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Comunidades afectadas por los incendios forestales en Chile denuncian un problema estructural ligado al modelo forestal y a la falta de planificación territorial. Frente a respuestas estatales insuficientes, la autogestión comunitaria emerge como principal sostén ante la emergencia.

Desde el territorio del Bío Bío, Valeria Sepúlveda, presidenta de la Corporación Parque Para Penco, analiza las fallas del modelo forestal y de la planificación territorial en la respuesta a los incendios. En diálogo con Refugio Latinoamericano, advierte sobre el desajuste persistente entre las políticas públicas y las necesidades de las comunidades locales, en un contexto marcado por el avance del fuego, la pérdida de la biodiversidad y el desplazamiento de comunidades.

Un problema estructural y no excepcional

Los incendios forestales que hoy afectan al sur de Chile no son un fenómeno nuevo ni un accidente aislado. En regiones como el Bío Bío, las comunidades locales conviven desde hace años con incendios devastadores que arrasan con viviendas, medios de vida y ecosistemas nativos. Desde el territorio, advierten que no se trata de una consecuencia directa del cambio climático, sino de un problema estructural asociado a un modelo forestal extractivo, una planificación territorial deficiente y una institucionalidad que no logra responder con la urgencia necesaria.

“Hace años que estamos teniendo estos mega incendios, no es algo nuevo. Lo que pasa es que no hay cambios en las políticas públicas. A veces se impulsan leyes como la ley de incendios, y quedan muchos años en el Congreso sin aprobarse”, explica Valeria, quien articula con colectivos de distintas comunidades afectadas.

La falta de voluntad política para avanzar en regulaciones efectivas, sumada a una débil articulación entre distintos niveles del Estado, genera territorios expuestos y comunidades sin herramientas suficientes para enfrentar un riesgo que se volvió permanente. La prevención, la planificación del uso del suelo y la protección de los ecosistemas quedan relegadas frente a intereses productivos.

En zonas como Penco, Concepción y Tomé, los incendios recientes coinciden con áreas de alto interés económico para proyectos extractivos, como la minería de tierras raras o el desarrollo de infraestructura energética. Al respecto, Valeria señala que se trata de “zonas donde hay una alta oposición de parte de la comunidad a que se instalen estos proyectos”, y subraya que en muchos de estos territorios existe además una presencia significativa de biodiversidad que actúa como barrera natural frente a su avance.

En este contexto, Valeria describe una percepción compartida por las comunidades locales frente a los incendios recientes. Al recorrer los territorios afectados junto a vecinas y vecinos que participan en las tareas de remoción de escombros, surge una lectura común sobre lo ocurrido: “ellos saben qué pasó: justo se quemaron, justo nos quemamos, dicen todos”, relata. Estas expresiones no solo reflejan el impacto material de los incendios, sino también la desconfianza acumulada frente a políticas públicas que parecen facilitar procesos de transformación territorial percibidos como ajenos a los intereses locales.

Miles de hectáreas del paisaje central chileno quedan calcinadas por incendios de rápida propagación, que causan más de una docena de víctimas mortales. | Imagen: CSU/CIRA & NOAA/NESDIS

Autogestión comunitaria frente a la emergencia

Frente a la magnitud de los incendios y a la insuficiencia de las respuestas institucionales, la reacción inicial de las comunidades no estuvo guiada por esquemas formales de organización, sino por la urgencia de asistir a quienes lo habían perdido todo. La asistencia inmediata vino de vecinos y vecinas, de las redes comunitarias. Los acopios autogestionados emergieron así como una extensión natural. La prioridad fue asistir a los vecinos afectados, compartir recursos y ofrecer ayuda directa, mientras que las respuestas institucionales son lentas o insuficientes.

Este accionar se consolida gracias a redes territoriales y espacios ya existentes, integrados por organizaciones socioambientales, como el Parque Para Penco, y colectivos vecinales. Valeria señala que esta reacción espontánea se explica, en parte, por la ausencia de una planificación territorial que contemple el riesgo y por la falta de preparación de las comunidades para enfrentar los incendios de esta escala. La expansión del modelo forestal, caracterizado por una alta concentración de plantaciones de monocultivo y una reducción sostenida del bosque nativo, genera territorios donde el fuego avanza con rapidez y donde las condiciones de habitabilidad no están pensadas en función del riesgo ni con una lógica de infraestructura preventiva.

Frente a esta realidad, la autogestión emerge como una respuesta necesaria ante un escenario donde la institucionalidad no logra anticiparse ni responder con la urgencia requerida: “la ayuda más efectiva en este momento fue desde la propia comunidad, porque nosotros conocemos nuestro territorio”. El conocimiento local, como los accesos al cerro y dinámicas específicas de la población local, permite organizar acopios, distribuir recursos y asistir a las familias afectadas con mayor precisión.

Sin embargo, Sepúlveda plantea la necesidad de asumir una convivencia forzada con este riesgo. La planificación territorial “está fallando”, advierte, y agrega que muchas personas no están preparadas para hacer frente a este tipo de incendios: “Tenemos que aprender a convivir con esto, porque la industria forestal ya está instalada. No vamos a cambiar el modelo forestal de un día para otro”, señala. Frente a esta realidad, destaca la importancia de fortalecer la preparación comunitaria: “nos queda que las personas empiecen a aprender cómo tienen que reaccionar cuando ocurren estas emergencias, cómo planificar la casa para cuando haya un incendio forestal, porque nos va a seguir pasando”. Asumir el riesgo se vuelve una necesidad forzada.

Las propuestas son concretas e impulsadas desde el territorio, como la implementación de sistemas comunitarios de almacenamiento de agua o soluciones de emergencia para las viviendas con baja presión hídrica, como sistemas de riego. “Las soluciones tienen que venir de la comunidad”, afirma Valeria, y enfatiza la importancia de fortalecer la autonomía comunitaria como estrategia para reducir los impactos inmediatos, promoviendo respuestas adaptadas a cada territorio. Esta necesidad expone una falla estructural: la ausencia de políticas públicas integrales que articulen prevención, planificación territorial y un cuestionamiento de fondo al modelo forestal vigente.

Defender la biodiversidad para sostener la comunidad

Desde la Corporación Parque Para Penco, el eje del trabajo está puesto en la preservación de los bosques nativos y la biodiversidad local. La defensa del bosque nativo no es solo una cuestión ambiental, sino una condición central para la vida comunitaria y la capacidad de enfrentar crisis. Desde la experiencia del Parque, Valeria advierte que la recurrencia del fuego no puede entenderse sin considerar la degradación de los ecosistemas locales y la pérdida de la biodiversidad: “No estamos teniendo incendios por el cambio climático, sino por la pérdida de biodiversidad de los ecosistemas locales”, sostiene.

La sustitución del bosque nativo por plantaciones forestales no solo acelera la propagación del fuego, sino que debilita los equilibrios ecológicos que históricamente permitieron amortiguar eventos extremos. La pérdida ambiental también se traduce en pérdida social: comunidades con menos herramientas naturales y colectivas para enfrentar emergencias cada vez más frecuentes.

Frente a este escenario, “más allá de la romantización de ser resilientes, hay que apuntar a soluciones concretas”, señala. La protección del bosque nativo, la planificación territorial y el fortalecimiento de las comunidades aparecen como dimensiones inseparables para sostener la vida colectiva en territorios cada vez más expuestos al fuego.

Los incendios del sur de Chile no solo dejan territorios arrasados y comunidades desplazadas, sino que vuelven a poner en evidencia las consecuencias de un modelo de desarrollo que ha priorizado la rentabilidad por sobre la protección del ecosistema. Las respuestas comunitarias, si bien funcionan como un sostén inmediato, también son una señal de alerta: sin transformaciones estructurales en las políticas públicas, la planificación territorial y el modelo forestal vigente, la crisis seguirá reproduciéndose en los mismos territorios.

Imagen de portada: vista del incendio forestal en San Carlos de Apoquindo, en la comuna de Las Condes, Chile, 29 de diciembre de 2025. | Foto: Aeveraal


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Imagen de la periodista Ema Balaguer en la web de Refugio Latinoamericano.
Equipo periodístico |  + notas

Licenciada en Relaciones Internacionales por la Universidad de San Andrés. Nacida en Francia, ha residido en Argentina y Chile. Cuenta con experiencia en gestión de personas refugiadas en el marco de su labor con ACNUR. Actualmente se desempeña como profesora de investigación en diversas instituciones educativas de la Ciudad de Buenos Aires.


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