Una propuesta escénica del colectivo Embajada Efímera que transforma el caminar por Buenos Aires en un acto de memoria e identidad migrante.
En una Buenos Aires que se recorre a pie, entre veredas, acentos y memorias superpuestas, la obra «Ciudades efímeras» propone algo más que teatro: una experiencia situada donde la migración deja de ser un discurso para asumir una corporalidad en desplazamiento, habitando el territorio compartido de una ciudad.
Lucie Bach, artista franco-chilena radicada en Argentina desde 2017, forma parte del colectivo escénico Embajada Efímera, responsable de este proyecto. Llegó a la obra a través de una convocatoria impulsada por sus directores Matt Wray y Felipe Rubio. Desde entonces, su propio recorrido migrante se entrelaza con la propuesta: una especie de ciudad imaginaria que se arma y se desarma. Cada escena es como una entrada a otro territorio, a otra memoria, a otro país. Y en ese recorrido se vuelve inevitable preguntarse qué es lo que permanece y qué se vuelve efímero.
«Para mí, ahí está el corazón de la obra: en entender que, para muchas personas migrantes, la vida se construye en esa tensión constante entre lo que se deja atrás y lo que todavía no termina de asentarse. Una especie de permanencia frágil, que se va formando día a día», afirma Bach.

Un teatro en movimiento
Embajada Efímera nació en 2019 como un espacio de investigación escénica atravesado por la experiencia migrante. El colectivo reúne artistas de distintas nacionalidades con un objetivo común: trabajar lo biográfico en el cruce entre ficción y realidad. No se trata solo de producir obras, sino de construir un espacio de encuentro entre quienes comparten una misma condición: habitar un lugar que no es el de origen.
En «Ciudades efímeras», esa idea toma forma. La obra abandona la sala tradicional y propone un recorrido a pie que comienza en el teatro y se expande hacia el espacio urbano. «Un día un espectador nos dijo qué importante era plasmar la experiencia sensible del migrante», recuerda Bach. «Y si hay algo que pertenece a esa experiencia es el movimiento continuo, el transitar el espacio público, hay algo de la experiencia migrante que tiene que ver con el movimiento constante. El simple hecho de caminar una ciudad desconocida, de apropiarse de ese espacio, es parte de la experiencia», destaca.
Caminar la ciudad no es solo una decisión estética en la obra, sino una forma de poner el cuerpo en una experiencia conocida de extrañeza, como la de llegar a un lugar nuevo. «¿Cómo caminamos la ciudad cuando recién llegamos? ¿Cómo nos apropiamos del espacio?», se interroga Bach.
En ese desplazamiento, la ciudad deja de ser fondo y se vuelve parte activa de la escena: «Hay una porosidad con el afuera que no podría suceder en una sala», explica. Los sonidos, los idiomas, los gestos cotidianos construyen un nuevo mapa sensorial, similar al que atraviesa cualquier persona migrante. «Esa exposición y sensibilidad tiene que ver con no entender del todo el idioma, con estar leyendo el entorno constantemente», cuenta Bach.
Historias que se territorializan
Esta obra nació en octubre de 2023 a partir de las memorias que los integrantes del grupo trajeron consigo: historias vividas en carne propia o como parte de la historia oral de sus culturas. Relatos que cargan el peso y la textura de lugares tan distintos como Francia, Chile, Estados Unidos, la península de Crimea, Nueva Zelanda, México e Inglaterra.
La obra se construye a partir de estos relatos de primera generación migrante. No son historias ficcionadas desde cero, sino hechas a base de materiales personales: recuerdos, audios, objetos, fotografías, textos. «Cada uno vino con materiales que luego, al salir a ensayar a la calle, se transformaron en escenas», cuenta Bach.
No se presentan como relatos aislados, sino como capas que se superponen en el espacio urbano de Buenos Aires. Lo que emerge no es una narración lineal, sino una cartografía fragmentada de recuerdos. Una ciudad imaginaria que se arma y desarma en cada función. «Hay un territorio paralelo que se construye entre la ciudad que dejamos y la que habitamos. La obra invita a moverse ahí, en ese intermedio», explica.
En este cruce, esta convivencia se vuelve tangible. Los idiomas juegan un rol central. Ucraniano, ruso, francés, inglés o español conviven en escena sin traducción total. Los acentos no se neutralizan: se exhiben.
«Hay algo del testimonio idiomático original que se mantiene y después se fusiona», señala. La lengua, como la memoria, no es fija: se transforma y es parte de esa identidad en transformación.

Identidad en movimiento
La obra también propone una reflexión sobre la identidad. Lejos de pensarse como algo estable, aparece como un proceso múltiple y en movimiento. Lucie Bach menciona como referencia el libro «Identidades asesinas», de Amin Maalouf, que utilizó para armar una de sus escenas, y que cuestiona las nociones rígidas de pertenencia cultural.
«La identidad es una construcción», explica. «Una persona puede atravesar muchas identificaciones a lo largo de su vida: por herencia familiar, por migración, por exilio, por elección. La identidad no es una sola cosa. Es múltiple, se transforma. Podés cambiar y también conservar, no se puede borrar lo que traes», dice Bach. «En este sentido también pensamos la obra desde el privilegio de que todos nosotros estamos acá porque elegimos vivir en Buenos Aires y hacer arte. Y visibilizamos que no es lo mismo que migrar por obligación», agrega.
«Pensamos la obra como una especie de ciudad imaginaria que se arma y se desarma. Cada escena es como una entrada a otro territorio, a otra memoria, a otro país. Y en ese recorrido se vuelve inevitable preguntarse qué es lo que permanece y qué se vuelve efímero. Para mí, ahí está el corazón de la obra: en entender que, para muchas personas migrantes, la vida se construye en esa tensión constante entre lo que se deja atrás y lo que todavía no termina de asentarse. Una especie de permanencia frágil, que se va formando día a día», afirma Bach.

Teatro, política y espacio público
En un contexto donde los discursos antimigrantes ganan espacio, «Ciudades efímeras» busca un gesto político. «Invitar al público a salir a la calle, a caminar con nosotros como forma de mostrar que la migración no divide: construye, mezcla, transforma».
Al final del recorrido, una frase de uno de los directores sintetiza esa intención: en un mundo donde ciertos discursos buscan generar odio y fragmentación, la obra se plantea como un pequeño gesto que busca el sentido contrario.
No hay respuestas cerradas, pero sí una certeza que atraviesa toda la experiencia: las ciudades no son fijas. Se reescriben con cada cuerpo que las habita, con cada historia que llega, cada memoria que insiste en permanecer. Y en ese movimiento, efímero, inestable, pero profundamente humano, también se produce cultura.
¿Dónde verla?
«Ciudades efímeras» ofrecerá su última función este sábado 28 de marzo a las 18:00 en el Teatro «El Grito», sito en calle Costa Rica 5459, Palermo, Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Contenidos relacionados:
Festival Tzain Dur Paradón: una oportunidad para conocer la música armenia
La migración se coló por los barrios a través de la salsa
Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de Buenos Aires, donde también cursó el Programa de Actualización en Comunicación, Géneros y Sexualidades, se especializó en comunicación digital en Éter y cuenta con una trayectoria profesional vinculada a la comunicación para políticas públicas en Argentina. Actualmente reside en Melbourne, Australia, donde se desempeña como comunicadora freelance en diversos proyectos.
