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El pasado 8 de diciembre, tras la caída de Damasco en manos de fuerzas opositoras, se dio fin al régimen de Bashar Al Assad, el dictador que gobernaba Siria desde los años 2000, luego de suceder a su padre, quien había gobernado por otros 20 años. La llegada de los rebeldes a la capital siria también significó el fin de una cruenta guerra que inició en 2011 y enfrentó todo tipo de fuerzas y grupos, además de contar con altísima intervención extranjera, que convirtió a Siria en un tablero de ajedrez donde cada actor tenía sus propios intereses. 

La guerra civil siria generó un éxodo masivo desde sus primeras etapas. Según el informe semestral de ACNUR, para junio de 2024 —13 años desde el inicio de la guerra—  calculaba que al menos 7.4 millones de sirios seguían desplazados internamente, con aproximadamente 4.9 millones buscando refugio en los países vecinos, principalmente Turquía, Líbano y Jordania. Además, 1.3 millones se reubicaron en otros lugares fuera de la región, sobre todo en Alemania.  Este informe establece que Siria continúa siendo el país con la mayor proporción de su población nacional que se ha convertido en refugiada, con una relación de 1 de cada 5. 

Desde septiembre del año pasado, más de 500.000 sirios han retornado a su país y casi 600.000 personas desplazadas internamente han vuelto a sus hogares, números que tomaron mayor velocidad con la caída del régimen. De todas formas, representa una pequeña proporción de los 7 millones de desplazados internos y 6 millones de refugiados en otros países. 

No hay como la propia casa, el propio barrio, la propia gente, incluso en las condiciones más devastadoras. En la encuesta más reciente realizada entre la población refugiada siria de toda la región, el 27 por ciento de los encuestados manifestó a ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados, su intención de regresar a su país en los próximos 12 meses. Uno de ellos, después de pasar 13 años en Jordania, es Hassan Mohammad Alhassan, quien ahora tiene 80. Vestido de traje y corbata, como el acontecimiento amerita, se sube a un colectivo que tiene como destino su casa, en Homs. “¿Por qué? Porque por fin experimentaremos la libertad y retomaremos las riendas de nuestras vidas. Llevo varios años sin ver a mis hermanas, mi hermano y mis hijas. Todo eso debido a la situación política anterior”, explica Alhassan a periodistas de ACNUR, en febrero de este año. “Mi casa en Siria está destruida; necesita reparaciones, y serán costosas. Cuando regrese, veré lo que queda de ella y determinaré exactamente lo que hay que hacer”.

Rebeldes sirios en Alepo | Imagen: Freedom House (CC BY-SA 2.0, sin cambios)

El compromiso de la ayuda internacional toma un papel fundamental en la reconstrucción de Siria, mediante medidas firmes y determinantes, para que el retorno se convierta en una posibilidad con duración a largo plazo. Lo que implica tanto apoyo humanitario como asistencia financiera, y una estratégica coordinación para evitar cuellos de botella en las diferentes necesidades que surjan en un proceso enmarcado en una compleja coyuntura. 

El Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados, Filippo Grandi, declaró que “para que los retornos sean sostenibles, seguros y dignos, y para prevenir más desplazamientos a largo plazo, necesitamos un enfoque integral”. En este sentido, aclaró que “esto significa invertir en empleos, recuperar la atención sanitaria, reconstruir escuelas y restablecer servicios esenciales como electricidad y agua potable. Además, levantar las sanciones actuará como un catalizador vital para la recuperación, allanando el camino para que más ciudadanos sirios vuelvan a casa.” Se refiere a las sanciones generales y sectoriales que Estados Unidos, Reino Unido y la Unión Europea, han impuesto a Siria durante la guerra, por ejemplo, a la compra, venta o exportación de bienes y materiales relacionados con industrias específicas, así como las sanciones a las instituciones financieras sirias. Human Rights Watch ha documentado el impacto negativo de estas sanciones en las operaciones humanitarias.

Por otro lado, es importante destacar el gran grupo restante de refugiados sirios que todavía no desean volver a sus hogares por la alta incertidumbre que plantea la situación de Siria al día de hoy. Las garantías de su seguridad física, así como el respeto de sus derechos, no están totalmente asegurados, por lo cual es entendible que evalúen la situación para poder tomar decisiones. Es pertinente recordar que muchas de estas personas se exiliaron en las primeras etapas de la guerra civil, por lo que, luego de 14 años, están quienes a pesar de las adversidades han podido rehacer sus vidas, y quienes, si bien con altas dificultades en el extranjero, optan por lo que en criollo sería “mejor malo conocido que bueno por conocer”. 

Mahmoud Bouaydani, un refugiado sirio en Turquía, a pesar de su optimismo y felicidad por la caída del régimen, advierte los desafíos de un posible retorno: “Lo primero en lo que pienso es en nuestra propiedad familiar. No sabemos qué ha pasado con ella. Tal vez se vendió sin nuestro conocimiento”, dijo al servicio árabe de la BBC. También mencionó que quiere visitar Siria primero, pero que necesita claridad sobre la seguridad, la gobernanza y el Estado de derecho: “no puedo renunciar a mi estatus de protección temporal y arriesgarme a perder mi educación o estabilidad aquí”.

Europa, enmarcada en un contexto de auge de la extrema derecha, reaccionó al nuevo escenario en Siria, frenando la tramitación de asilo para los refugiados de este país. La Oficina Federal de Migración y Refugiados de Alemania ha decretado la congelación inmediata de las nuevas solicitudes de los sirios. Asimismo, Austria presentó un plan similar potenciado por un programa de repatriación y deportación. Es en esta línea que respondieron otros países europeos como Finlandia, Reino Unido, Suecia y Noruega. 

Shabia Mantoo, portavoz global de ACNUR, declaró en la rueda de prensa habitual de la ONU en Ginebra,  que “todas las personas refugiadas tienen el derecho fundamental de regresar a su país de origen en el momento que elijan, y todos los retornos deben ser voluntarios, dignos y seguros”. Por su parte, Ayah Majzoub, directora regional adjunta de Amnistía Internacional para Medio Oriente y el Norte de África, subrayó la importancia de evitar la repatriación forzosa: “los gobiernos de acogida no deben obligar a nadie a regresar”. 

El futuro de los refugiados sirios dependerá no solo de la reconstrucción material de Siria, sino también de la restauración de la confianza en un entorno seguro y estable. Si bien el deseo de retorno es palpable, la incertidumbre y el temor a una situación aún volátil mantienen a muchos sirios lejos de su hogar. Es crucial que la comunidad internacional garantice un enfoque equilibrado que contemple tanto el apoyo necesario para la recuperación del país como el respeto absoluto por los derechos y la seguridad de aquellos que deseen regresar y de quienes no. 

Las fuerzas de seguridad del nuevo régimen sirio están llevando adelante una ofensiva contra cristianos y alauitas | Imagen: iStock

Mientras se redactaba esta nota, el 8 de marzo de 2025, una nueva masacre en Siria dejó más de mil muertos como consecuencia de una ofensiva del gobierno de transición contra focos de insurgencia alauita leales al depuesto Bashar al-Assad. Según el Observatorio Sirio de Derechos Humanos, al menos 973 civiles, en su mayoría pertenecientes a las minorías alauita y cristiana, fueron asesinados en una serie de ataques perpetrados por las fuerzas de seguridad del nuevo gobierno en las regiones costeras de Latakia y Tartús, históricos bastiones del régimen de Al Assad.

Residentes de la ciudad de Baniyas relataron a la BBC escenas de saqueos y ejecuciones sumarias, con cuerpos abandonados en las calles. En Hai Al Kusour, un barrio mayoritariamente alauita, testigos describieron cómo hombres armados ingresaban a las casas y ejecutaban a sus habitantes tras exigirles documentos para verificar su religión.

Estos hechos reflejan uno de los mayores retos que enfrenta la Siria post-Assad: la estabilidad del país no está asegurada y el peligro de represalias y violencia sectaria sigue siendo latente. Ante este escenario, el anhelo de retorno de millones de refugiados sirios choca con la cruda realidad de un país donde la guerra puede haber terminado oficialmente, pero la paz aún no ha llegado. Si bien la caída del régimen de Al Assad marcó un punto de inflexión, los recientes hechos demuestran que la reconstrucción de Siria será un proceso largo y complejo, donde la seguridad y la reconciliación nacional serán factores clave para que el retorno sea una opción realista y sostenible. Hasta que estas garantías no existan, muchos refugiados seguirán viendo el regreso como un riesgo demasiado alto.

Imagen de portada: Wasfi Akab (CC BY-NC-ND 2.0, sin cambios)

María Domínguez Amiurall
Equipo periodístico |  + notas

Es licenciada en Relaciones Internacionales por la Universidad Católica Argentina, con experiencia en la redacción de artículos sobre actualidad política internacional, enfocándose en Medio Oriente y Latinoamérica. Actualmente, es voluntaria en el Departamento de Estudios de Medio Oriente del Instituto de Relaciones Internacionales de la UNLP y colabora en iniciativas sociales, como apoyo escolar en el Grupo Ombú.


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