En la frontera entre Misiones y Rio Grande do Sul, la migración estacional hacia Brasil forma parte de una dinámica histórica de movilidad laboral. Sin embargo, en el actual contexto de crisis económica en Argentina —marcado por la crisis de los productores yerbateros, deterioro del poder adquisitivo y la caída del empleo formal— ese desplazamiento tradicional adquiere un perfil diferente: de estrategia complementaria de ingresos pasó a convertirse en un mecanismo central de supervivencia para numerosas familias.
El verano de 2026 encuentra a la frontera entre Misiones y Rio Grande do Sul atravesada por un flujo creciente de trabajadores oriundos de la provincia argentina de Misiones que cruzan hacia Brasil en busca de empleo temporario. Lo que para algunos es una novedad mediática, para otros representa una movilidad laboral histórica en territorios fronterizos marcados por fuertes asimetrías económicas.
Las recientes políticas económicas de ajuste implementadas en Argentina, junto con la crisis del sector yerbatero y la caída del empleo formal, están intensificando la migración laboral estacional de cientos de trabajadores argentinos que cruzan la frontera en busca de mejores oportunidades. Un fenómeno que se repite cada temporada, aunque en el actual contexto existen muchos aspectos para analizar en función de la crisis económica que se vive en Argentina.
El éxodo tradicional, intensificado por la crisis yerbatera y la caída del empleo
En lo que va de 2026, autoridades locales y medios regionales estiman que más de 4.000 personas oriundas de distintas localidades de Misiones —y también de otras provincias— cruzaron hacia Brasil para emplearse en cosechas agrícolas de temporada. Las principales actividades se concentran en la vendimia (uva), la recolección de manzana y pera, así como en cultivos de tomate, cebolla, ajo y frutilla. Si bien no existen cifras oficiales consolidadas que permitan confirmar el número exacto, el aumento del flujo es reconocido por actores territoriales y municipales.
Misiones concentra aproximadamente el 90 % de la producción nacional de yerba mate, según datos históricos del Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM). La actividad estructura buena parte de su economía rural y del empleo directo e indirecto en la provincia. No obstante, el sector atraviesa un contexto crítico que impacta tanto en pequeños productores como en trabajadores tareferos.
Los pequeños productores yerbateros reclaman al gobierno argentino la restitución de los precios sostén que, hasta hace poco, fijaba el INYM. Con la ampliación de las políticas de desregulación impulsadas por la administración de Javier Milei, la facultad de fijar precios quedó en manos de las empresas yerbateras, las cuales —según denuncian los productores— han generado una caída en la rentabilidad y enormes dificultades para cubrir los costos de producción. Aún en el actual contexto recesivo e inflacionario, las empresas ofrecen comprar la producción a un costo incluso más bajo que el año pasado. Esto hizo que los productores se rebelasen y decidieran suspender la cosecha como medida de protesta hasta tanto el gobierno nacional no tome cartas en el asunto.

Además de los trabajadores estacionales, incluso algunos pequeños y medianos productores yerbateros comienzan a contemplar la migración a Brasil como alternativa frente al deterioro de la rentabilidad. Así lo señaló el productor Marcelo Hacklander ante el periodista Luis Alberto Cano: “muchísimos pequeños y medianos productores comienzan a dejar las chacras sin cultivar y, en algunos casos, hasta comienzan a migrar a Brasil buscando nuevos horizontes porque esto es realmente improductivo” (Frente a Cano, FM Los Altos de Bahía Blanca, 11-02-2026).
A esta crisis del complejo yerbatero, se suma una retracción del empleo formal. Según un informe reciente de la consultora Politikon Chaco, Misiones registró una caída de 9.706 puestos de trabajo formales entre noviembre de 2023 y noviembre de 2025, lo cual representa un descenso acumulado del 8,9%, afectando particularmente al sector de la construcción y otras actividades vinculadas a las economías regionales.
En este escenario, la movilidad transfronteriza tradicional de los “trabajadores golondrina” adquiere un carácter distinto. Lo que durante años funcionó como estrategia cíclica y complementaria de ingresos, en el marco actual se configura para muchas familias como un mecanismo de supervivencia frente a la pérdida de previsibilidad productiva y laboral.
Una frontera históricamente integrada
Separadas por el Río Uruguay, Alba Posse (cabecera del departamento 25 de Mayo, con alrededor de 500 habitantes) y Porto Mauá mantienen vínculos históricos de intercambio comercial y laboral. El paso fluvial que conecta ambas localidades —uno de los ocho pasos habilitados en Misiones— registra un tránsito diario significativo durante la temporada agrícola.

Las autoridades locales estiman que alrededor de entre 400 y 500 personas por día cruzan en balsa para trabajar del lado brasileño. La mayoría son varones jóvenes dedicados a oficios diversos —albañiles, técnicos, tareferos—, aunque también participan mujeres que se insertan en tareas agrícolas temporarias.
En términos salariales, los trabajadores locales señalan que los ingresos ofrecidos en Brasil oscilan entre los 170 y 190 reales diarios para tareas agrícolas estacionales. Según el tipo de cambio vigente al momento del cruce, esto puede representar aproximadamente entre 50.000 y 55.000 pesos argentinos por jornada. En contraste, un tarefero en la cosecha de yerba mate en Misiones percibe alrededor de 15.000 pesos diarios, dependiendo de modalidad de contratación y condiciones específicas. Por ello, en una temporada de tres meses, la diferencia acumulada puede resultar significativa para economías familiares que dependen de ingresos intermitentes.
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Transformaciones estructurales y migración intrarregional
En su Informe sobre las Migraciones en el Mundo 2024, la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) sostiene que la migración laboral intrarregional en América del Sur constituye un proceso dinámico estrechamente vinculado a las transformaciones económicas y a la evolución de los mercados de trabajo. Desde hace décadas, la posibilidad de trasladarse dentro de la región (principalmente por motivos laborales) ha estado facilitada por acuerdos de residencia y libre circulación como los del Mercosur y el Estatuto Migratorio de la Comunidad Andina.
El informe también señala que estos movimientos responden, en gran medida, a asimetrías económicas y a la búsqueda de mejores condiciones de empleo. Sin embargo, la OIM advierte que los cambios recientes en las políticas públicas de algunos países podrían tener efectos de gran alcance sobre los migrantes, tanto dentro como fuera de la subregión.
Esos cambios no se limitan estrictamente al plano migratorio. Las reformas laborales, las transformaciones en los regímenes de protección social, la reducción de mecanismos de regulación y la apertura comercial acelerada impactan de manera directa en economías regionales cuya sostenibilidad depende del trabajo estacional y de cadenas productivas sensibles a los precios internacionales.
En el caso argentino, distintas medidas adoptadas en los últimos dos años bajo la administración de Javier Milei, principalmente en los mecanismos de regulación de economías regionales, han generado debates sobre sus efectos en la estructura del empleo rural. Como señalamos anteriormente, la eliminación de instrumentos que intervienen en la fijación de precios mínimos para productos como la hoja verde de yerba mate, junto con un aumento significativo de importaciones (las cuales se cuadruplicaron durante 2024), han sido señaladas por productores y trabajadores como factores que profundizan la vulnerabilidad del sector. Sumado a esto, la reciente aprobación de la reforma laboral en el Senado, impactarán aún más en la problemática de un sector históricamente caracterizado por la informalidad y la precarización.
Lo que ofrece Brasil a los trabajadores estacionales
Del lado brasileño, el estado de Rio Grande do Sul proyecta para 2026 una vendimia cercana a las 957 mil toneladas, según estimaciones sectoriales, impulsada por condiciones climáticas favorables y la expansión de variedades destinadas a espumantes. Este escenario incrementa la demanda de mano de obra temporaria y consolida a la región como polo de empleabilidad para los trabajadores estacionales del nordeste argentino.
Los salarios ofrecidos superan los ingresos percibidos en actividades rurales similares en Misiones. En muchos casos, los contratos incluyen alojamiento y alimentación, además de formalización mediante vínculos laborales temporarios. Para acceder a estos empleos, los trabajadores deben tramitar el CPF (Cadastro de Pessoas Físicas), equivalente al CUIL argentino, y presentar certificado de antecedentes penales.
Sin embargo, el aumento del flujo también favorece la aparición de intermediarios informales y situaciones de desinformación que pueden derivar en condiciones abusivas o promesas incumplidas. En contextos de urgencia económica, la brecha entre oferta laboral formal y redes informales de reclutamiento se vuelve un punto crítico.
“Allá hay futuro, acá no”. La circularidad de las migraciones laborales transfronterizas
En la mayoría de los casos, el desplazamiento adopta la forma de migración circular: uno o más integrantes del hogar cruzan durante la temporada y regresan al finalizar la cosecha. La decisión está condicionada por el ciclo vital familiar, la existencia de otros ingresos y las responsabilidades de cuidado. No se trata de una movilidad permanente, sino de una estrategia periódica de estabilización económica.
Este tipo de dinámica produce efectos complejos: reorganización de los cuidados, parentalidad a distancia, interrupciones en trayectorias educativas y limitaciones en el acceso sostenido a derechos sociales. La circularidad no siempre responde a una decisión libre y planificada; con frecuencia emerge como respuesta condicionada por la exclusión sociolaboral y por transformaciones regulatorias que reducen la capacidad de sostener ingresos en el lugar de origen.
El cruce diario entre Alba Posse y Porto Mauá, por lo tanto, no puede leerse únicamente como una dinámica coyuntural. Expresa asimetrías estructurales que reconfiguran el mapa de oportunidades laborales en territorios fronterizos donde la movilidad funciona históricamente como mecanismo de adaptación frente a crisis recurrentes. La frase que circula entre los trabajadores fronterizos —“Allá hay futuro, acá no”— sintetiza esa percepción y revela cómo la migración estacional vuelve a convertirse en estrategia de reproducción social en un contexto de crisis e incertidumbre.
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Amante del Jazz, el tenis, el yoga y los idiomas.
La temática migrante condensa algunos pilares que, desde mi punto de vista, son de suma importancia en cuanto seres intrínsecamente sociales: la empatía, el diálogo y el intercambio cultural como formas de construir una mundo más justo, sustentado en el amor y la hospitalidad.
