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A 15 años de su fundación, la Red Sudamericana para las Migraciones Ambientales (RESAMA) articula investigación, incidencia internacional y escucha directa a las comunidades para construir respuestas jurídicas y políticas frente a un fenómeno que crece: el desplazamiento de personas por desastres climáticos y ambientales.

A quince años de su creación, la Red Sudamericana para las Migraciones Ambientales (RESAMA) se consolida como uno de los principales ámbitos de articulación en la región para el reconocimiento jurídico de quienes deben abandonar sus territorios por causas climáticas. En esta entrevista, su cofundadora Erika Pires Ramos analiza el camino recorrido desde la incidencia en las Naciones Unidas hasta la escucha directa en los territorios, subrayando que la movilidad ambiental es hoy uno de los mayores desafíos para los Derechos Humanos en América Latina.

Erika Pires Ramos, además de cofundadora de RESAMA, es investigadora con un doctorado por la Universidad de São Paulo en derecho internacional público, enfocado en un abordaje internacional crítico para los «refugiados ambientales». Desde São Paulo, Brasil, nos cuenta cómo surgió la red y nos brinda detalles sobre el trabajo que realizan.

Un activismo centrado en las comunidades

En São Paulo —solo por citar un caso—, las comunidades que están perdiendo su territorio como consecuencia de los procesos erosivos en la Isla del Cardoso tienen una demanda concreta: poder adaptarse en una porción del mismo lugar para que sus modos de vida, su cultura y su identidad no desaparezcan junto con el territorio. Pires Ramos lleva quince años intentando que demandas como estas sean escuchadas.

En el actual contexto de cambio climático, los eventos relacionados con el clima se producen con mayor frecuencia e intensidad. Las inundaciones, las tormentas, las sequías extremas, los incendios, están generando el desplazamiento interno y transfronterizo de miles de personas en la región. Según el informe del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) titulado No Escape II: The Way Forward, a nivel mundial, desde 2014 hasta 2024, los desastres relacionados con el clima han provocado unos 250 millones de desplazamientos internos. El mismo informe señala que en Rio Grande do Sul, en el sur de Brasil, las inundaciones extremas de mediados de 2024 desplazaron a 775 000 personas y afectaron a 43 000 refugiados y otras personas que necesitaban protección internacional. Muchos de los asentamientos de refugiados se ubican en zonas que experimentan condiciones climáticas más adversas que las de sus países de origen.

En este marco, a lo largo de los años, mediante el mapeo de normativas, el análisis de datos y la participación en foros internacionales, RESAMA ha sido una pieza clave en la elaboración de instrumentos para el reconocimiento jurídico de las personas en movilidad o en situación de inmovilidad por factores ambientales.

Uno de sus logros fue llevar la perspectiva regional de movilidad ambiental a espacios internacionales como el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas y contribuir para el abordaje por primera vez de la temática en la Conferencia sobre la Condición Jurídica y Social de la Mujer. Pires Ramos nos cuenta que la práctica de investigación, la participación en procesos consultivos regionales con la facilitación de talleres para autoridades clave, fueron pilares para que los Estados reconozcan la necesidad de protección internacional y a nivel interno a personas afectadas y desplazadas en contextos de desastres y cambio climático.

Además de incidir en agendas globales, RESAMA se involucra con las comunidades locales y lucha para que se preserven los modos de vida, cultura y saberes ancestrales de comunidades que perdieron —o están en riesgo de perder— sus territorios debido al cambio climático.

Los orígenes de la organización y sus fundadoras

RESAMA fue creada en 2010 por dos mujeres: Erika Pires Ramos y Alba Goycoechea (desde Brasil y Uruguay, respectivamente). Se conocieron ese año en un evento organizado por Naciones Unidas en Uruguay y las unió el deseo de abordar y visibilizar el fenómeno migratorio por desastres ambientales de manera integral, tema que hasta ese entonces era tratado de forma muy fragmentada.

«Yo estaba por concluir mi tesis doctoral y percibí que el tema estaba muy poco tratado. Estaba investigando un abordaje más integral, en el que concluía que las soluciones no podían partir de una única agenda ni de agendas separadas, porque el fenómeno comprende un conjunto de dinámicas que contribuyen a este proceso migratorio», comenta Pires Ramos. «La creación de RESAMA fue muy artesanal y sin fondos propios. La idea era crear un espacio independiente donde pudiésemos hablar sobre la temática y conectar más con investigadores de Sudamérica», agrega.

En aquel momento, la migración ambiental no era un tema del que se hablara mucho y las investigaciones en la región eran muy escasas. De allí surgió la necesidad de profundizar la comprensión de las dinámicas de este fenómeno que parecía ser más complejo de abordar de lo que se creía.

«Teníamos muchos retos en términos de articular esas agendas», sostiene Pires Ramos. Uno de ellos fue el reconocimiento jurídico de las personas migrantes por causas ambientales. «Fue por ahí que pensé la fundación de la red para trabajar por el reconocimiento legal de las personas que estaban en estos contextos afectados por desastres, cambios climáticos y cambios ambientales en general», señala. «Desde aquel momento ya pensaba en términos más amplios, porque el ambiental no involucra solo lo climático, sino que involucra muchas más dinámicas, y en trabajar específicamente con esa demanda del reconocimiento jurídico», agrega.

El equipo de RESAMA, durante un encuentro del proyecto «Desde las Bases» en São Paulo, Brasil | Foto: gentileza

La búsqueda de incidir en las políticas públicas

La labor de la red ha implicado un largo camino recorrido en materia de incidencias hasta hoy. «Empezamos a impulsar procesos de incidencia para plantear que era necesario articular a la región y reconocer la necesidad de protección internacional para las personas migrantes por desastres ambientales», subraya Pires Ramos.

RESAMA comenzó a desarrollar mapeos de normativas y buenas prácticas, y a participar activamente de procesos para la elaboración de políticas públicas e instrumentos internacionales en distintos espacios regionales y globales.

Desde entonces la red ha participado en distintos procesos (ej.: eventos académicos, foros internacionales, espacios de discusión regional, reuniones y conferencias sobre cambio climático, derechos humanos y migración) como parte de comités asesores, así como también a través de la producción de datos, la elaboración de documentos y recomendaciones sobre desplazamiento por desastres, y la preparación de talleres de capacitación. Algunos ejemplos de estos espacios fueron el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, la CEPAL, el Pacto Mundial para una Migración Segura, Ordenada y Regular, el Foro Mundial sobre Migración y Desarrollo y el Climate Week en Nueva York, Estados Unidos.

«También aquí en la región —América Latina— participamos en la facilitación de talleres que dieron origen a lineamientos para los Estados en materia de protección transfronteriza por invitación de la Plataforma sobre Desplazamiento por Desastres (PDD) y la OIM, con quienes colaboramos por muchos años. A lo largo del tiempo, además, fuimos poniendo atención en los desplazamientos internos, porque este fenómeno es un continuo que muchas veces comienza dentro del propio Estado. La movilidad humana por razones ambientales es predominantemente interna y las cifras se incrementan cada año, aunque no tengamos una categoría específica de desplazamiento ambiental en las bases de datos y en las normas internas de los países», comenta Pires Ramos.

A lo largo del tiempo, RESAMA también fue mejorando las estrategias de investigación y mapeo, especialmente a nivel del trabajo de organizaciones internacionales y subregionales. «Realizamos mapeos en el ámbito regional y subregional buscando entender los vacíos e incidir para incorporar la movilidad humana en las agendas ambientales, climáticas, de reducción de riesgo de desastres, humanitarias y de desarrollo sostenible, y también a la inversa: incluir el enfoque climático y ambiental dentro de las agendas de movilidad. Además, en el nivel interno de los países. Todo esto con el objetivo de fortalecer esa articulación», destaca Pires Ramos.

Encuentro presencial del proyecto «Desde las Bases» | Foto: gentileza

El trabajo junto a las comunidades locales

«Luego de establecer esta necesidad de reconocimiento, incidencia y fortalecimiento de capacidades con organizaciones internacionales y gobiernos, empezamos a mirar hacia el lado más importante, que es el de las comunidades. Porque también concluimos que trabajar con una demanda por derechos exige un contacto más directo con la realidad vivida por las comunidades en sus diferentes territorios y contextos», comenta Pires Ramos.

RESAMA siguió trabajando en el reconocimiento pero a través de la escucha a las comunidades afectadas por desastres ambientales. «El destinatario de las políticas públicas tiene que participar efectivamente y de manera informada de estos procesos», sostiene Pires Ramos.

En América Latina, las políticas migratorias internas de los países se han ido desarrollando tras la aparición de crisis ambientales —como desastres que generan desplazamientos masivos—. «Hay casos históricos como el huracán Mitch, por ejemplo, que cambió las políticas migratorias en Centroamérica; el terremoto de Haití que produjo migración haitiana hacia Brasil, que también fue clave para un cambio en la política migratoria brasileña», señala Pires Ramos.

En la actualidad, RESAMA trabaja preferentemente acompañando y ofreciendo sus capacidades a las comunidades locales desplazadas, dialogando con ellas para comprender sus dinámicas y destacando la importancia de su participación en la toma de decisiones políticas, pero también de la construcción de las estrategias comunitarias.

«En este momento, personalmente tengo un enfoque más dedicado al trabajo a nivel local. Pienso que nosotros, como académicos, tenemos una misión muy importante: cuestionarnos para qué y para quiénes estamos produciendo conocimiento, y hacer algo no solo sobre las personas, sino con las personas. Ese es un poco el cambio que fui transitando a nivel personal; y, como también soy cofundadora y quien dirige la organización, fuimos modificando el enfoque. Es decir, cambiamos el abordaje para dar cada vez más legitimidad a los trabajos que hacemos y a las personas por quienes trabajamos», resume Pires Ramos.

Cuando la red conversa con las comunidades locales, tiene en cuenta que cada contexto es distinto. Pires Ramos comenta que «hay que mirar, por ejemplo, a los territorios y a los grupos que viven allí, porque las medidas, por ejemplo, de adaptación de prevención, a veces son un poco distintas para determinados grupos y comunidades».

«Cuando pensamos en una movilidad justa y digna, tenemos que pensar también en los modos de vida de las personas. Y esto no sólo incluye el territorio, quiénes o cuántas personas son, sino cómo viven, porque el impacto es muy grande; no solo a nivel material, sino también a nivel inmaterial: en la cultura, las tradiciones y los rituales», destaca Pires Ramos.

Observar las dinámicas ambientales, sociales y políticas influye en la capacidad de los Estados y de las comunidades de responder al desastre ambiental. La existencia de mecanismos de prevención y normativas de protección de los ecosistemas condiciona la respuesta ante un desastre, especialmente cuando este se ve agravado por los efectos del cambio climático.

En base a estas realidades, RESAMA trabaja para visibilizar y colaborar para llenar el abismo entre lo global y lo local; es decir, entre la implementación de convenciones internacionales y la implementación a nivel nacional y local.

Un proyecto para preservar saberes y culturas frente al cambio climático

Uno de las iniciativas más interesantes de la red es el proyecto Desde las Bases, una iniciativa que busca poner en el centro a las comunidades directamente afectadas por el cambio climático a partir de los conocimientos e iniciativas comunitarias en América Latina y el Caribe.

«Este fue el primer proyecto financiado de la red y buscamos hacer una construcción colectiva, a partir de iniciativas comunitarias que fuimos mapeando. Logramos realizar talleres para fortalecer capacidades de acuerdo con las demandas de las organizaciones participantes y un encuentro presencial en São Paulo para reconocernos y fortalecernos mutuamente. A partir de este proceso, está en marcha la elaboración de una carta de derechos que logró unir a todas las participantes. También dimos seguimiento a la red que se creó, donde las iniciativas pueden llevar adelante procesos autónomos, ya que comparten retos y situaciones similares. Compañeras que comparten el desafío de la pérdida de territorio, que comparten los retos de contextos urbanos resistiendo al desarraigo. Participan también compañeras de comunidades afro, indígenas, sectores populares y campesinas. Ha sido de los más valiosos aprendizajes en nuestros 15 años de existencia sin duda», comenta Pires Ramos.

Lo que queda claro a lo largo de la entrevista es que RESAMA es un espacio que busca conectar iniciativas y generar impacto a largo plazo. No se trata de cerrar resultados dentro de un proyecto puntual, sino de impulsar otros procesos y nuevas sinergias entre personas y comunidades.

Epílogo: la visión de futuro

Para cerrar, le preguntamos a Pires Ramos cuál es su visión del futuro. Señala que el escenario es cada vez más complejo, con una movilidad ambiental que se incrementará. Menciona eventos cada vez más intensos en la región amazónica (como sequías prolongadas, inundaciones y desbordes de ríos). En todas las regiones, afirma, los efectos del cambio climático ya se traducen en problemas graves para las personas y sus comunidades porque con la profundización de la crisis climática y la lógica de la emergencia fue necesario tomarse el tiempo para la preparación, prevención y adaptación. Ahora hay que actuar en todas los frentes en simultáneo. «Me duele que la movilidad y las situaciones de inmovilidad sigan siendo marginalizadas en las políticas públicas y que a cada año se reproduzca y se repitan tantas violaciones de derechos a las personas y comunidades afectadas. Depender de los Estados y sus tiempos tan diferentes para las urgencias de las comunidades ha sido muy doloroso para ellas».

Para abordar estas problemáticas, Pires Ramos destaca «no hay otra manera que caminando en colectivo, poniendo los esfuerzos colectivos encima de aspiraciones de protagonismo individual y conscientes de la responsabilidad de para qué, por qué y con quienes realmente vale la pena caminar para cambiar esta realidad».

«Cuanto más articulados estemos, mejor. Hay mucho conocimiento que aún no está articulado. Es necesario volver a hacer estos mapeos, reaprender de lo que ya existe y valorar lo que tenemos. Que se reconozcan las trayectorias de las personas y de las comunidades, desde una forma distinta de relacionarnos: más igualitaria y equitativa. Que la academia reconozca que hay saberes que no posee, saberes ancestrales que muchas veces no son respetados. También es clave visibilizar la movilidad y reconocer que se necesitan otras miradas y abordajes. Preservar la memoria y los saberes, porque el cambio climático está generando pérdidas significativas e irreversibles en nuestra sociobiodiversidad y, con ella, de conocimientos de los cuales depende nuestra propia existencia», concluye.

Imagen de portada: Durante el encuentro de la COP 30, realizado en Belém-Brasil en 2025. | Foto: gentileza



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Equipo periodístico |  + notas

Es licenciada en Relaciones Internacionales y Magíster en Estudios Internacionales. Realizó una pasantía en la Embajada de EE. UU., siguiendo prácticas de derechos humanos en Argentina. Su familia, con asiento en la Patagonia, posee raíces españolas, italianas, sirio-libanesas y chilenas.


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