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En un marco de polarización profunda, la comunidad brasileña en Argentina se prepara para la contienda electoral del próximo 4 de octubre. En los comicios de 2022, votó de manera contundente —con un 64 % de los sufragios— a favor de Luiz Inácio «Lula» da Silva, y ahora organiza fiestas y encuentros de cara a este nuevo proceso. La coordinadora de la campaña del PT en el país, Renata Codas, conversó sobre los principales logros de la gestión del actual presidente brasileño, los desafíos que se avecinan y la importancia de la votación en las distintas ciudades del país.

En un paralelo con la película —brillante— de Walter Salles, la comunidad brasileña en la Argentina se prepara para las elecciones a presidente del 4 de octubre: bajo la sombra de una polarización que parece no tener fin, Brasil promete irradiar para bien o para mal, con sus próximos comicios, el destino de toda la región. En Argentina, unos 67 mil brasileños y brasileñas se preparan para la confrontación del histórico dirigente del Partido de los Trabajadores (PT), Luiz Inácio «Lula» Da Silva, y el hijo del expresidente Jair Bolsonaro, Flávio, con diferentes actividades y propuestas para aligerar la espera.

Renata Villela Benitez Codas es abogada, egresó de la Pontificia Universidad Católica de San Pablo y trabajó en la evaluación de proyectos junto a organizaciones sociales, organismos públicos e internacionales. Llegó a la Argentina hace más de quince años: estudió una especialización en Economía Social y Gestión de Políticas Públicas en FLACSO, trabajó en la Secretaría de Desarrollo Social de Quilmes en programas de desarrollo social e infancias y, en la actualidad, trabaja como asesora en la Subsecretaría de Coordinación Económica del Ministerio de Hacienda y Finanzas de la Provincia de Buenos Aires.

La joven, que coordina la campaña del Partido de los Trabajadores (PT) en Argentina, conversó con Refugio Latinoamericano sobre las próximas elecciones, desde cuándo reside en Buenos Aires y hace campaña por el PT: «Llegué a Buenos Aires hace quince años, era una alternativa en mis estudios. Estaba buscando experimentar la vida en otros países. En un momento se dio la oportunidad de viajar, pero Chile estaba muy caro, México era muy lejos y Argentina estaba en el medio. Me organicé para estar un año y, finalmente, me quedé. Me encanta la ciudad, por más que me costó la adaptación, tuve muy buenas oportunidades y siempre me recibieron con los brazos abiertos», dice, ahora, mientras menciona que más de 900.000 personas están habilitadas a votar fuera de Brasil de un total de 158,7 millones de electores habilitados.

—¿Cómo trabajaron durante esta primera campaña del PT en Argentina?

—En 2022 arrancamos a medir cómo era la comunidad de brasileños y brasileñas en Argentina: en la actualidad somos unos 67.000 en total. Aunque viene bajando el registro desde la pandemia. En el último tiempo vemos que grupos de amigos completos se fueron y creemos que alcanza a unos dos mil en total. Quizás por diáspora, pero también por el ciclo económico que comprometió la vida de las personas migrantes. Tenemos registros de que los migrantes se concentran en la Ciudad de Buenos Aires. Le siguen Rosario, La Plata, Mar del Plata, La Rioja, Misiones y Corrientes. Para votar en Argentina tenemos que hacer un trámite que es la transferencia del domicilio electoral: se empadronaron unos 13.000. Hay, además, un fenómeno que viene caracterizando a la sociedad brasilera aquí que son los estudiantes de Medicina, porque en Brasil no tenemos una política educativa universal: por un lado, hay límites a los cupos en las facultades públicas y, por otro, las universidades privadas son extremadamente caras. Por eso, por ejemplo, la Fundación Barceló abrió una Facultad de Medicina en La Rioja y hay más de 1000 estudiantes que residen en la ciudad. En Argentina hay cinco sedes electorales para votar: Buenos Aires, Mendoza, Córdoba, Corrientes y Misiones. Por eso también trabajamos muy fuerte en la campaña en Buenos Aires, Rosario, Mar del Plata, porque es el distrito más importante.

—¿Cuáles fueron las principales estrategias que desplegaron en esta campaña 2026 por la presidencia?

—Uno de los puntos radicó en ampliar el debate y destacar la importancia de las elecciones de Brasil en Argentina. En 2022 tenía un sentido, pero hoy tiene otro. Por eso, desde la coordinación de la campaña, nos propusimos hacer entrevistas de vinculación y también proponer encuentros con la estructura que nos brindan las compañeras y compañeros de Argentina para esas actividades. Porque los núcleos que conforman el PT no tienen recursos ni financiamiento, solo nos llegan algunos materiales y todos los y las militantes son voluntarios. Es un trabajo que hacemos para organizarnos y por eso son importantes los espacios de solidaridad en centros culturales o caravanas para hacer encuentros. Para llegar a toda la comunidad en el país estamos haciendo un trabajo, claramente, más territorial y una forma es a través de la cultura como las fiestas con comidas típicas. Las comunidades tienen que sentir esa pertenencia de poder conectar a las personas con su país, con sus raíces, que es muy complejo. De hecho, el lema de la campaña es: «Ainda estou aquí» («Todavía estoy aquí»). Por eso, aún estamos aquí, por cualquier motivo o hecho que hayamos elegido vivir en este país.

—En un marco de polarización creciente, a diferencia de las elecciones anteriores donde la mayor parte de las y los votantes brasileros se inclinó por Lula, ¿cómo ves estos comicios y cómo se preparan en Argentina?

—La consigna del PT en esta campaña es justamente hablar, dialogar, buscar consenso. Por eso tratamos de ampliar un poco más y trabajar para poder reunir votos, que es nuestra misión. Esos encuentros tratan de reunir esas miradas, en este contexto de polarización y de hostilidad que vivimos hoy, con la excusa para vernos todos juntos. Por eso les pusimos «Encuentros por la democracia»: hay que ampliar la mirada. Sin embargo, creo que esta victoria será más ajustada, no creo que se repitan los resultados de la elección pasada: en Argentina, de hecho, ganamos con el 64 por ciento en ambas vueltas. Esta vez que viajé a Rosario me sorprendí con algunos estudiantes de primer año de Medicina que no quieren hablar, por ejemplo, de salud pública. O quizás otros que apoyan a Lula desde hace varias gestiones. Hay de todo un poco, en un panorama muy complejo, pero hay que creer en la capacidad de cambio del voto. Lula siempre dice que «el pueblo no se equivoca». Es una frase que me marcó mucho porque, por ejemplo, cuando le echan la culpa de los males al evangelismo. Yo creo que la gente toma decisiones basada en su experiencia, en su vida, en su propia trayectoria. Hay grupos más o menos permeables desde la derecha o la izquierda. Pero no se puede subestimar a esas personas por ignorantes, porque después dicen lo mismo de nosotros que votamos a Lula porque «somos pobres, por el plan», con ese único discurso. Hay que tener la posibilidad de escuchar, de percibir, de disputar sentidos.

—El Tribunal Superior Electoral propulsó ciertas reglas para la transparencia de estas elecciones con la regulación del uso de la Inteligencia Artificial. Aún con estas medidas en redes sociales y plataformas, ¿creés que la manipulación de las tecnologías puede influir en los resultados?

—Este año existen muchas reglas para regular la campaña: desde el uso de la IA hasta la intervención sobre distintas figuras. Es todo nuevo: por ejemplo, Bolsonaro está preso y no puede participar, pero un holograma de él ¿sí? Esos son los grises que no están tan claros. Lo que notamos es que hay bastantes restricciones en los eventos o materiales. Por ejemplo, ninguno puede orientar el voto en otra lengua ni financiar la campaña. En el caso de Brasil, quizás, a diferencia de otros países, no tenemos acceso a los padrones electorales para saber quiénes votan. Las leyes brasileras son muy estrictas en algunos puntos y es otra lógica realmente que la que tienen otros países en sus elecciones.

—En Argentina, en la actualidad, se encuentran al menos 100 prófugos brasileños, que fueron condenados por el intento de golpe de Estado de 2023, ¿cómo trabajan en los cuidados de estos grupos?

—Nos estamos cuidando de estos grupos, pero, al mismo tiempo, continuamos haciendo la vida que llevábamos. Tratamos de no exponernos tanto, por ejemplo, cuando nos invitan a hablar de temas polémicos o a una entrevista en un canal de televisión abierta. Hace poco tuvimos un momento: cuando fue la redada de la Policía en un morro en Río de Janeiro, una compañera fue al estudio de un programa y le dieron la palabra por tres segundos. En las redes también nos cuidamos, pero yo recibí un mensaje de haters en el Facebook recién el 7 de septiembre, o sea que vamos bastante bien (risas). En los encuentros lo hacemos en grupos cerrados, no estamos en la calle, lo principal es no exponerse. En el caso de las publicaciones locales también tenemos mucho cuidado con los mensajes porque más allá de ser mujer y hacer política también soy migrante. Pero el caso, además, es que el bolsonarismo acá no se encuentra organizado. Incluso si lo estuviera, tampoco sería tan malo: es una fuerza política y sería interesante debatir.

—Esta es la tercera gestión de Lula frente a la presidencia, Brasil salió del denominado «mapa del hambre» y obtuvo, con el despliegue de una política pública como PIX (el sistema de pagos instantáneos y transferencias en tiempo real de Brasil, creado y administrado por el Banco Central de ese país), todo un marco de soberanía en las transacciones que hoy son territorio disputa de tarjetas de crédito y bancos extranjeros: ¿Cuáles pensás que son los principales logros en las políticas públicas?

—Lula decía el otro día, en una entrevista, que es mucho más difícil refaccionar una casa que construirla de cero: pasamos por la presidencia de Dilma Rousseff, luego llegó Michel Temer y, más tarde, Jair Bolsonaro, que fue muy dañina y degradante para el Estado brasilero. La reconstrucción es muy compleja, pero hay cosas, sin dudas, que podemos destacar: creo que la salud pública adquirió otra preponderancia con las últimas políticas, por ejemplo, en la adquisición de medicamentos de uso continuo que se otorgan de manera gratuita o muy económicos en el sistema público. Hay una lógica de protección para las enfermedades de base que evitan, después, más problemas a futuro. El avance de algunas áreas en Educación es muy interesante también, por ejemplo, con el apoyo para los estudiantes secundarios o también de soberanía digital y tecnológica. En el caso de PIX es interesante como política pública y como bancarización de las transacciones en todo el sistema financiero mediadas por el Banco Central de Brasil. Esa centralización de las autoridades bancarias del país nos da autonomía y por eso también empresas privadas y extranjeras como VISA, desde los Estados Unidos, pusieron el grito porque no los favorecen. También me parece interesante la reducción del Impuesto a las Ganancias, que es uno de los lemas de la campaña, hasta los 5000 reales, que son unos 1000 dólares, que repercutió bastante en el sistema formal. En relación con el desempleo también, porque bajó y el salario mínimo, hoy, está en 1600 reales como referencia.

—El Partido de los Trabajadores (PT) cumplió 46 años de existencia. ¿Qué problemáticas deberá afrontar frente a este nuevo posible mandato? Pienso, sin dudas, en la reforma laboral que no pudieron revertir en estos años.

—Sí, hay grandes desafíos por cumplir todavía. Esos cambios dependen también del Congreso Nacional, como en toda República donde opera el Poder Legislativo, que puede propulsar o frenar reformas concretas. Hoy, por ejemplo, tenemos un proyecto importante para la reducción de la jornada laboral (N. de la R.: la reforma elimina el horario laboral 6×1 y establece una jornada semanal de cinco días laborables con dos días de descanso remunerado), pero todo dependerá del sistema democrático y republicano con su puja de poderes. Este año se renueva la Cámara de Diputados y también del Senado, también hay elecciones en los Estados para gobernadores y diputados provinciales: ese es un escenario clave para garantizar una mayoría importante.

—¿Cómo fue tu propio recorrido en la militancia? ¿Por qué te parece importante en este momento pensar en la comunidad?

—Cuando llegué en 2017 a Buenos Aires comencé a formar parte de un grupo de migrantes que se llamaba Colectivo Passarinho, aunque nunca había tenido militancia partidaria y en San Pablo solo me encontraba cerca de organizaciones sociales o no gubernamentales con las que trabajaba en políticas sociales, que fue siempre mi foco profesional o laboral. Mi familia tampoco tenía una trayectoria político-partidaria o de militancia. Aquí comencé a entender un poco y a hacer ese clic político, cuando entendés que no sos una extranjera sino que sos migrante. Entonces pensarme en ese sentido fue un quiebre, en el sentido de percibirme como parte de una comunidad con los bolivianos, los chilenos, los paraguayos, los venezolanos o los colombianos, cuando muchas veces nos diferenciamos porque no tenemos algunos de los problemas que los demás tienen en cuanto al acceso de documentación, a los convenios entre nuestros países, en el perfil de los estudiantes que llegan a la universidad. Pero en esos momentos en que nos sentimos afectados o vulnerables frente a un Decreto de Necesidad y Urgencia que habla de «deportación», entonces cobramos conciencia de nuestra condición de clase y de que somos realmente migrantes. Esos pensamientos cambiaron de manera profunda mi compromiso con otras luchas: en un momento me invitaron a militar de manera partidaria y yo no entendía mucho sobre eso, pero cuando Lula salió de la cárcel medité todo lo que había pasado y cómo sobrevivió a tantas cosas, entonces pensé que si tenía una oportunidad en esta vida de hacer algo para que ese hombre fuera electo de nuevo no tenía más que ponerme una remera y hacer campaña porque fuera presidente otra vez. Ese es mi compromiso con Brasil.

El próximo domingo 4 de octubre, desde las 8 hasta las 17, las y los electores podrán presentarse a votar en la Embajada de Brasil en Buenos Aires (Cerrito 1350, CABA) o en otras sedes como los consulados brasileros en Mendoza, Córdoba, Puerto Iguazú (Misiones) y Paso de los Libres (Corrientes).


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Tamara Smerling (Rosario, 1977) es periodista, escritora y doctora en Ciencias Sociales y Humanas. Trabajó en medios como El Ciudadano, Clarín, Perfil y Crítica, y en revistas como Rolling Stone y Caras y Caretas. Realizó investigaciones periodísticas para los libros «Boquita» y «El Interior» de Martín Caparrós. Fue productora de programas culturales en Canal (á), History Channel y Canal 7. Publicó «Un fusil y una canción» (Planeta, 2014, junto a Ariel Zak), «La otra pantalla» (ediciones Educar, 2015) y «Serrat en la Argentina. Cincuenta años de amor y aventuras» (Planeta, 2019).


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