Compartir:

En 1989, unos pocos años después de finalizar la cruenta y última dictadura de Brasil, se ideó y edificó el Memorial de América Latina en el centro de la ciudad de São Paulo. Diseñado por el célebre arquitecto Oscar Niemeyer con el apoyo del antropólogo Darcy Ribeiro, se trata de un espacio social, cultural y político que busca celebrar la integración y los lazos que unen a los pueblos latinoamericanos. A fines de 2025, en uno de los tantos predios que dan forma al complejo, se abrió un área de atención para las personas migrantes, con el fin de sostener de esta manera aquel espíritu de hermandad y diversidad soñado hace ya casi cuatro décadas.


Caminar bajo el sol por los 84.482 metros cuadrados que reivindica el Memorial de América Latina, en la ciudad de São Paulo, hace que te cuestiones la fiabilidad de los termómetros. Si indican 20 o 25 grados, esta llanura los duplica, casi que se traduce en fuego, solo bajo las hileras de las tantas palmeras que quedan desperdigadas por el área se logra una mínima tregua. Eso, y por supuesto, entregarse a los siete edificios que, entre pasarelas y plazas, quedan interconectados. En uno de estos, en concreto en el prédio 8, es donde, desde diciembre de 2025, funciona el Espaço da Cidadania do Imigrante. Situado en la planta baja, nada más entrar nos enfrentamos a un extenso mural que casi abarca una de las paredes en su totalidad. Se aprecian varias personas en colectivo y a la vez dispersas (¿será que huyen? ¿será que reclaman?). Es algo difuso, acentuada esta sensación por los tonos grises y blancos que salpican el lienzo. Lo firma el recordado arquitecto y artista carioca Vallandro Keating, no tiene título, o Sem título, eso no ayuda a desvendar lo que suponemos que vemos, sin duda hay mucho de lucha. Data de 1989, el mismo año que se fundó este complejo cultural, social, político, sobre todo político.

Imagen panorámica del Memorial da América Latina | Foto: Ángela Gancedo Igarza

El Espaço da Cidadania do Imigrante está dirigido a personas migrantes que viven o llegan al estado de São Paulo, con el objetivo de contribuir a su integración social, cultural y cívica. Pero también se dirige a una ciudadanía brasileña que puede necesitar asimismo de algunos de los servicios ofrecidos. «Nuestro trabajo principal, que se centra en las personas migrantes, es la regularización migratoria. Es decir, en la regularización, pero no solo nos limitamos a informar sobre la documentación que necesitan, sino que también les ayudamos a emitirla. Y si surgen problemas más graves, de cualquier tipo, contactamos los diferentes consulados para solicitar asistencia», explica Gustavo Ranieri, director de Actividades Culturales del Memorial.

Esta iniciativa surgió a través del Centro de Integração da Cidadania (CIC), un organismo de la Secretaría de Justicia y Ciudadanía que depende del Estado de São Paulo, y que cuenta con varios centros, en concreto, 17. De esos 17, existe uno que es el CIC do Imigrante (Centro de Integração da Cidadania do Imigrante). Fue con este último que hicieron el convenio. «Surgió este convenio, justamente, por lo que el Memorial de América Latina representa. Tenemos total autonomía, pero hay una persona del CIC que viene tres veces por semana para dar una mano, ayudar, orientar, asesorar, para que sigamos mejorando», aclara Ranieri.

A pesar de los poquitos meses que llevan en funcionamiento, van mapeando los países de procedencia de los desplazamientos, de las migraciones, de los exilios. «Al comienzo vinieron muchas personas de Senegal y de Cuba. También vinieron muchas de Bolivia, Venezuela y Haití. Y de otros estados de Brasil, porque tenemos asimismo asesorías y auxilio a brasileños y brasileñas en situaciones de violencia, de trata, racializadas, o víctimas de género», detalla el director.

Entre los distintos trámites que se gestionan allí están el de sacar el CPF (como un CUIT), la Carteira de trabalho (como un CUIL), la creación y asesoría de una cuenta Gov.br (un portal de gestiones como Mi Argentina) e incluso ayudan a las personas migrantes a elaborar sus currículum vitae. También asisten en trámites de refugio, una documentación que parte se hace ahí mismo, pero parte en la Policía Federal: «Nosotros hablamos todo con la Policía para que cuando las personas vayan allá, ya esté todo preparado», relata Ranieri que bien sabe que el tratar con la policía, es uno de los pasos que, en ocasiones, más atemorizan.

El factor humano como prioridad: si hay que hablar en japonés, se habla

Otra de las cuestiones clave era elegir al personal que iba a atender a todas estas personas, y sus circunstancias, sus contextos. Y algo no menor, sus lenguas, sus idiomas. A día de hoy son dos: João Victor y Anva. Ninguno de los dos es, propiamente, un trabajador social, pero ambos tienen claro lo trascendental del contacto humano, de la predisposición, de la empatía y de la ayuda al prójimo. João Victor es productor musical y ya trabajaba en el Memorial, es alguien que le encanta conversar, escuchar, tender ese puente de ayuda, habla además inglés (y portugués) pero, como defiende Ranieri aludiendo a ese rasgo y característica altruista que les resulta inapelable, «si tiene que hablar japonés, lo habla». También está Anva, artista, música, hace diez años que dejó su Bolivia natal para venir a São Paulo a cumplir su sueño: el de cantar. El hablar español era importante, especialmente por la gran comunidad boliviana que vive en São Paulo. «Aquí reside la mayor comunidad boliviana del mundo. Se calcula que hay unas 500.000 personas. También se sabe que el 50 por ciento, no tiene papeles. En São Paulo hay muchos talleres textiles, se concentran sobre todo en los barrios de Brás y Parí, pero muchos de estos son irregulares, y por eso hay muchas personas bolivianas que vienen con una promesa de trabajo y caen en estos lugares totalmente esclavos. Entonces tienen miedo de comenzar su documentación y ser deportados», reflexiona Ranieri.

Por eso, la ayuda de la lengua nativa de Anva, en este sentido, es fundamental. Tanto ella como João hicieron un entrenamiento en el CIC do Imigrante para entender un poco las dinámicas, ciertos códigos. Pero a diferencia tal vez de otros organismos que tienen este perfil o esta función, el objetivo que debía sobresalir era el del atendimiento sensible, humano. «Es muy importante que no sea una cosa bruta, puramente administrativa. Era algo que tenía claro, esta cuestión de la humanidad. Porque hablamos de personas migrantes que vinieron para sobrevivir, no de un migrante con un millón de dólares en la cuenta bancaria», defiende Ranieri. Por otro lado, explica que se desplazan a São Paulo por su fuerte economía: «Aquí hay muchas oportunidades. Tal vez no hay tanto trabajo cualificado, pero siempre hay un puesto en una panadería, en un supermercado».

Niemeyer y Ribeiro, o el sueño de una Latinoamérica unida y diversa

Situado en el barrio de Barra Funda, barrio enclave de la cultura negra y de la samba, también de la migración italiana, y rodeado originariamente de fábricas (una fotografía que desde hace ya un rato va cambiando, se va gentrificando), el Memorial de América Latina fue ideado por Darcy Ribeiro —el célebre antropólogo, político, educador y defensor de la educación— y diseñado por el gran arquitecto Oscar Niemeyer, también exiliado en aquellos años de plomo de la dictadura brasileña iniciada en 1964 que derrocó a João Goulart. Tanto Ribeiro como Niemeyer, al igual que muchísimos intelectuales, artistas y militantes políticos brasileños, tuvieron que exiliarse.


La finalidad del Memorial desde el comienzo fue la de armar un gran centro de integración cultural, donde se investigara y sobre todo se fortaleciera la identidad de los pueblos latinoamericanos. Donde la diversidad y el conocimiento conjuguen y se celebren. Con este objetivo se alza la Biblioteca Latino-Americana que lleva el nombre de Victor Civita, el célebre periodista ítalo-brasileño que tuvo que huir de la dictadura de Benito Mussolini tras la aprobación de las leyes raciales. Dicha biblioteca cuenta con más de 42.000 libros con autorías y voces de los tantos rincones de Latinoamérica, y allí se encuentra alojado también el Centro Brasileiro de Estudos da América Latina, que tiene varios convenios con la UNESCO. También el edificio, quizás, más institucional, es el Salão de Atos Tiradentes, que cobija ese mural emblemático que supone el Painel Tiradentes, del pintor brasileño Candido Portinari (1903-1962), una vasta pintura que, entre todos los detalles y sus 17,67 metros de largo por 3,09 metros de alto, enaltece la denominada Inconfidência Mineira de 1789, y destaca como punto neurálgico del lienzo la cabeza decapitada de Tiradentes, como mártir, como líder, considerado por muchos (y así es que los hechos y las datas lo corroboran) el protagonista de uno de los primeros movimientos de independencia de Latinoamérica.

Detalle de la cabeza decapitada de Tiradentes, líder y mártir de la denominada Inconfidência Mineira de 1789, en el mural Painel Tiradentes, del pintor brasileño Candido Portinari | Foto: Ángela Gancedo Igarza

También está el que sin duda supone uno de los grandes símbolos del Memorial: la escultura Mão (Mano). En sus siete metros de altura muestra la palma abierta, la sangre que le nace y que fluye, como un riachuelo. Una obra diseñada también por el propio Niemeyer que rememora la sangre de los pueblos originarios, que recuerda toda la sangre derramada, acumulada. Una escultura que homenajea a ese cuasi manifiesto que supuso el libro Las venas abiertas de América Latina, del uruguayo Eduardo Galeano. «Así se iba trasvasando la sangre por todos estos procesos. Se desarrollaban los países desarrollados de nuestros días: se subdesarrollaban los subdesarrollados», decían algunas de las palabras escritas por Galeano en aquel texto de 1971.

«A Mão» (La Mano) es la famosa escultura de hormigón de 7 metros de altura creada por Oscar Niemeyer en 1988 | Foto: Ángela Gancedo Igarza

Pasear por el Memorial es adentrarse de lleno en el trazo, en el gesto que imploraba Niemeyer, aceptando sus formas ondulantes, su concreto y su hormigón aplastante también. Es un poco como establecerse en esa ciudad inventada que fue Brasilia, por el Planalto, por el Congreso y sus cúpulas en donde cada tarde cae o explota el sol, como una llamarada. Es un esquema o una pequeña reproducción de lo que suponen las calles, la proyección de São Paulo: extensa, eterna, algo exagerada. Se pierde una en esa explanada, esa en la que, según se dice, se veía a Niemeyer y a Ribeiro sentados haciendo un descanso, tomando un golinho de cachaça.

A día de hoy el Memorial es el tercer lugar más visitado de São Paulo. El año pasado 900.000 personas pasaron por el complejo. «Hay muchas personas que no son de Brasil que vienen a visitar el lugar. El otro día una excursión de arquitectos de Paraguay, unos 150. También vienen caravanas y caravanas de chinos», relata Ranieri.

Somos circulación, somos fruto de la migración

Pero algo que hay que resaltar del complejo es su lado y su propuesta educativa. Hay muchas escuelas que lo visitan. «Cuando quieren explicarles sobre América Latina, ya sea su geografía o sobre la historia vienen al Memorial. Es un lugar que respira Latinoamérica», dice Ranieri, haciendo sobre todo referencia a la excepcional maqueta que se encuentra en uno de los prédios, y que recrea un mapa del continente (a una más que interesante escala) con todo tipo de detalles, desde los símbolos arquitectónicos, hasta la flora, la fauna, sus gentes y las fiestas regionales.

En la maqueta se pueden ver detalles de Argentina, como el Obelisco o la Casa Rosada | Foto: Ángela Gancedo Igarza

«Los chicos vienen y ven ese mapa y se quedan fascinados», reconoce Ranieri. En este sentido, y desde su propia experiencia, piensa en la salida de cierto «solipsismo» en la que siente vivía Brasil. «Cuando yo era chico no estudiábamos sobre el resto de Latinoamérica. Yo no sabía nada, y mis hijas ahora sí que saben porque lo estudian en la escuela pública. Y además conviven con esa realidad, tienen compañeros y compañeras de clase de Venezuela, de Colombia… Hace dos meses vino una niña de Cuba que aún no sabe portugués, pero ellas hablan, hablan en portuñol, logran entenderse».

Por otro lado, Ranieri destaca la colección de arte popular que alberga el Memorial. Todo lo que eso traduce y representa. «El Pavilhão da Criatividade (N. del A: «Pabellón de la creatividad») de Darcy Ribeiro reúne más de 3.600 piezas de arte popular. Piezas de Paraguay, de Perú, de Guatemala, de Argentina. Y hay algo que resulta muy curioso, muchas de ellas tienen algo parecido. Estamos hablando de un momento en el que no había internet, que no había cómo copiar lo que se hacía en otro lugar. Pero había una circulación, nuestro continente está hecho de inmigrantes, y eso nos une. La migración nos une. Y Brasil es eso, con todos los prejuicios que, por supuesto que los hay, pero Brasil acoge».

En el Memorial da América Latina se plantaron 160 palmeras de la especie jerivá | Foto: Ángela Gancedo Igarza

Al salir del Memorial de América Latina, se puede agarrar la calle Mário de Andrade, y siguiendo por esa vereda, a unas cinco cuadras, se impone un tremendo mural que decora uno de los tantos edificios. Allí se reconoce la figura del pedagogo Paulo Freire en blanco y negro, y se lee en letras mayúsculas, abismales: «Esperançar: amar é um ato de coragem» («Esperanzar y amar es un acto de coraje»).

Se puede continuar esa misma calle, adentrarse en esa Barra Funda llena de botecos antiguos con samba en directo, pero que también está poblada por vetustos galpones que ahora son galerías, diseñadas con pequeños negocios que ofrecen otras comidas, tal vez más elaboradas, tal vez solo ajenas al frijol y a la feijoada. Para llegar, hay que atravesar la que fue la casa donde vivió Mário de Andrade, ese escritor que dio vida a Macunaíma, el «héroe sin ningún carácter», un indígena que viaja de la selva amazónica a la ciudad de São Paulo. Una obra que encarnó a la perfección el espíritu de la denominada antropofagia, aquel movimiento cultural y de vanguardia de la década de 1920 ideado por el poeta Oswald de Andrade y la pintora Tarsila do Amaral que miraba, absorbía y devoraba lo extranjero, que lo digería y lo transformaba en otra cosa; una mutación que, de repente, se describía y se reconocía como algo profundo y esencialmente brasileño.

Imagen de portada: «A Mão» (La Mano), la escultura de hormigón de Oscar Niemeyer, en el predio del Memorial da América Latina | Foto: Priscila Portela


Contenidos relacionados:

Una entrevista en «portuñol salvaje» al poeta Douglas Diegues

«Fronteiras Cruzadas», un proyecto transdisciplinario para la transformación social en clave migrante

Malha Fina Cartonera: Un proyecto editorial para conocer, acercar y traducir latinoamérica y el caribe

Es licenciada en Filosofía y Periodismo entre España e Inglaterra. Recuerda que su primer trabajo fue como librera en un pueblo del sur de Madrid. Un año después del 15-M —movimiento en el que participó activamente, como tantos de su generación— decidió dejar España y migrar a Buenos Aires, un lugar que la atraía por su cultura y, sobre todo, su literatura. Lo que pensó como una estadía breve se convirtió en once años de su vida y en una forma de estar en el mundo.
Equipo periodístico |  + notas

Es licenciada en Filosofía y Periodismo entre España e Inglaterra. Recuerda que su primer trabajo fue como librera en un pueblo del sur de Madrid. Un año después del 15-M —movimiento en el que participó activamente, como tantos de su generación— decidió dejar España y migrar a Buenos Aires, un lugar que la atraía por su cultura y, sobre todo, su literatura. Lo que pensó como una estadía breve se convirtió en once años de su vida y en una forma de estar en el mundo.


Compartir:
Mostrar comentariosCerrar comentarios

Deja un comentario