En esta entrevista, el cofundador de «Fronteiras Cruzadas» analiza cómo la convergencia de la investigación académica, la acción jurídica y las expresiones artísticas en la Universidad de São Paulo funciona como un laboratorio de resistencia frente al racismo estructural y las políticas migratorias de Brasil y la región.
Nacido en 2017 en el seno de la Universidad de São Paulo (USP), el foro internacional Fronteiras Cruzadas se ha convertido en un espacio transdisciplinario clave para desarmar el academicismo rígido y llevar la lucha por los derechos humanos a las calles de la región. En una coyuntura global marcada por el endurecimiento de los controles migratorios y en pleno año electoral brasileño, dialogamos con el periodista e investigador Daniel Perseguim, uno de sus fundadores, sobre la trayectoria de la iniciativa, las campañas colectivas contra la violencia institucional y los desafíos de articular el arte como herramienta de transformación social.
Fronteiras Cruzadas es un foro internacional que nació en 2017 en la Universidad de São Paulo (USP) y que combina arte, activismo e investigación académica para abordar las migraciones contemporáneas. La articulación de estos tres pilares busca ampliar el debate público y movilizar a la sociedad en la defensa de los derechos humanos.
En esta entrevista, Perseguim recorre el origen de la iniciativa, las campañas realizadas y los desafíos actuales frente a un contexto global de endurecimiento y securitización de las políticas migratorias.
El foro se distingue por adoptar un método innovador en la producción de conocimiento basado en redes de investigadores, artistas y activistas migrantes de distintas nacionalidades. Mediante la incorporación de distintas voces y actores sociales, Fronteiras Cruzadas logra que los procesos curatoriales, los talleres, los apoyos legales y los debates académicos tengan un mayor impacto político y social.
Con el tiempo, la iniciativa se fue convirtiendo en un laboratorio que lleva adelante proyectos culturales, investigación e incidencia —denominada extensión universitaria, por influencia del renombrado pedagogo Paulo Freire—. Desde programas de cine, podcasts, canciones, tertulias, trabajos académicos hasta campañas jurídicas en defensa de derechos, Fronteiras Cruzadas cruza las puertas del academicismo rígido hacia las calles paulistas para luchar por una profunda transformación social en el ámbito local, regional y transnacional.

Orígenes e identidad
—¿Cómo surgió Fronteiras Cruzadas y cuál es su propósito?
—Fronteiras Cruzadas nació en 2017 en la Universidad de São Paulo. Teníamos contacto con muchos grupos activistas y colectivos de personas migrantes, especialmente a través del trabajo de Karina Quintanilha —cofundadora e investigadora de la USP—, y también con organizaciones como la Unión Social de los Inmigrantes Haitianos en São Paulo. El foro se consolidó como un espacio académico, social y artístico transdisciplinario que buscaba visibilizar y estimular el pensamiento crítico.
Nos inspiramos en el colectivo de migrantes haitianos para el nombre: en créole haitiano, «Fontié ki Kwaze» significa fronteras cruzadas. Ya desde el inicio traíamos una perspectiva de otros lenguajes, otras filosofías, inspirada en las migraciones afroatlánticas, caribeñas e indígenas.
—¿Cómo fue ese primer foro internacional?
—Desde el inicio la construcción fue muy interesante porque había en la universidad un círculo de artistas y activistas con una dinámica muy colaborativa, muy colectiva, y también trabajábamos el arte de performance, o sea, cuestionando los límites del arte y del lenguaje. En el área de comunicación y artes había un grupo muy consolidado, muy importante que permitió articular este primer paso.
En 2017 obtuvimos financiamiento del Programa de Apoyo a Eventos en Brasil de la Coordenação de aperfeiçoamento de pessoal de nivel superior (CAPES) —el organismo brasileño para el desarrollo de posgrados— e invitamos a investigadores latinoamericanos como Pablo Ceriani Cernadas y Raúl Delgado Wise. La idea era romper con la tradición de hacer foros de migración solo con investigadores «nacionales», entonces incorporamos no solo académicos, sino también personas migrantes que eran artistas, activistas de movimientos sociales y asociaciones.
Fue algo muy importante incorporar a las personas migrantes, a la negritud y a los indígenas. Y esto no es solo mérito nuestro: los movimientos sociales estaban muy activos en Brasil —los movimientos haitianos, bolivianos y africanos también—. Como fruto de toda esa lucha pudimos incorporarlos al foro.

El arte como resistencia
—¿Por qué surgió desde la comunicación y el arte, y no desde la sociología o la ciencia política?
—Pienso que fue muy importante haber nacido desde la comunicación y el arte porque eso abrió posibilidades más imaginativas y creativas. El arte no siempre es reconocido como producción científica, pero es una forma fundamental de producir conocimiento. Trabajamos con música, performance, teatro y cultura popular, que llegan a las personas de un modo distinto al del discurso político o académico.
Luego encontramos algunos límites también en las fronteras de las disciplinas artísticas, y terminamos incorporándonos a la sociología. No solo por las disciplinas, sino también por límites institucionales e incluso personales. Esta incorporación nos dio mucho impulso a través del Grupo de Investigación Ciudad y Trabajo, coordinado por la destacada socióloga Vera da Silva Telles. Y también nuevos desafíos: la Universidad también es un campo de disputas.
—¿De qué manera el arte y la cultura funcionan como herramientas concretas de lucha política dentro de Fronteiras Cruzadas?
—El arte afecta a las personas de una manera que el discurso político o la investigación académica no logran. Cuando hacemos una tertulia o un «sarau», cualquiera puede llegar y compartir una poesía, una canción o hablar en su propia lengua. Eso es muy distinto a cualquier espacio universitario convencional. El arte genera una sensibilización que abre puertas que de otra manera permanecerían cerradas.
—¿Cuáles son los proyectos más concretos que han desarrollado para visibilizar situaciones de violación de derechos?
—Un año después del inicio, en 2018, nos contactó Nduduzo Siba, una mujer migrante sudafricana que enfrentaba un proceso de expulsión de Brasil tras haber cumplido una condena. Iniciamos una campaña en su defensa el 8 de marzo, el Día Internacional de la Mujer, y fue muy victoriosa en términos de visibilidad.
La campaña que iniciamos con ella se convirtió en una campaña muy artística; ella había tenido contacto con proyectos de canto y teatro dentro de la cárcel, y al salir inició una trayectoria artística. Fue muy poderosa porque ella, con sus canciones y con la estética visual de Sudáfrica, generó algo muy impactante y una sensibilización popular muy interesante. Se convirtió en una campaña muy visible. Produjo largometrajes e inició una importante trayectoria en el teatro, con apoyo de grupos importantes como Companhia do Tijolo y Teatro Oficina.

Este fue un momento de crecimiento de la extrema derecha, y con el gobierno golpista de Michel Temer y después de Jair Bolsonaro, hubo importantes retrocesos políticos que se reflejaron en las migraciones. Comenzaron a surgir más casos de violaciones de derechos humanos, e intentamos responder a eso articulando una red llamada Vidas Imigrantes Negras Importam, inspirados por el Black Lives Matter.
También llevamos adelante campañas similares: casos de xenofobia como el de João Manuel, asesinado en la periferia de São Paulo durante la pandemia, y el de Moïse Kabagambe, asesinado en Río de Janeiro; detenciones absolutamente injustas, como el caso de Falilatou Estelle Sarouna, una persona migrante togolesa que fue víctima de estafadores. También casos como el de Talla Mbaye y Ngagne Mbaye, dos trabajadores ambulantes provenientes de Senegal que fueron asesinados por la Policía Militar de São Paulo.
Son casos tristes, pero intentamos movilizarnos para recuperar un poco de humanidad.
La política migratoria y sus desafíos
—¿Cuál es tu diagnóstico de la situación migratoria en Brasil y América Latina hoy?
—En Brasil existe una negación histórica del racismo, sostenida en la idea de que somos un país acogedor. Pero la realidad es muy distinta. Las personas migrantes haitianas o africanas que llegan, las poblaciones racializadas, se encuentran por primera vez con un sistema racista estructurado, histórico y muy represivo, que en África no existe de esa manera. Y esa negación del racismo se replica como negación del problema migratorio. También los pueblos indígenas enfrentan situaciones gravísimas, como es el caso de los pueblos aymaras y quechuas, y también los waraos.
A nivel político, estamos en un proceso de externalización de fronteras: igual que Estados Unidos externaliza su frontera hacia México, Brasil está adoptando mecanismos similares. En 2017 hubo una nueva ley migratoria progresista, pero el gobierno de Temer eliminó varios de sus puntos positivos. El gobierno de Bolsonaro dejó un residuo autoritario que en la práctica abre la posibilidad de que las personas migrantes no tengan ningún derecho: la portaria (ordenanza) N.º 770/2019. Ahora, bajo Lula da Silva, existen normativas técnicas que, en la práctica, impiden pedir refugio en el aeropuerto de Guarulhos, entre otros problemas que desafortunadamente están articulados con agencias internacionales como la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) y el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR).
—¿Cuáles son los proyectos que están desarrollando de cara a los próximos dos años?
En noviembre tenemos el quinto foro internacional Fontié Ki Kwaze- Crossed Borders. Será muy importante, y dejamos la invitación para que quienes puedan visitar São Paulo se pongan en contacto con nosotros. También estamos en la tercera edición del proyecto de extensión, fomentando actividades innovadoras con personas migrantes y asociaciones. Queremos conectarnos más con redes latinoamericanas y continuar con iniciativas que están en curso, como campañas activas en la Coalición contra el racismo de las Naciones Unidas.
Y como este año hay elecciones en Brasil, estamos trabajando para que las personas migrantes —que aquí lastimosamente aún no pueden votar— tengan mayor participación política, en los sindicatos, en la vida pública.
Son muchos proyectos, pero el más importante de todos es estructurar redes sociotécnicas: conectar abogados, periodistas, defensores públicos, artistas, asociaciones, para que tengamos capacidad real de responder a la escala de violaciones que ocurren todos los días.
Imagen de portada: Daniel Perseguim junto a Karina Quintanilha, fundadores de Fronteiras Cruzadas | Foto: gentileza
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Es licenciada en Relaciones Internacionales y Magíster en Estudios Internacionales. Realizó una pasantía en la Embajada de EE. UU., siguiendo prácticas de derechos humanos en Argentina. Su familia, con asiento en la Patagonia, posee raíces españolas, italianas, sirio-libanesas y chilenas.
