando que fuera como Buenos Aires; así se lo expresó a su padre en una carta atravesada por la nostalgia:

«Buenos Aires es una ciudad maravillosa. Es como me gustaría que fuera España: cosmopolita, llena de amigos, desprejuiciada, tumultuosa, desbordante de vida y de cultura. Mientras en Madrid silban y patalean cuando no entienden una obra, en Buenos Aires te agradecen la dificultad, les gusta exigirse. Son un público maravilloso. De Londres, de París y de Nueva York me fui casi disfrutando de la partida, pero sufriré mucho al dejar Buenos Aires».

Federico García Lorca fue asesinado el 18 de agosto de 1936, en el contexto de la Guerra Civil española, a manos de sublevados franquistas, y su cuerpo hasta ahora no se ha encontrado. Dos años después de su asesinato, y mientras su obra era censurada en la España de Franco, en Buenos Aires se representaban sus obras. Así, en 1945, se realizó el estreno de su última obra de teatro, La casa de Bernarda Alba, interpretada por Lola Membrives. Una obra que el universal poeta granadino jamás pudo ver en escena.

Su muerte suscitó un profundo dolor en el mundo de la poesía y de las artes. Muchas de las elegías más sentidas con motivo de su asesinato fueron escritas (entre otros) por Rafael Alberti, Pablo Neruda, Miguel Hernández, Luis Cernuda, Nicolás Guillén y Antonio Machado, quien le dedicó estas líneas a poco de su muerte en un diario de Murcia:

EL CRIMEN

Se le vio, caminando entre fusiles,
por una calle larga,
salir al campo frío,
aún con estrellas, de la madrugada.
Mataron a Federico
cuando la luz asomaba.
El pelotón de verdugos no osó mirarle la cara.
Todos cerraron los ojos;
rezaron: ¡ni Dios te salva!
Muerto cayó Federico
-sangre en la frente y plomo en las entrañas-.
…Que fue en Granada el crimen sabed -¡pobre Granada-, en su Granada..
.

II

EL POETA Y LA MUERTE

Se le vio caminar sólo con Ella,
sin miedo a su guadaña.
-Ya el sol en torre y torre; los martillos
en yunque y yunque de las fraguas.
Hablaba Federico,
requebrando a la muerte. Ella escuchaba.
“Porque ayer en mi verso, compañera,
sonaba el golpe de tus secas palmas,
y diste el hielo a mi cantar, y el filo a mi tragedia de tu hoz de plata,
te cantaré la carne que no tienes,
los ojos que te faltan,
tus cabellos que el viento sacudía,
los rojos labios donde te besaban…
Hoy como ayer, gitana, muerte mía,
qué bien contigo a solas,
por estos aires de Granada, ¡mi Granada!”

III

Se le vio caminar…
Labrad amigos,
de piedra y sueño, en la Alhambra,
un túmulo al poeta,
sobre una fuente donde llore el agua,
y eternamente diga:
el crimen fue en Granada, ¡en su Granada!


Imagen de portada: Federico García Lorca (izq.) junto a la actriz argentina Lola Membrives y el poeta español Eduardo Marquina.



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Equipo periodístico |  + notas

Periodista colombiano con vocación por narrar las historias que cruzan fronteras. Formado en la Universidad de La Sabana y Máster en Podcast y Audio Digital (España), trabaja desde la producción sonora y el periodismo para contar Latinoamérica desde sus procesos migratorios y culturales.


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