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Cada 2 de febrero, la celebración de Yemanjá convoca cantos, ofrendas y memorias que atraviesan África y América Latina. Más que un ritual, es una práctica espiritual de resistencia que honra la maternidad, la vida y la herencia africana históricamente invisibilizada.

Hoy, como cada 2 de febrero en muchos litorales, bahías y playas de Latinoamérica, veremos tambores, cantos y barcazas impulsadas por la fe en la fuerza de la vida. Veremos miel, uvas, sandía, bijouterie y perfumes ofrendados a Yemanjá, la orixá o espíritu divino que tiene su origen en una de las civilizaciones milenarias más influyentes de África, el pueblo o etnia yoruba. Yemanjá es considerada la madre de los orixás, fuerza indomable de las aguas, origen de la vida. 

Yemanjá o Iemanjá es para las religiones de matriz africana el símbolo de la maternidad, la protección, el cuidado y el poder de la vida, siendo además una figura profundamente vinculada al desarraigo ocasionado por la travesía forzada de las personas traídas desde África. La celebración de Yemanjá no es una práctica folclórica, sino un hecho profundamente espiritual, es memoria y resistencia tanto territorial como cultural. 

Del río al mar, de orilla a orilla

En sus orígenes en África, Yemanjá se vinculaba a ríos y aguas dulces, especialmente ligada al río Ògùn (o Kutá). Su asociación con el mar se consolida en América. Yemanjá era una poderosa soberana de Abeokuta, tierra yoruba en Nigeria, nos cuenta Adrián Ricchezza, argentino y pai afroumbandista en Avellaneda. Según el patakí o narración sagrada, Yemanjá huyó del maltrato de su esposo junto a una calabaza sagrada que le fue entregada por su padre, quien le aconsejó abrirla cuando se encontrara en peligro. Al romperla brotó un río inmenso que la llevó hacia el mar arrastrando todo a su paso y uniendo las aguas dulces con las saladas, “desde entonces, ella gobierna los océanos, protege a las madres, a los hijos, a los pescadores y a todos los que lloran por amor”.

Tras su llegada a América de la mano y el corazón de las personas esclavizadas ocurren procesos de sincretismo, resignificación y resistencia a lo largo de siglos de persecución: “Durante la colonización, las personas esclavizadas tenían prohibido practicar sus religiones, por lo que ocultaron a sus deidades detrás de figuras católicas. Así, Yemanjá fue sincretizada con la Virgen María, especialmente bajo la advocación de Stella Maris, protectora de los navegantes”, explica Adrián. 

Devotos celebran el Día de Yemanjá en el centro de la capital de Río de Janeiro. | Foto: Tomaz Silva

El Afroumbandismo en Argentina

Adrián es babalorixá (término africano), pai de santo o pai afroumbadista. Su nombre completo religioso es pai o baba Adrián de Xangó, puesto que Xangó es el orixá que lo rige por nacimiento, lo que significa que su vida y sus actos están sostenidos por la fuerza y la energía de este orixá, siendo la manera correcta de nombrar a un pai o mãe, hacerlo junto al orixá de su regencia. Tiene su templo en Avellaneda desde el año 2007. Él nos explica que uno de los principales desafíos para el acercamiento de las personas al afroumbandismo es la desinformación: “la mayoría de la gente dice ‘pai umbanda’, pero ahí hay un error. Nosotros somos afroumbandistas”.

La umbanda es una religión nacida en Río de Janeiro a principios del siglo XX, que integra elementos del espiritismo, del catolicismo, de la cosmovisión amerindia y de las religiones procedentes de África, entre ellas el candomblé (que es la religión afrobrasileña más antigua, centrada en la veneración a los orixás como fuerzas de la naturaleza). El afroumbandismo, sostiene ese mismo sincretismo, conservando la centralidad del africanismo: “El africanismo es anterior a Cristo. Estamos hablando de la religión más antigua del mundo”, sostiene Adrián.

Nos cuenta además que en África se llegaron a venerar cientos de orixás, vinculados a diferentes fuerzas de la naturaleza y que aquí en América se continuó con unos dieciséis. A pesar de la evangelización y de la búsqueda de invisibilización se fue ramificando hacia sur: “Los orixás siguieron vivos. Pasaron de boca en boca, de generación en generación”. En Brasil, el candomblé, la umbanda y el batuque lograron una convivencia no exenta de tensiones con aspectos de la vida cotidiana e incluso de las prácticas religiosas cristianas. En países como Argentina, en cambio, estas religiones durante muchas décadas permanecieron en los márgenes de la sociedad. 

Pai Adrián de Xangó junto a mãe Ieda de Ogum.

Adrián relata que en Argentina los registros más claros de la práctica de religiones de matriz africana que se tienen datan de la década de 1960, aunque claramente su presencia es anterior: “En la época militar fueron muy combatidas. Era catolicismo o nada”, recuerda Adrián. Recién en los años noventa, con mayor apertura democrática y libertad de culto, estas religiones comenzaron a adquirir mayor visibilidad. 

Sin embargo, hasta el día de hoy, el desconocimiento los prejuicios y la discriminación persisten: “Yo durante mucho tiempo oculté lo que hacía, por ejemplo con mis compañeros de trabajo. Decías que eras afroumbandista y te asociaban directamente con el mal, con Satanás, con la brujería. Hay una desinformación terrible”, lamenta. La estigmatización no sólo afecta a quienes practican estas religiones, sino que también reproduce una negación histórica de la herencia africana en la identidad argentina.

Adrián por su parte nos cuenta que, si bien fue bautizado en el catolicismo, la herencia espiritual que hoy practica le llega a través de su familia. Algunos miembros formaban parte de la Escuela Científica Basilio y del Kardecismo. Su mamá, por su parte, era curandera. En la actualidad, tanto su madre como sus hermanos practican la religión y llevan adelante sus templos al tiempo que trabajan. En el caso de Adrián en una compañía de seguros. 

Actualmente en la iglesia de Adrián participan unas 100 personas en sesiones quincenales. Una de las prácticas que se realizan allí, son las sesiones de kimbanda. La kimbanda, explica Adrian, “es una parte de la umbanda donde se cultúa o rinde culto a espíritus desencarnados que trabajan en el bien común de la gente, para el trabajo, el amor, la salud. La gente ama la kimbanda porque es muy terrenal”. Con respecto a la kimbanda, Adrían nos cuenta que su líder espiritual o mãe de santo es la mãe Ieda de Ogum, quien es una líder y referente destacada riograndense y precursora de la kimbanda en Porto Alegre. Por su trabajo como referente religiosa y su dedicación a la comunidad y la cultura es en Brasil una personalidad reconocida que guía y acompaña a Adrían en su camino espiritual. 

2 de febrero: ofrendas, gratitud, sanación y anhelos

El día de Yemanjá se realiza tradicionalmente el 2 de febrero debido a su asociación con la Virgen de la Candelaria (Nuestra Señora de los Navegantes) de la Iglesia Católica, cuyo día es esa fecha. La celebración se realiza tanto al interior de templos como en las costas.

En el caso de Argentina son conocidas las celebraciones de Mar del Tuyú y Mar del Plata, también las que se realizan en algunos ríos como en Quilmes. En estas celebraciones se practica el batuque, con ceremonias de tambores. A través del batuque que nace en Rio Grande do Sul también se le rinde culto a los orixás, aunque de una forma diferente del candomblé: “el batuque nace en el sur y se adapta al territorio, ya que aquí no tenemos las mismas hierbas, los mismos alimentos ni el mismo clima. El batuque se camina, se danza, no se para. Es cuerpo, es energía en movimiento”, explica Adrián.

En las celebraciones del dos de febrero también se utiliza la salutación referencial y canto dedicado a Yemanjá: “odoyá, omio, odoyá”, palabras en yoruba que significan, para el caso de odoyá: “ella llegó o salve a la madre de las aguas”; y para omio: “agua de la madre”.

Muchas de las personas que participan de la celebración honrando a Yemanjá forman parte de iglesias como la de Adrián, otras sin embargo llegan movilizadas desde otros lugares de vivencia de la interioridad. Se preparan ofrendas con miel, frutas, perfumes y otros objetos. Algunas de estas ofrendas son luego colocadas en pequeñas barcas biodegradables y entregadas al mar. 

Ofrendas a Yemanjá en templo del pai Adrián de Xangó, en Avellaneda.

“Uno deposita su fe: por el amor, por el trabajo, por la salud, por la familia. La fe es universal”, dice Adrián. Para él, no existen tensiones entre aquellas personas que practican la religión y aquellas quienes simplemente se acercan a pedir un deseo: “Son dos formas distintas de vincularse con la misma energía”.

Sin embargo, una de las reducciones más frecuentes es pensar a Yemanjá únicamente como “la diosa del mar”, ya que para quienes comprenden la profundidad de lo que simboliza esta orixá, es mucho más: “Yemanjá es madre por excelencia. Es dueña de la familia, de la gestación, del cuidado. A ella se le pide por problemas familiares, por la salud de las mujeres, por la maternidad, por los hijos”, explica Adrián. Yemanjá es el principio de la vida, es fuerza inmensa, una potencia que puede ser indomable, no es una figura pasiva y complaciente, tampoco representa la romantización de la naturaleza. En la cosmovisión afro, el cuerpo humano, la naturaleza y la espiritualidad están profundamente conectados.

Discriminación, formación y desafíos actuales

En la actualidad continúan existiendo muchos prejuicios con respecto a las religiones de matriz africana vinculados a los procesos históricos de invisibilización y a la falta de información. Persiste una vinculación del afroumbandismo con rituales y prácticas asociadas a lo diabólico: “Nuestra religión es todo lo contrario, es la luz, el contacto con la vida, con lo sagrado”, expone Adrián al mismo tiempo que nos cuenta que ha tenido la oportunidad de participar en reuniones con líderes de otras religiones organizadas por el municipio de Avellaneda: “todos vamos para el mismo lado, tanto sea el cura católico, el pastor evangelio, el budista, todos vamos para el mismo lado, la fe es una sola y se basa en la caridad, aunque vayamos por distintos caminos”.

El Día de Yemanjá es, de esta manera, una oportunidad de acercarnos a una herencia explícitamente invisibilizada: la de la presencia africana en América Latina. Este acercamiento debe realizarse, no como meramente folclórico, si no reconociendo la historia de opresión, la de las religiones perseguidas, la de las memorias que sobreviven en el cuerpo, el canto y el agua. 

Así, la fuerza de Yemanjá puede acompañarnos especialmente en este año, que es el año de Ogún. La regencia de este orixá guerrero nos impulsa a enfrentar adversidades, a la resistencia, abriendo caminos y brindando protección frente a la oscuridad.

Imagen de portada: imagen de Yemanjá en el templo de pai Adrián de Xangó en Avellaneda.


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Cordobesa, licenciada en Trabajo Social con Máster en Migraciones Internacionales y formación en Antropología. Tiene experiencia en gestión territorial, abordaje intercultural, derechos humanos y acompañamiento a personas migrantes y refugiadas. Además, es poeta y amante de la literatura en sus diversos géneros. De ascendencia migrante ha vivido en México, Brasil y España.


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