A un año de la reorientación de sus actividades en San Pedro Sula, los equipos de Médicos sin Fronteras asisten a jóvenes de entre 10 y 19 años para derribar tabúes y garantizar atención integral ante la violencia sexual.
La persistencia de una de las tasas más altas de embarazo adolescente en la región y la falta de educación integral llevaron a Médicos Sin Fronteras a desplegar brigadas móviles y clínicas especializadas en el norte de Honduras. A través de la articulación con la Secretaría de Salud local, el proyecto busca garantizar el acceso a anticonceptivos, acompañamiento psicológico y asistencia médica a sobrevivientes de violencia sexual en escuelas y centros de salud.
«A veces —nosotras las madres— nos criamos a la antigua y es bien difícil comprender a los adolescentes. Tengo un hijo de 22 años y una niña de 13 años, y no es lo mismo estar sola en este proceso de la adolescencia. No me gustaría que mi hija saliera embarazada a temprana edad, que tomara malas decisiones o compañía; por eso es un apoyo el que da Médicos Sin Fronteras (MSF)», señala Roxana*, madre de una paciente de Médicos Sin Fronteras.
En las últimas décadas múltiples factores predominan en la sociedad hondureña. El tabú, el temor, los juicios sociales, la desinformación y las barreras como la falta de educación y de acceso a la salud sexual y reproductiva siguen siendo un problema multifactorial en términos de atención médica integral, educación y sensibilización, especialmente en la población adolescente. A la par, se encuentra la alta incidencia de la violencia sexual.
Honduras continúa con una de las tasas más altas de embarazo en adolescentes: cada 82 de 1000 jóvenes entre 15 y 19 años da a luz en el país (en 2023). Y aunque no se han actualizado las cifras desde 2024, hay un registro, acorde a la Secretaría de Salud (SESAL), de partos en 946 menores de entre 10 y 14 años. Esto refleja la invisibilización de este fenómeno en niñas, niños y adolescentes.

Por esa razón, en 2025 las actividades de MSF en San Pedro Sula, en el norte del país, se reorientaron para acercar los servicios de salud sexual y reproductiva a la población adolescente de entre 10 y 19 años. Los servicios incluyen anticonceptivos, citologías, diagnóstico y tratamiento de infecciones de transmisión sexual, control pre y posnatal, consultas de salud mental, seguimiento de trabajo social y servicios de promoción y educación de la salud, además del abordaje en atención integral a víctimas y sobrevivientes de violencia sexual.
Los equipos de MSF se desplazan a diferentes puntos de atención con brigadas móviles en centros educativos y en el Policlínico Miguel Paz Barahona, en la clínica de adolescentes, como un apoyo directo a la SESAL. En la clínica de MSF en San Pedro Sula también atienden a sobrevivientes de violencia sexual de todas las edades.
«Entre febrero de 2025 y febrero de 2026, en nuestros diferentes espacios de atención, vimos 100 casos de violencia sexual, de los cuales 42 fueron en menores de 18 años. En este mismo período, hemos realizado 598 consultas prenatales en menores de 19 años y 53 consultas después del embarazo en menores de 19 años. La mayoría de los embarazos en adolescentes que atendimos están relacionados con contextos donde no existe el consentimiento o igualdad en la relación», comenta Diana Dávila, gestora de actividades médicas de MSF en San Pedro Sula.

Esto refleja una pequeña proporción de un problema multifactorial en términos de atención médica integral, educación y sensibilización en salud sexual y reproductiva no solo en San Pedro Sula, sino a nivel nacional.
A temprana edad, también se reflejan necesidades para eliminar las barreras de acceso al acompañamiento en salud mental. «Me acuerdo de mi primera menstruación, me había quedado dormida y al despertarme para comer, estaba manchada de sangre hasta el cuello. En mi familia comenzaron a insultarme, a decir cosas raras y que ya no servía, y yo sentía que no servía. Hasta ahora —a mis 40 años— sé que es parte de crecer. Y mi hija ya entiende todo. Y también logró comprender sus emociones cuando cambian», recuerda Roxana.
Durante este primer año, el equipo de salud mental realizó 1598 consultas iniciales y de seguimiento. Los principales motivos de las atenciones han sido por reacción al estrés agudo, depresión, trastorno de estrés postraumático y ansiedad, entre otros. Sin embargo, estas situaciones están también vinculadas a la violencia sexual, la separación familiar y problemas en relaciones personales.
«Las personas sobrevivientes de violencia, sea violencia sexual u otra, han experimentado estos eventos en su niñez, adolescencia o recientemente. Si no es tratado o trabajado a tiempo, repercute en su día a día. Por eso desde MSF consideramos importante prestar atención a la salud mental desde edades tempranas. Y por la confianza de nuestras y nuestros pacientes, lo trabajamos de una manera confidencial», concluye Dávila.
*Se cambió el nombre para proteger la integridad de la persona.
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