En un continente donde los discursos de odio ganan terreno y las políticas migratorias se endurecen, el Servicio Jesuita a Migrantes Argentina-Uruguay apuesta por la construcción comunitaria desde la hospitalidad y la cultura del encuentro. “Las personas migrantes nos enseñan sobre la esperanza, porque han hecho hasta lo imposible para salir adelante; un pueblo que acoge esa fuerza es un pueblo que crece”, afirma el padre Julio Villavicencio S.J., director del servicio en Argentina y Uruguay.
En un contexto regional marcado por el endurecimiento de las políticas migratorias y el avance de los discursos de odio, el Servicio Jesuita a Migrantes Argentina-Uruguay (SJM ARU) emerge como un actor de particular relevancia. Con sedes en Buenos Aires, Córdoba y Uruguay, la organización no solo ofrece asistencia básica, sino que construye redes de vida comunitaria donde la identidad y los derechos humanos son el centro de la acción.
Los procesos migratorios de nuestra región, en la actualidad, se encuentran fuertemente atravesados por el aumento de los desplazamientos internos en el Sur Global y el recrudecimiento de la subordinación a las lógicas e intereses del Norte Global: la expansión de las políticas securitistas, el impacto del cambio climático y de las crisis económicas, el retraimiento de las políticas sociales y el crecimiento de los discursos de odio —entre otros factores— inciden directamente en la capacidad de la sociedad para proteger y garantizar los derechos de las personas migrantes y refugiadas.
En este contexto, van emergiendo actores en la sociedad que reivindican la responsabilidad colectiva frente a las formas de exclusión y vulneración de derechos que afectan a las personas migrantes. El Servicio Jesuita a Migrantes en Argentina y Uruguay es uno de ellos, y surge como una respuesta territorial, humana y espiritual que asume la defensa de la dignidad de las personas migrantes y refugiadas, con el objetivo de contribuir a la construcción de una cultura de la hospitalidad.
En diálogo con Refugio Latinoamericano, el padre Julio Villavicencio S.J., director del SJM en Argentina y Uruguay, reconstruye la trayectoria, la misión y los proyectos actuales de una organización que, desde 2019, viene consolidándose como un actor clave en el acompañamiento a personas migrantes y refugiadas de nuestra región.

Fe y justicia social: el Servicio Jesuita a Migrantes en la obra jesuita
El carisma jesuita (es decir, la identidad espiritual y misionera) de la Compañía de Jesús se basa en el anuncio de la fe y la promoción de la justicia social. En América Latina, nos cuenta el padre Villavicencio, fue sobre todo a partir de la década de 1960 cuando se fortaleció una visión al interior de ciertos sectores de la Iglesia católica y, en particular, de la obra jesuita, según la cual “la fe debe ir acompañada de obras o de acciones de justicia; entonces, en ese sentido, el trabajo de la Compañía se fue comprometiendo profundamente, desde la fe, en acciones concretas en la sociedad, desde el punto de vista de la justicia y la justicia social”. Desde esta perspectiva, el anuncio de la palabra de Dios para el carisma jesuita, y con base en la Doctrina Social de la Iglesia, no puede escindirse de un trabajo concreto frente a la desigualdad, la pobreza y las violencias.
En este sentido, el propio carisma jesuita constituyó una base de inspiración en el desarrollo y la práctica de la Teología de la Liberación, corriente de pensamiento teológico surgida en América Latina al interior del catolicismo, que postula la vivencia del Evangelio como un llamado a la lucha contra la opresión social y a la búsqueda activa de la transformación junto a las personas en situación de pobreza y marginalidad.
El padre Villavicencio recuerda que esta adscripción teológica en América Latina tuvo consecuencias profundas, entre ellas la persecución política de sacerdotes durante las dictaduras militares. Un caso emblemático fue el de los mártires de la UCA: el 16 de noviembre de 1989, en plena guerra civil salvadoreña, un comando del ejército irrumpió en la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA) de San Salvador y asesinó a seis jesuitas —Ignacio Ellacuría, Segundo Montes, Ignacio Martín-Baró, Amando López, Juan Ramón Moreno y Joaquín López y López— junto a Elba Ramos y su hija Celina, a causa de su denuncia de las injusticias y su defensa de las comunidades pobres y campesinas.
El origen del Servicio Jesuita a Migrantes al interior de la obra jesuita se remonta al final de la década de 1970 y al comienzo de los años ochenta del siglo pasado. Su precursor fue el vasco P. Pedro Arrupe S.J. (1907-1991), una figura profundamente comprometida con las problemáticas sociales. Arrupe debió exiliarse en Bélgica tras la disolución de la Compañía de Jesús en su país en 1932; posteriormente, trabajó como capellán de personas hispanohablantes privadas de la libertad en cárceles de Nueva York y, más adelante, fue testigo directo del horror provocado por la bomba atómica que destruyó la ciudad de Hiroshima el 6 de agosto de 1945.
Sin embargo, un acontecimiento en particular terminó de inspirar la creación del servicio: siendo superior general de la orden, Arrupe realizó un viaje a Filipinas, donde conoció el trabajo de la comunidad jesuita en un campamento de personas refugiadas por la guerra de Vietnam. Esta experiencia lo movilizó profundamente y lo llevó a comprender que la Compañía debía pensar acompañamientos específicos orientados a la protección de los derechos y la dignidad de las personas desplazadas y refugiadas por conflictos armados. De allí surgió el Servicio Jesuita a Refugiados. Como recuerda el padre Villavicencio, Arrupe sostenía que “la Compañía de Jesús debía pensar seriamente cómo acompañar a este tipo de población, los que quizá crezcan”.
Con el paso de las décadas, el servicio se expandió a diferentes partes del mundo y fue incorporando nuevas realidades vinculadas a la movilidad humana: no solo personas refugiadas por conflictos bélicos, sino también desplazadas por causas medioambientales, personas migrantes forzadas por crisis económico-políticas estructurales y por violaciones a los derechos humanos, entre otras situaciones. De este proceso de ampliación y adaptación surge el Servicio Jesuita a Migrantes, como expresión contemporánea del compromiso histórico de la Compañía de Jesús con la justicia social.
La fundación del SJM en Argentina y Uruguay
Particularmente en América Latina, el servicio comenzó a desarrollarse en contextos atravesados por conflictos armados internos, como en Colombia, y en la zona fronteriza entre Guatemala y México, durante la guerra civil guatemalteca. Posteriormente, el servicio inició un proceso de expansión territorial que lo llevó, en primer lugar, al Cono Sur, con su fundación en Chile, en el marco de la llegada de personas migrantes, especialmente provenientes de Haití, que arribaban en búsqueda de oportunidades asociadas al boom minero de aquellos años.
La apertura del Servicio Jesuita a Migrantes en Argentina y Uruguay estuvo inicialmente motorizada por la llegada de personas migrantes venezolanas a esta región del continente, impulsadas por la crisis en su país de origen. No obstante, el servicio abrió sus puertas también para acoger a otras comunidades migrantes que ya se encontraban presentes en ambos países.
Según explica el padre Villavicencio, “el SJM en Argentina y Uruguay se crea en el año 2019 convocado por una migración muy específica, que es la venezolana, pero lo que nos pasó fue que, al empezar a abrir el servicio, comenzamos a reconocer un montón de otras realidades que estaban invisibilizadas, ¿no?: mujeres haitianas, presencia de comunidades afro-subsaharianas, personas que también venían escapando del conflicto armado colombiano, y sin hablar de todo lo que ya se venía trabajando desde las parroquias con comunidades migrantes limítrofes, ¿no?, como Paraguay, como Bolivia. Entonces, yo digo que a nosotros la migración venezolana nos permitió conocer un mundo que no estábamos mirando, no estábamos viendo”.
La pandemia de COVID-19 y los comienzos
A poco tiempo de iniciar sus funciones, el SJM ARU se vio atravesado por la pandemia de COVID-19 en 2020, lo que representó un enorme desafío para la institución. Gran parte de la población destinataria, las personas migrantes, perdió sus ingresos como consecuencia del aislamiento social y de su inserción mayoritaria en la economía informal. Frente a este escenario, el SJM ARU trabajó en red con otros actores sociales, como comedores comunitarios, para acompañar a las familias desde lo más elemental, mediante la distribución de bolsones de alimentos e insumos básicos. Como recuerda el sacerdote, “lo que comenzó con ocho familias terminó convirtiéndose en una red que llegaba a alrededor de 70 bolsones de alimentos semanales”.

De este modo, el servicio comenzó a operar en un contexto marcado por el temor, la angustia y la incertidumbre, aunque logró ofrecer un servicio de escucha, cercanía, presencia y asistencia directa. A pesar de ello, la pandemia significó al mismo tiempo una oportunidad para fortalecer la construcción de redes comunitarias, impulsada por el propio contexto, y permitió acceder a nuevos financiamientos destinados al desarrollo de proyectos.
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El horizonte de la hospitalidad
El Servicio Jesuita a Migrantes, como obra de la Compañía de Jesús, es también una obra de la Iglesia católica; por lo tanto, sus raíces se asientan en el Evangelio. Desde esta perspectiva, “una persona migrante, desde la fe católica, es una persona que de alguna manera nos invita a recibir a Jesús, y ahí es donde la categoría de hospitalidad nos permite tender un puente entre el Evangelio y los valores que queremos proponer a la sociedad, el valor humano de recibir al otro”. Basta recordar la parábola del buen samaritano relatada por Jesús (Lucas 10:25-37), donde la empatía trasciende las barreras étnico-culturales, religiosas y políticas. En este pasaje bíblico, la persona semejante es, en verdad, quien es extranjero o extranjera, y hacia quien corresponde brindar respeto y amor. El amor a quien es diferente, a la alteridad, a quien proviene de otro lugar constituye un desafío a la lógica excluyente de algunas personas y, mediante este gesto profundamente revolucionario, Jesús cuestiona los prejuicios étnicos y religiosos de su tiempo y amplía la noción de prójimo más allá de las fronteras del propio grupo, un horizonte que sigue siendo absolutamente vigente en la actualidad.
De este modo, la hospitalidad tiende puentes entre la fe y los valores universales de derechos humanos, y se presenta como una alternativa en un mundo cada vez más hostil e individualista, marcado además por el crecimiento de los discursos de odio de los que las personas migrantes suelen ser objeto. Como señala el padre Villavicencio, “con la hospitalidad tratamos de hacernos cargo de los miedos; no es una hospitalidad ingenua, es una hospitalidad que reconoce que el distinto o la distinta puede generar miedo. Ahora, siempre hay una opción: quedarse en el miedo o traspasarlo. Esa es la propuesta de la hospitalidad, pensar cómo podemos, como comunidad, traspasar el miedo juntos y generar una comunidad hospitalaria”.

Sin embargo, para el SJM ARU la hospitalidad no es solo un valor orientador, sino también una plataforma de acción y una forma concreta de intervención. Implica poner en el centro a las personas y su dignidad, y construir horizontes que resistan los procesos de deshumanización. “Por eso la organización tiende a abrirse a la diversidad de credos y de personas, porque entendemos que hay mucha gente que necesita la reivindicación de sus derechos. Se puede ser refugiado desde muchos otros lugares, pero acá nos encontramos”, enfatiza el padre Villavicencio.
La organización del SJM y sus principales líneas de acción
El SJM ARU se encuentra inserto en una red latinoamericana de articulación con otras instituciones, en la que se comparte información y se diseñan estrategias comunes con una mirada y un alcance regional. A nivel nacional, actualmente está presente en la Ciudad de Buenos Aires, San Miguel (provincia de Buenos Aires) y Córdoba (Capital). Asimismo, el servicio también cuenta con una sede en Montevideo, Uruguay. Cada una de las sedes cuenta con una coordinación propia y se organiza en torno a tres áreas de trabajo: área social, área de educación y área de medios de vida. Las mismas se encuentran atravesadas por tres ejes transversales que son la Hospitalidad y Espiritualidad Ignaciana, la Comunicación y la Incidencia.
El área social constituye la primera puerta de acceso al servicio. Incluye el asesoramiento en procesos de regularización de la documentación, la asistencia en situaciones de vulnerabilidad social, principalmente en lo relativo a la alimentación y la vestimenta, el acompañamiento en la conformación de redes comunitarias, la promoción de la participación social y del empoderamiento personal, así como la derivación a otras instituciones ante necesidades específicas de salud, acompañamiento psicológico u otras problemáticas.
El área de medios de vida tiene como objetivo el acompañamiento en los procesos de inserción sociolaboral. Para ello, se brindan talleres de formación, apoyo en la confección de currículums vitae, y aportes de capital semilla para emprendimientos, entre otras acciones orientadas a fortalecer la autonomía económica de las personas migrantes.
El área educación se estructura en torno a dos dimensiones centrales. Por un lado, el acompañamiento a niños, niñas y adolescentes migrantes en su trayectoria educativa; por otro, la sensibilización de la comunidad y de la sociedad de acogida.
En relación con la primera dimensión, el SJM ARU cuenta con espacios específicos para las infancias, donde se acompaña el recorrido escolar desde una perspectiva integral, valorizando las experiencias educativas previas y brindando apoyo para la inserción en un sistema educativo formal que, en muchos casos, resulta muy distinto al de origen y suele no contar con el tiempo, los recursos ni los enfoques necesarios para este tipo de acompañamiento. En este marco, también se considera fundamental el abordaje de la dimensión identitaria, así como el reconocimiento de los duelos implicados en el proceso migratorio y el encuentro con un nuevo país. Lo que se busca es que niños, niñas y adolescentes cuenten con un espacio de referencia en el que se puedan abordar temáticas que sirvan de soporte a sus procesos de inscripción en las sociedades de acogida.

La segunda dimensión del área educativa se orienta a la promoción de una cultura de la hospitalidad, la valorización de la diferencia y el fortalecimiento de espacios de encuentro entre las comunidades migrantes y la sociedad de acogida. Para ello, se desarrollan dispositivos como talleres destinados a docentes, familias, organizaciones y otros actores sociales. Estas acciones buscan sensibilizar sobre la realidad de las personas migrantes, desmontar prejuicios y miedos, y cuestionar nociones estigmatizantes, como la asociación entre migración irregular y delincuencia, que generan distancia social y reproducen dinámicas de exclusión. En este marco, se impulsan proyectos de sensibilización diseñados para generar diálogos significativos que fomenten el pensamiento crítico en las sociedades de acogida, facilitando una comprensión profunda de la realidad migratoria.
Programas y Proyectos comunitarios como propuesta transformadora
Actualmente, el SJM ARU impulsa programas y proyectos que atraviesan de manera transversal sus distintas áreas de trabajo. Como explica el padre Villavicencio, “en un momento empezamos a darnos cuenta de que abordábamos muchos temas de manera individual o familiar, pero que existía una fortaleza enorme en lo comunitario. Entonces comenzamos a fomentar espacios comunitarios, porque la comunidad, las redes y los vínculos que se generan allí, trascienden al Servicio Jesuita a Migrantes”.
Los programas están diseñados para responder a las realidades específicas de cada territorio. Por eso se articulan de manera transversal dentro de las líneas de acción de los llamados Planes de Vida Comunitarios, priorizando el protagonismo comunitario a través de metodologías participativas, buscando resultados a largo plazo y articulando múltiples áreas del conocimiento. A su vez, los programas se ajustan de manera continua a los cambios del contexto.
Para acompañar el desarrollo de los programas y proyectos, el SJM ARU comenzó a impulsar espacios de encuentro para trabajar sobre herramientas de abordaje, proponer alternativas y proyectarse colectivamente. “Lo que empezamos a trabajar fue cómo construir una línea de base, realizar un diagnóstico situacional y, a partir de allí, identificar problemáticas y necesidades en común”, relata el padre Villavicencio.
Actualmente los programas que se están implementando son: Soy Refugio (que busca agrupar las experiencias de emprendimientos que llevan adelante las personas migrantes), Raíces Hermanas (espacio colectivo integrado por mujeres de las comunidades haitiana y dominicana) y Dispositivos de Alojamiento Temporal (DATS). Además están los proyectos de acompañamientos a infancias y adolescencias en las distintas oficinas del SJM ARU, y el proyecto de Podcast “Rayus & Elas” que enfoca sus episodios en las experiencias, historias y desafíos de las infancias migrantes.

Acompañamientos desde la Espiritualidad Ignaciana
Desde el SMJ ARU además se acompaña el encuentro de las personas migrantes con la dimensión espiritual y la vivencia de la fe, en procesos personales y comunitarios desde una perspectiva integral. Los acompañamientos desde la espiritualidad ignaciana, no se limitan a una pertenencia religiosa específica, sino que se vinculan con todo aquello que promueve la vida en plenitud. Este enfoque permite el diálogo con diversas culturas, creencias y tradiciones, reconociendo la espiritualidad como una dimensión relacional que se construye en los vínculos y en el cuidado mutuo. Asimismo, el acompañamiento a la feligresía católica migrante en su incorporación a las comunidades de fe locales constituye un servicio esencial, facilitando procesos de enriquecimiento mutuo que previenen la fragmentación social y consolidan un camino compartido de encuentro y hospitalidad.
Redes de articulación para el trabajo con personas migrantes
Desde sus inicios, el SJM ARU ha venido desarrollando articulaciones con diversas entidades del ámbito público, privado y de la sociedad civil, lo que le ha permitido amplificar su alcance territorial y potenciar sus intervenciones. En este marco, ha realizado trabajos conjuntos con universidades, como la Universidad Católica de Córdoba, con la cual desarrolló e implementó en 2025 la primera cohorte de la diplomatura “Claves de la Hospitalidad para el Abordaje de la Movilidad Humana Forzada”. Este año se prevé lanzar la segunda cohorte. Además el SMJ ARU trabaja con instituciones estatales como el Ministerio de Desarrollo Social de Uruguay, y de jurisdicción local, entre ellas el CAPEM (Centro de atención a personas Migrantes y Refugiadas) de Córdoba y el Municipio de Moreno.
Asimismo, el SJM ARU articula con sindicatos y movimientos sociales, con organizaciones vinculadas a distintos credos, como la Pastoral Migrante, con asociaciones de personas migrantes, entre ellas la colectividad venezolana, y con organizaciones no gubernamentales que acompañan a personas migrantes y refugiadas, como la CAREF y la Cruz Roja.
Por otro lado, además de sus equipos técnicos, el SJM ARU cuenta con la participación de personas voluntarias que provienen de distintos territorios, credos y espacios políticos, lo que enriquece su trabajo cotidiano y refuerza su carácter plural, comunitario y comprometido con la defensa de los derechos de las personas migrantes.
Desafíos, oportunidades y proyectos futuros
Desde el SJM ARU identifican que buena parte de las principales complejidades del escenario político y social contemporáneo se relacionan con el refuerzo de estereotipos negativos sobre las personas migrantes, cuyo correlato es el endurecimiento de las legislaciones migratorias y el recrudecimiento de las políticas securitistas. Tales endurecimientos buscan, en muchos casos, rédito electoral, apoyándose en el miedo y en la desinformación social. Paralelamente, se observa un achicamiento de las políticas orientadas a la integración y a la protección de derechos, así como una reducción de los recursos destinados a las organizaciones sociales que trabajan con personas migrantes. En este contexto, en junio de 2025 el propio SJM en Argentina emitió un comunicado crítico frente al decreto del Poder Ejecutivo (DNU 366/2025), que, según la organización, representaba un grave retroceso en materia de derechos migratorios, al restringir el acceso a derechos básicos y debilitar la tradición histórica de acogida del país.
En cuanto a las fortalezas con las que se cuenta para esta labor, el SJM ARU destaca la historia compartida de nuestros países como territorios receptores de personas migrantes, la diversidad cultural que los ha constituido y las conquistas legislativas y de derechos alcanzadas en favor de las personas migrantes. En este sentido, para el caso de Argentina la Ley de Migraciones N° 25.871 es reconocida como una de las normas más avanzadas de la región, al consagrar el derecho a migrar y garantizar el acceso a derechos humanos fundamentales.
Asimismo, el SJM ARU subraya que acoger a las personas migrantes no implica únicamente acoger la “vulnerabilidad”, sino también valorar su potencia transformadora: “las personas migrantes nos enseñan sobre la esperanza, porque han hecho hasta lo imposible para salir adelante; un pueblo que acoge esa fuerza es un pueblo que crece, y en nuestra historia está también la grandeza de esa diversidad”. De este modo, acoger a las personas migrantes y su aporte fortalece a la sociedad en su conjunto.
Considerando las amenazas del contexto actual y las fortalezas históricas de nuestra sociedad, el SJM ARU se propone robustecer aquellas líneas de trabajo orientadas a la sensibilización de la sociedad de acogida respecto de la realidad migrante y de los derechos de las personas migrantes. Continuar trabajando desde el horizonte de la hospitalidad se plantea, así, como una apuesta política firme frente al crecimiento de los discursos del miedo, recuperando la dignidad humana y el derecho a migrar como consensos básicos para la convivencia democrática.
¿Cómo colaborar con el Servicio Jesuita a Migrantes?
Una primera forma de colaborar es seguir al Servicio Jesuita a Migrantes en sus redes sociales para conocer sus acciones y dar difusión a su labor. Asimismo, es posible sumarse voluntariamente, en distintas modalidades que van desde la participación en actividades puntuales, como jornadas de armado de bolsones alimentarios, hasta voluntariados más intensivos y sostenidos en el tiempo. Finalmente, también se pueden realizar aportes económicos o donaciones de productos.
Para profundizar en estas iniciativas y conocer las distintas formas de colaboración, se invita a visitar la página web y las redes sociales del Servicio Jesuita a Migrantes Argentina y Uruguay.
Imagen de portada: padre Julio Villavicencio S.J. en Jesuitas (Provincia Argentino-Uruguaya)
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Nacida en Córdoba (Argentina), es licenciada en Trabajo Social y posee un Máster en Migraciones Internacionales, complementado con formación especializada en Antropología. Cuenta con amplia experiencia en gestión territorial, abordaje intercultural, derechos humanos y acompañamiento a personas migrantes y refugiadas. De ascendencia migrante, ha residido en México, Brasil y España. Además, es poeta y apasionada por la literatura en todos sus géneros.
