Desde el histórico Hotel de Inmigrantes —hoy sede del Museo de la Inmigración del MUNTREF— el historiador reflexiona sobre los relatos que construyeron la identidad del país, las fisuras del mito de la «tierra de puertas abiertas» y el desafío de pensar las migraciones del presente desde una mirada profundamente crítica y humana.
En las paredes del antiguo Hotel de Inmigrantes, el Museo de la Inmigración del MUNTREF propone un viaje que va más allá de la nostalgia. El historiador Marcelo Huernos analiza cómo este espacio universitario busca desarmar los mitos de la «tierra prometida» para conectar las memorias del pasado con los desafíos de la movilidad humana en el presente.
Un museo nacido en un sitio de memoria. Hay edificios que guardan historias en sus paredes. El antiguo Hotel de Inmigrantes es uno de ellos. Inaugurado en 1911 como parte de la política estatal de recepción de extranjeros que llegaban al país, ese complejo fue durante décadas la primera escala de millones de personas que cruzaban el Atlántico con la esperanza de comenzar otra vida. Hoy ese mismo espacio alberga el Museo de la Inmigración del MUNTREF, una iniciativa impulsada por la Universidad Nacional de Tres de Febrero. Allí, donde antes se distribuían camas, documentos y alimentos para los recién llegados, ahora se despliega un proyecto museístico que busca pensar la migración no solo como historia nacional, sino como fenómeno global.
Un espacio poroso entre la academia y la sociedad
En diálogo con Refugio Latinoamericano, el historiador y curador Marcelo Huernos, quien se desempeña como investigador y productor de contenidos del museo, explica cómo el museo trabaja para reconstruir las múltiples memorias de la inmigración, cuestionar los relatos tradicionales y conectar esas historias con los debates actuales sobre movilidad humana, identidad y convivencia. El proyecto está profundamente ligado a la lógica de un museo universitario: un espacio que no permanece encerrado en la academia, sino que se abre al debate social. Según explica Huernos, el modelo que impulsa la universidad desde comienzos de los años 2000 busca crear una conexión directa entre investigación, práctica profesional y comunidad. «Un museo universitario no significa un museo que funcione solo dentro de la universidad», señala. «Por el contrario, se trata de un espacio poroso entre la investigación académica y la sociedad». Entre archivos, arte y memoria, desde su apertura en 2013, el museo ha construido un relato que combina documentación histórica, objetos simbólicos, testimonios y expresiones artísticas contemporáneas. La propuesta no se limita a reconstruir el pasado; por el contrario, busca activar lo que Huernos describe como una memoria plural donde conviven experiencias familiares, procesos históricos y transformaciones culturales. El archivo que la universidad desarrolla en torno a la inmigración reúne testimonios orales, materiales fotográficos, documentos consulares, correspondencia personal y registros audiovisuales. Cada uno de esos elementos funciona como una puerta hacia distintas dimensiones de la experiencia migratoria. El visitante puede reconocerse en cualquiera de ellas: en la historia del viaje, en la nostalgia por la tierra de origen o en el proceso de adaptación que define la vida en un nuevo país.

«Otras Basilicatas»: identidades nacidas del intercambio
Huernos observa que las memorias migrantes no son uniformes. Cuando el relato proviene del propio migrante, suele destacar los logros o las oportunidades encontradas. En cambio, las generaciones siguientes tienden a reconstruir con mayor intensidad la memoria del origen y la herencia cultural. El desafío del museo consiste en situar esos relatos dentro de su contexto histórico. Cuando las identidades cambian de orilla, uno de los aportes más interesantes del museo argentino al debate internacional sobre migraciones es su forma de entender la relación entre origen y destino. Las migraciones no solo transforman la vida de quienes parten; también modifican profundamente a las sociedades que los reciben. Los migrantes trasladan tradiciones, creencias y costumbres, pero en ese tránsito también las transforman. Con el tiempo, esas nuevas prácticas terminan integrándose a la cultura del país receptor. Un ejemplo revelador surgió durante la muestra dedicada a la región italiana de Basilicata. Cuando descendientes de inmigrantes participaron en talleres para reconstruir recetas y tradiciones familiares, aparecieron elementos que no existían en la región original. Entre las recetas surgieron alfajores de maicena y puchero. El resultado reveló algo inesperado: la existencia de «otras Basilicatas», identidades culturales nacidas del intercambio entre memoria migrante y cultura argentina.
Desarmar el mito de la «tierra prometida»
Durante décadas, el mito de la tierra prometida para la inmigración en Argentina fue narrado a través de un relato casi épico: el inmigrante que llega con una valija, trabaja incansablemente y finalmente prospera. Ese imaginario, sin embargo, es solo una parte de la historia. Uno de los objetivos centrales del museo es problematizar esa visión idealizada. Las exposiciones buscan mostrar también los aspectos más complejos del proceso migratorio: la discriminación, el desarraigo, los fracasos o las dificultades de adaptación. Muchos migrantes nunca lograron integrarse plenamente. Otros regresaron a sus países de origen. De hecho, cerca de la mitad de quienes llegaron a la Argentina entre fines del siglo XIX y comienzos del XX terminaron volviendo. Estas cifras surgen de los estudios históricos de los registros de entrada y salida gestionados por el CEMLA (Centro de Estudios Migratorios Latinoamericanos). Una fuente primaria que muestra una inmigración golondrina que ayuda a entender el retorno europeo. Mostrar esas fisuras en el relato tradicional no busca desvalorizar la experiencia migratoria, sino humanizarla.
Cuando el visitante descubre que sus propios abuelos o bisabuelos también enfrentaron discriminación, el pasado se vuelve una herramienta poderosa para comprender los desafíos que enfrentan los migrantes actuales. El museo frente a las migraciones del presente en un contexto global en el que las políticas migratorias se endurecen y la xenofobia reaparece en distintos países, los museos dedicados a la migración enfrentan una pregunta inevitable: ¿deben limitarse a documentar el pasado o deben involucrarse en los debates del presente? Para Huernos, la respuesta es clara. No existe una separación real entre documento y compromiso. Desde esa perspectiva, el museo asume una postura activa frente a los discursos xenófobos a partir de la promoción de actividades que visibilicen el aporte de los migrantes a la sociedad y recuerden el papel fundamental que han tenido en la construcción del país. Las decisiones curatoriales también reflejan esa posición. Los testimonios incluidos en las exhibiciones incorporan relatos diversos que muestran experiencias migratorias múltiples y contemporáneas. Una memoria que sigue creciendo. A lo largo de la última década, el museo ha ampliado su mirada sobre el fenómeno migratorio. Si bien en sus primeros años el foco estuvo puesto principalmente en la inmigración transoceánica del siglo XIX y comienzos del XX, con el tiempo el enfoque se ha vuelto más amplio e inclusivo. Hoy el relato incorpora también otras experiencias históricas: la llegada forzada de personas esclavizadas, los refugiados o las migraciones contemporáneas. El resultado es una visión plural, crítica y más cercana a la complejidad real de los procesos migratorios. En los pasillos del antiguo Hotel de Inmigrantes las historias siguen llegando. Ya no lo hacen en barcos cargados de familias europeas, sino en forma de testimonios, documentos y relatos familiares que amplían el archivo de una memoria colectiva en permanente construcción. Para Marcelo Huernos, ese es el verdadero desafío del museo: comprender que la migración no es solo un capítulo del pasado argentino. Es una historia que todavía se está escribiendo. Y que, como toda memoria viva, también nos obliga a preguntarnos qué país queremos ser cuando llegue el próximo barco.
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Es periodista, escritor, guionista y ex vicepresidente de la Sociedad Argentina de Escritores. Nació en Rosario y reside en Mar del Plata desde 1984. Actualmente publica artículos de opinión en el diario Nueva Tribuna y en Público, ambos medios gráficos de Madrid, España. Además, colabora con la sección Cultura del diario La Capital de Mar del Plata.
