En Buenos Aires es posible encontrar una cocina china distinta a la que se consume habitualmente. En nuestro recorrido por propuestas gastronómicas construidas desde la experiencia migrante, conocimos Intanto, un restaurante que no replica fórmulas conocidas, sino que incorpora la sazón caribeña venezolana y da lugar a una fusión surgida del cruce de culturas.
Durante más de tres décadas, Rider Monasterio se dedicó al comercio de indumentaria. Ese fue su oficio y su rutina durante buena parte de su vida. Cuando llegó a la Argentina en 2017 intentó continuar por el mismo camino. Su experiencia en el rubro lo llevó a abrir un local de ropa que funcionó apenas ocho meses. El cierre dejó una pérdida económica importante y una certeza difícil de esquivar: había que volver a empezar.
La respuesta no vino de una formación gastronómica ni de un plan previamente diseñado, sino de lo que ocurría a diario. En su casa la cocina siempre fue un espacio central y, en particular, un plato ocupaba un lugar especial, el arroz chino al estilo venezolano que preparaba su esposa, una receta extendida en su país y profundamente arraigada en las prácticas familiares.

Del departamento al restaurante
En Venezuela, explica Rider, el arroz chino ocupa un lugar transversal. Se consume en ciudades y pueblos y forma parte de una tradición surgida del encuentro entre la inmigración china y los condimentos locales, especialmente en la región de Maracaibo. No se trata de una copia de la cocina china tradicional, sino de una adaptación con identidad propia. Fue esa fusión la que terminó de impulsar a Rider a poner en marcha un nuevo emprendimiento.
Intanto comenzó en el departamento donde vivía con su mujer. Las compras eran mínimas, las pruebas constantes y el crecimiento, lento: “Arrancamos comprando 200 gramos de jamón y se nos dañaban”, recuerda. No había seguidores ni estructura, solo ensayo, error y clientes que volvían. El boca en boca hizo el resto y, según cuenta, sigue siendo hoy la principal forma de crecimiento del restaurante.
Con el tiempo llegaron el local, el equipo y una carta más amplia. Intanto se consolidó como un proyecto familiar, con parientes y trabajadores que participan a diario en la cocina y en el salón. Rider evita la palabra “empleados” y prefiere hablar de compañeros que sostienen el proyecto todos los días.
Aprender otro oficio
Pasar de la indumentaria a la gastronomía implicó un aprendizaje completo: “En la ropa vos vendés un producto terminado; acá lo tenés que crear”, explica. Cocinar supone formar personas, sostener una calidad constante y aceptar que la validación final siempre es del público.
La pandemia fue una prueba dura. Mientras muchos restaurantes cerraban, Intanto logró sostenerse. Para Rider, ese período confirmó que el proyecto tenía bases sólidas y una clientela que lo acompañaba.
Hoy el restaurante recibe públicos diversos: vecinos, venezolanos que reconocen sabores familiares y también personas vinculadas a la gastronomía asiática que se acercan a probar una versión distinta de platos conocidos. Ese cruce, dice, es una de las mayores satisfacciones.
Los platos: sabor definido y protagonismo de las salsas
La carta de Intanto se construye a partir de una idea clara, donde la salsa es parte central del plato. No acompaña, define. Esa lógica atraviesa toda la propuesta.
Entre las entradas aparecen las lumpias al estilo Intanto, una reinterpretación de un roll popular en las cocinas de origen chino, emparentado con los clásicos arrolladitos primavera. En lugar de presentarlas enrolladas, la masa se sirve crocante, en forma de “nachos”, mientras que el relleno de chop suey va aparte. Esta decisión reduce la absorción de grasa y permite percibir mejor los sabores. El relleno combina vegetales —zanahoria, repollo, morrón, cebolla, apio y especias— y se apoya en una textura fresca y equilibrada.
En el apartado de proteínas, el pollo y el cerdo concentran la mayor variedad. El pollo se presenta en diez bolitas tempurizadas que pueden pedirse con distintas salsas, entre ellas agridulce, teriyaki, a la naranja o miel y ajonjolí, nombre con el que se conoce al sésamo en gran parte del Caribe. Cada opción busca un equilibrio preciso, sin que la soja ni el dulzor se impongan sobre el resto de los sabores.

El cerdo, trabajado principalmente en cortes de bondiola, se ofrece con salsas bien definidas. Aparece la agridulce, la de ciruela y también el sambal, una pasta picante de origen del Sudeste Asiático elaborada a base de chiles frescos. A esas opciones se suma la salsa brava, de tradición española. En todos los casos, la carne funciona como base para que la salsa marque el perfil del plato.
Las costillas aparecen en versiones agridulce, a la barbacoa o ribs, con una cocción que las vuelve tan tiernas que pueden cortarse con tenedor. El chop suey se presenta en versiones de pollo o cerdo, mixto o de langostinos, siempre con una base vegetal salteada y especiada.
En los arroces, Intanto ofrece porciones Junior (650 g) y porciones grandes de 1,3 kg. Las opciones incluyen arroz salteado de pollo, de cerdo, de vegetales, especial (jamón, pollo y cerdo), mixto (jamón, pollo, cerdo y langostinos) y de langostinos. Es un plato pensado para compartir, abundante y central en la mesa.
Los fideos salteados, elaborados con fideo tradicional, llevan jamón, cebolla de verdeo, brotes de soja y especias. Se ofrecen con pollo, cerdo, vegetales, en versión especial, mixta o con langostinos.
Un proyecto que sigue en movimiento
Intanto no nació como un proyecto gastronómico planificado, sino como una respuesta concreta a una situación de quiebre. Con el tiempo, se consolidó como un restaurante con identidad propia, sostenido por el trabajo cotidiano y por una práctica que pone en valor lo aprendido en el camino.
Para Rider Monasterio, el recorrido no está cerrado. Actualmente, el restaurante cuenta con dos locales en la ciudad de Buenos Aires:

Intanto Villa Crespo: Ramírez de Velasco 1153
Intanto Belgrano: Arcos 2421
Dos espacios donde la cocina se renueva sin perder la identidad que la define desde el inicio.
Imagen de portadas: Rider Monasterio, dueño del Intanto Resto-bar. | Foto: Efraim Rozenberg
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Licenciado en Comunicación Audiovisual (UNSAM) y Locutor Integral de Radio y TV, con más de 15 años de experiencia en radio. Sus raíces familiares provienen de Génova, Asturias y Polonia.
