Para muchos, la música es un lenguaje universal, pero para Maher Bajjour es también el puente que le salvó la vida y lo integró a una cultura completamente nueva. Hoy, este joven sirio se desempeña como profesor de piano y de folklore argentino en la provincia de San Luis. Su camino estuvo marcado por la decisión de dejar Siria para evitar el servicio militar obligatorio y por la determinación de construir una nueva vida fundada en su vocación musical.
La historia de Maher Bajjour enlaza dos mundos: la guerra civil en Siria, que lo llevó a buscar alternativas para emigrar y evitar el reclutamiento militar forzoso, y las aulas de la Universidad Nacional de San Luis, donde hoy enseña piano y folklore argentino. Es un relato de supervivencia y adaptación, atravesado por los traumas de su generación, pero también por un proceso de arraigo social y cultural.
Bajjour llegó al país en 2017 junto a su hermano gracias a un programa para refugiados impulsado por el gobierno puntano, sin hablar una sola palabra en castellano. Tras sopesar varias opciones, decidió seguir su vocación en la universidad pública, donde hizo de la música su herramienta para integrarse a la cultura local. Allí, a fuerza de talento y dedicación, logró incorporarse incluso al plantel docente de esa misma casa de estudios.

La búsqueda de un nuevo destino
Maher Bajjour pasó la mayor parte de su vida en Homs, aunque su familia proviene de Sadad, un histórico y pequeño pueblo mencionado en la Biblia, donde todavía se habla en arameo. En 2011, el estallido de la guerra civil obligó a su familia a desplazarse. Sin embargo, el verdadero punto de quiebre llegó en 2017, cuando la introducción del servicio militar obligatorio por parte del régimen de Bashar al-Ásad lo llevó a tomar una decisión que cambiaría su vida.
Desde el estallido de la guerra civil, millones de personas debieron abandonar el país huyendo de la violencia, en uno de los mayores éxodos forzados de la historia reciente. Si bien desde la caída del régimen más de 1,3 millones de personas refugiadas sirias retornaron a su país, ACNUR estima que más de 3,6 millones todavía permanecen como refugiadas en países vecinos y también en el norte de África. Maher Bajjour forma parte de esa generación que, como cientos de miles de jóvenes sirios, tuvo que emigrar durante los años más duros del conflicto, antes de la caída del régimen.
En Siria, terminar los estudios universitarios significa ingresar de forma obligatoria al Ejército. «En tiempos de paz, el servicio dura dos años, pero en un contexto bélico la realidad es muy distinta», explica Maher. «Y obvio que no quería ir», agregó con total franqueza. «En la guerra no son 2 años nada más, sino hasta que termine la misma: te vas a quedar allá».
Gracias a la gestión un tío abuelo que vivía en San Luis, Maher y su hermano Tamer lograron viajar a la Argentina el 12 de julio de 2017. Su tío abuelo también es descendiente de sirios que emigraron a Argentina en el siglo XX, en el contexto de la Primera Guerra Mundial. La partida, en su momento, implicaba una posibilidad de no retorno: «Lo único que no puedo hacer es entrar a Siria. Si entro a Siria me van a hacer quedar y tengo que hacer el servicio militar obligatorio».
Para Maher, sin embargo, la decisión de no quedar atrapado en el servicio militar obligatorio adquirió un nuevo significado después de la caída de Bashar al-Ásad, en diciembre de 2024. Tras el cambio de régimen, el nuevo presidente sirio Ahmad al-Sharaa anunció la disolución del Ejército y de los organismos de seguridad que respondían a al-Ásad y ordenó la reorganización de las fuerzas armadas. En ese marco, si bien en diciembre de 2024 adelantó que el servicio sería voluntario, el fin del reclutamiento militar obligatorio terminó de consolidarse a lo largo de 2025 bajo la nueva administración. Así, para quienes como Maher, habían tomado la decisión de escapar de Siria precisamente para evitar el reclutamiento forzoso, el escenario cambió por completo. Por ello, en este nuevo contexto, el joven proyecta un reencuentro con sus padres para el año próximo.
La llegada a la Argentina
Cuando Maher subió al avión, su conocimiento sobre el destino final era nulo. «Yo no entendía bien cuando viajábamos en el avión, yo no sabía nada, así que dije: “Bueno, vamos a viajar a Argentina”… Sabía que iba a Argentina, pero ¿adónde?». Al llegar, descubrió que formaba parte del programa para refugiados sirios del Corredor Humanitario la provincia de San Luis, un proyecto coordinado por Liliana Scheines, quien los recibió en el aeropuerto. Instituido en 2016 por el entonces gobernador Alberto Rodríguez Saá, se trató de un programa inspirado en las acciones del Papa Francisco en el Vaticano en pos de bregar por los derechos de las personas migrantes y refugiadas.
Tanto Maher como Tamer como fueron alojados en las residencias de la Universidad de La Punta (ULP) junto a unas 15 familias sirias. No obstante, Maher detectó rápidamente que el entorno comunitario propiciaba un aislamiento idiomático y cultural que dificultaba su integración a la vida en Argentina. Con la firme convicción de asimilarse a la cultura local, tomó la decisión de mudarse a la ciudad de San Luis en 2020.
«Yo quería vivir en Argentina, no quería vivir en un gueto sirio», sentenció, pues su deseo era «hablar como argentino». Para lograr hablar como un local, Maher dejó de lado las estructuras rígidas de los cursos de español. «Olvidé todo lo que aprendí y empecé a imitar a la gente como hablan, sus tonadas y expresiones». Su objetivo era claro: mimetizarse con el entorno y dominar el particular humor e ironía de los argentinos, un rasgo que le sorprendió gratamente por su similitud con el carácter sirio.
Romper el mandato familiar por su vocación
En Siria, Maher estudiaba ingeniería mecánica. Se trataba de una carrera que no respondía a su vocación, sino a un mandato cultural y familiar. «No estudié ingeniería porque me gustó. Fue más una decisión familiar, que te dice que tenés que estudiar algo que te llene de plata». Aunque le atraía la matemática, su verdadera pasión era la música, pues había aprendido a tocar el piano de forma autodidacta a partir de los 15-16 años.
A los seis meses de llegar a San Luis, decidió inscribirse en la Universidad Nacional de San Luis (UNSL) con la ayuda de Ana, una asistente del programa de refugiados. Al revisar la oferta académica, se topó con una opción que cambiaría su vida. «Vi que estaba producción musical. Dije: “Bueno, tiene algo que ver con la música y yo soy pianista. Así que no va a ser tan difícil”». A pesar de las barreras idiomáticas iniciales, sus compañeros de cursada —especialmente una estudiante llamada Julia, que hablaba inglés— lo cobijaron y lo integraron rápidamente en los trabajos.

Su faceta como docente comenzó de manera imprevista en 2019, cuando abrió un canal de YouTube para explicar conceptos musicales en árabe a personas de su país de origen, utilizándolo también como método de estudio personal. Lo que comenzó como un intercambio de conocimientos se transformó en su principal sustento económico durante la pandemia, dictando clases online a alumnos de Alemania, Suiza y Arabia Saudita.
Con el tiempo, su destreza en el piano lo hizo conocido en la carrera, lo que lo llevó a dar clases particulares a sus propios compañeros. Tras años de estudio, se integró al cuerpo docente de la cátedra de Piano IV de la carrera, y poco después, incluso se incorporó como auxiliar en la materia Lenguajes III: Música Popular Argentina, enfocada en la enseñanza del folklore local. Para Maher, este logro encierra una hermosa paradoja: «Estoy dando clases en folclore argentino, que es lo más irónico posible».
El talento de Maher, no obstante, volvió a reconectarlo con su país. Entre 2021 y 2022, el cineasta sirio Alayham Ali lo contactó para musicalizar el cortometraje The Barn («El Granero»), estrenado en 2023. La obra, galardonada como «Mejor Película Social» en la Muestra de Cine Internacional de Bracciano (Italia), está centrada en la historia de un personaje, Samer, un joven sirio cuya vida oscila entre circunstancias extremas a las cuales debe adaptarse. Un testimonio de época, muy caro para una generación que nació en un contexto marcado por la guerra civil, las crisis políticas y económicas, el dolor de perder a sus seres queridos y experimentar los traumas del exilio y el desarraigo.
«Si vos no reaccionás a la primera cosa te vas a acostumbrar a cualquier cosa que es lo peor. Es algo muy humano». Y eso «habla mucho de la comunidad siria, de la cultura siria que se acostumbra mucho», comentó. Para Maher, la raíz de esta resignación en Siria radica en un sistema que no enseña a cuestionar. Al comparar la educación de ambos países, explica: «No hay educación en Siria: hay educación de lo material, como tener más y vas a saber muchas cosas, pero no vas a saber cómo pensar». Esto provoca que a la mayoría de los jóvenes les falte «ese pensamiento crítico», afirma.
Este panorama contrasta drásticamente con la realidad que Maher descubrió al integrarse a la sociedad argentina: «Acá no puedo hablar algo y otras personas me dicen : “Ah, sí, tienes razón tal cual”. No, siempre te van a preguntar». Para él, esta actitud de cuestionar el porqué de las cosas es la base del pensamiento crítico, algo que «no está muy presente en Siria». Según cuenta, en su tierra natal, la estructura social y laboral impone una obediencia ciega que anula cualquier debate: «Sistemáticamente, no se cuestiona. Por ejemplo, si tu jefe te pregunta algo, no vas a cuestionar. No, es tu jefe. Ya está. Y eso es lo que te hace acostumbrar a vivir así, te hacen acostumbrarte a que lo que te piden vas a hacer».
Maher advierte que esta sumisión se transmite de padres a hijos, perpetuando un círculo vicioso: «Alguien tiene que saltar de ese ciclo porque si no va a quedar así». Esa mirada crítica atraviesa también su lectura sobre la transición política en su país. Aunque la administración provisionalde Ahmad al-Sharaa impulsó un esquema de comicios indirectos tutelado por un Comité Supremo —proceso que concluyó a mediados de 2026 con la designación de los 210 miembros del Parlamento de transición tras meses de demoras—, Maher mira el escenario con distancia: «Yo no puedo creer en otro dictador, básicamente», resume; escéptico ante una ingeniería institucional que, a su juicio, no garantiza una apertura democrática real.
Como consecuencia del éxito de The Barn en festivales internacionales, llamó la atención de un director en Dubái, quien lo contrató para componer la banda sonora de una serie completa. Este proyecto culminó en un viaje de diez días a Dubái en marzo de 2024 para la presentación oficial de la serie, donde además pudo reencontrarse con su primo que vive allí. «El director me habló, me dijo: “Tengo una serie, yo escuché tu trabajo y quiero que vos hagas la música”. Me mandó todos los episodios, yo hice la música».
Hoy en día, Maher canaliza su creatividad a través de un trío de jazz fusión contemporáneo, con el cual ha realizado giras por Merlo en San Luis, San Javier en Córdoba y Buenos Aires, experimentando la vida nómada de los músicos. Para él, la magia de los escenarios radica en la improvisación y en la respuesta del público. «No tocamos lo mismo todos los días; improvisamos». Esa entrega absoluta genera momentos de profunda conexión emocional. Maher recuerda con especial emoción una de sus presentaciones: «Una persona se me acercó y me dijo: “Me hiciste llorar”. Y dije: “Yo nunca hice llorar a nadie”… Es algo muy loco».
Dos mundos en la mesa diaria
A pesar de su profunda asimilación de las costumbres argentinas —como su gusto por el asado y el vino local—, Maher busca mantener intactas las tradiciones de su tierra. Dedica tiempo a preparar elaborados desayunos sirios con queso, aceitunas y huevos revueltos, cocina platos tradicionales como el maqlube (arroz con pollo y berenjenas) y elabora de forma artesanal su propio zatar mezclando las especias individuales para lograrlo.
No obstante, el mate no fue una novedad para él al llegar a Argentina, ya que en Siria es una infusión sumamente popular dentro de las comunidades cristianas, drusas y alauitas, aunque se consume en recipientes de distintas formas según la religión. En su hogar en Siria, el mate de la mañana ya era un ritual familiar sagrado. «Nosotros tomamos mate con un vaso, pero es más fino y largo, de vidrio. Pero los drusos toman en un mate como acá. Una diferencia que nunca me di cuenta hasta que vine», afirmó.

Hoy, consolidando su labor como docente y músico en San Luis, Maher mira en retrospectiva el largo camino recorrido desde aquel lejano 12 de julio de 2017. Si pudiera hablarle a ese joven que recién pisaba suelo argentino sin hablar una palabra de español, le daría un consejo profesional y, sobre todo, un mensaje de profunda templanza: «Practicá más piano», le diría, para luego asegurar con total convicción: «No te preocupes, porque todo va a estar bien y la gente de acá siempre te van a ayudar».
Con la certeza de que esa red de apoyo siempre estuvo y estará presente, Maher ya no teme a la incertidumbre del destino. Aquel viejo anhelo de convertirse en músico ha madurado y se ha transformado en un propósito aún mayor: «Ahora mi sueño es viajar con mi música. Tocar en muchos lugares afuera y acá». Al igual que en sus shows de jazz, donde la improvisación dicta el camino y cada día se crea algo completamente nuevo, Maher sigue adelante, listo para dejarse sorprender por el próximo compás de su vida.
Una playlist para descubrir la música de Maher Bajjour:
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Periodista, fotógrafa y viajera, mi vida es una hoja con palabras por escribir y una galería de imágenes que está tejiendo relatos que conectan vivencias, saberes y personas. Mis raíces son migrantes, mis abuelos maternos llegaron de Italia y mi abuela paterna de España, mientras que mi abuelo paterno tiene raices criollas. Nací en Argentina pero viví en España y en Australia. Soy una profesional comprometida que siempre va en busca de nuevas historias.
