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El documental de Sebastián Domínguez, producido como homenaje a los 160 años del fallecimiento de Andrés Bello, se presenta como una obra que busca recuperar la figura del pensador venezolano-chileno desde una mirada que privilegia su papel en la construcción institucional, educativa y cultural de la América postindependentista.

Algo tenía Hispanoamérica en sus entrañas que le incapacitaba para ser realmente libre. Este algo era menester conocerlo, pues sólo conociéndolo, podía ser extirpado”. Con estas palabras, Leopoldo Zea señala que la independencia política no fue suficiente para romper las cadenas coloniales más profundas. Los líderes emancipadores de las naciones nacientes se encontraron, muy pronto, con la necesidad de reorientar ese primer impulso libertario. La inquietud por pensar la propia cultura y releer la historia obligaba a reconstruir Hispanoamérica desde sus cimientos. El desafío estaba en buscar la forma esencial del ser hispanoamericano, lejos de los moldes coloniales que el romanticismo europeo imponía como norma. Para los espíritus más sensibles y capaces, aquellos espíritus calificados para identificar el origen de todos los males del pasado y de proyectar en el futuro utopías renovadoras, había una doble tarea: comprender la raíz de los problemas heredados e imaginar nuevas posibilidades para superarlos. “Urgía realizar una nueva tarea: la de la emancipación mental de Hispanoamérica. A esta tarea se entregará la nueva generación. La autonomía del intelecto fue la nueva bandera”.

En ese panorama aparece la figura de Andrés de Jesús María y José Bello López (Caracas, 29 de noviembre de 1781 – Santiago, 15 de octubre de 1865), venezolano que terminaría haciendo de Chile su hogar intelectual y político. Bello encarna, quizás como pocos, la actitud de quien reconoce que la Colonia no fue un vacío absoluto ni un simple obstáculo; que incluso dentro de ese legado ambivalente había materiales desde los cuales construir un porvenir más sólido. Su aporte será el paradigma del intelectual que propone pensar la independencia como un ejercicio de realismo contextual, más que una ruptura total con el pasado.

Los primeros pasos de una república

El documental conmemorativo Andrés Bello: “Los primeros pasos de una república”, del cineasta Sebastián Domínguez, presentado el 15 de octubre pasado en el Salón Colonial del campus Casona de Las Condes de la Universidad Andrés Bello (UNAB), propone una reflexión contemporánea y profundamente humana sobre una de las figuras fundacionales de la República de Chile. Se trata de un documental que presenta a Andrés Bello como padre intelectual del orden republicano, una visión que se basa principalmente en la participación de Bello en el proceso de modernización institucional chilena, destacando con especial énfasis la redacción del Código Civil y la reforma educativa. La construcción de la mirada de Domínguez funciona para transmitir la idea de que la naciente república necesitaba una gramática, y Bello supo ofrecérsela. Siguiendo esta línea, el documental celebra el carácter civilizador de las reformas bellistas.

La Universidad Andrés Bello (UNAB) estrenó el documental en el marco de la conmemoración de los 160 años del fallecimiento de Andrés Bello | Foto: Universidad Andrés Bello

Bello es presentado como legislador e intelectual humanista, distinguiendo su función como educador y lingüista. El montaje muestra la historia de un hombre que reflexiona sobre los límites de la república, que debate con sus contemporáneos y que, lejos de ser un héroe omnisciente, trabaja con cierto pragmatismo político propio del siglo XIX, obsesionado por una sólida construcción de la educación orientada al progreso social. Las escenas dedicadas a la creación de la Universidad de Chile dan cuenta de su rol como defensor de la lengua española como herramienta de cohesión nacional y continental, destacando su célebre “Gramática de la lengua castellana” como obra destinada a la independencia cultural frente a España.

Sebastián Domínguez ocupa un lugar particular en el ámbito audiovisual latinoamericano desde una perspectiva amplia y general de la producción cinematográfica contemporánea. Ganador de reconocidos premios internacionales como el Emmy, Angels de Hollywood y el New York Film & TV Festival, ha desarrollado a lo largo de los años una línea de trabajo consistente, recuperando figuras, procesos y memorias de la historia chilena a partir de narrativas accesibles, pedagógicas y meticulosamente documentadas. Sus obras se inscriben en un espacio donde la rigurosidad académica dialoga con la vocación divulgativa, buscando ampliar los accesos de la ciudadanía al pasado.

En “Andrés Bello: Los primeros pasos de una república” , Domínguez busca diversificar la imagen tradicional de Bello y lo acerca al público contemporáneo, sin perder su propio estilo. La apuesta consiste en reconstruir el mito, pero desde una perspectiva humanista que lo pone en tensión con el contexto actual. El documental muestra al Bello intelectual y migrante, atravesado por las incertidumbres políticas de su época, obligado a rehacer su vida en un territorio que lo recibió y, a su vez, lo reconfiguró profundamente.

Domínguez se aleja de las historias santificadas de los próceres ilustrados y propone un retrato de Bello como un pensador lleno de contradicciones, atormentado por la urgencia de reconstruir un orden social, pero cauteloso frente a los riesgos de una excesiva democratización que podía conducir al desequilibrio. Esta tensión entre un liberalismo moderado y la necesidad de estabilidad institucional aparece furtivamente en el documental, permitiendo entender a Bello más allá de los manuales académicos.

Sebastián Domínguez durante la presentación del documental “Andrés Bello: los primeros pasos de una república” (octubre de 2025) | Foto: Universidad Andrés Bello

Tres rostros de Bello

El documental sugiere un personaje que no es estático. Andrés Bello es una figura en tránsito, formado por los diferentes lugares donde vivió y por los desafíos históricos que atravesó en cada etapa. A partir de contextos diversos, orientaciones intelectuales y vitales específicas, se distinguen tres rostros de Bello, conectados por un horizonte humanista común.

El joven letrado inició su compromiso cívico en un espacio colonial tardío, marcado por el camino hacia la independencia. En Venezuela estudia latín, literatura, filosofía y derecho. Trabaja como funcionario en un puesto menor y tiene sus primeras experiencias como escritor y educador. Es un lector voraz, que se descubre a sí mismo como alguien interesado profundamente en la formación cultural del pueblo, preocupación que no abandonará por el resto de su vida. También, en esta etapa, fue uno de los maestros de Simón Bolivar con quien más tarde tendría una relación compleja, atravesada por las tensiones políticas de la época.

“La lección de Andrés Bello a Bolívar” (1930), óleo de Tito Salas.

Domínguez rescata el origen de la sensibilidad republicana del primer Bello, donde adquiere la convicción de que la educación y la cultura son las herramientas indispensables para llevar a cabo cualquier proyecto político.

Su etapa londinense (1810-1829) es reveladora y transformadora. Es un periodo de transición radical, donde vive como primero como un diplomático que busca apoyo para la causa independentista americana y luego como un migrante exiliado con dificultades económicas. La ciudad de Londres de principios del siglo XIX es un laboratorio cultural en pleno apogeo, transformando a Bello en un hombre cosmopolita, atravesado por la revolución industrial, las nuevas corrientes literarias, la filosofía política moderna, el liberalismo, el romanticismo y un vasto movimiento editorial. Fuertemente influenciado por su amistad con Francisco de Miranda (quien lo acoge en su residencia londinense), sus días transitan entre culturas, observa Europa desde la perspectiva de un americano y se inserta en redes transnacionales. En esta época escribe sus primeros textos de relevancia, reflexionando sobre el destino de América y los desafíos de construir nuevos Estados.

Es la etapa del Bello más humano y complejo, que debe rehacer su identidad lejos de su patria, que experimenta precariedad e inestabilidad, y que comienza a entender que la república no es solo un acto jurídico, sino un proceso cultural profundo.

La llegada a Chile marca el inicio de su etapa más influyente. Ha quedado atrás el joven ilustre y migrante europeo para convertirse en un constructor institucional. Domínguez lo presenta como “el Bello que finalmente encuentra su lugar”. Se convierte en senador, rector de la Universidad de Chile, impulsor de la educación pública, editor, intelectual orgánico del Estado y redactor del Código Civil. Lo que antes era reflexión, ahora lo vuelve estructura, desplegando todo su pragmatismo.

A su llegada, encontró una nación joven, políticamente inestable y urgida de consolidar un aparato estatal capaz de sostener la vida civil. Su aporte fue decisivo al establecer un sistema ordenado y sistemático para regir las relaciones entre las personas, las familias y la propiedad. Como primer rector de la Universidad de Chile, estableció un proyecto educativo basado en la formación humanista, la autonomía del pensamiento y la articulación entre ciencia, letras y ciudadanía. Contribuyó a consolidar una lengua común que facilitara la cohesión cultural de los nuevos Estados hispanoamericanos. Desde esta perspectiva, el castellano debía funcionar como la base simbólica de la república. Al mismo tiempo, como editor y periodista, contribuyó a construir un espacio público donde la discusión política fuera compatible con la reflexión cultural.

La Universidad de Chile, fundada el 19 de noviembre de 1842.

En esta etapa, el proyecto cultural de Bello adquiere forma institucional. Su famosa Gramática se vuelve instrumento de educación continental. El Código Civil es referencia jurídica para toda América Latina, aportando precisión conceptual y un espíritu racionalista que permitió a Chile entrar en la modernidad, representando la síntesis entre formación ilustrada y realidad americana.

El papel que ocupa Andrés Bello es central en la construcción del Chile republicano. Su llegada en 1829 y su inmediata inserción en la vida intelectual y política fueron parte de un proceso en el que el territorio recién independizado buscaba consolidar instituciones sólidas, organizar la vida civil y proyectar una identidad nacional. Con su experiencia venezolana, su cosmopolitismo londinense y su sorprendente capacidad sistémica, aportó orden normativo a la joven nación, además de un horizonte cultural y educativo para las futuras generaciones.

Aunque su pensamiento pertenece al mundo ilustrado y a la modernidad europea, las influencias de Bello abrieron un espacio de diálogo intercultural, donde la reflexión sobre la lengua, la educación, la ciudadanía y la cultura se convertirían en terreno fértil para debates sobre pluralidad, diversidad y diálogo entre saberes.

Bello reconocía la especificidad histórica de América Latina y defendía la idea de que los países recién independizados debían pensar con cabeza propia. Esta defensa de la autonomía cultural tenía como finalidad diferenciarse tanto de España como de la Europa ilustrada. Así, la búsqueda de un pensamiento propio es antecedente fundamental de los debates posteriores sobre identidad latinoamericana, mestizaje cultural y diálogo entre tradiciones. Si bien tenía plena conciencia del carácter mestizo y heterogéneo de las sociedades americanas, y por más que no haya incorporado epistemologías indígenas en su sistema de pensamiento, entendió que América era un espacio donde lo europeo se encontraba con lo americano para dar lugar a algo nuevo.

Asimismo, para Bello la república no podía fundarse solo en leyes, necesitaba un piso cultural común. Este presupuesto, que en el siglo XIX se tradujo en una defensa de la lengua y la educación, hoy es reinterpretado desde el ámbito intercultural: si la cultura es la base de la política, entonces la política debe reconocer la pluralidad cultural como principio constitutivo del Estado. Su condición de migrante hizo que experimente este supuesto en carne propia: no perteneció por completo a ninguna cultura vivida, pero formó parte de todas. El documental de Domínguez lo presenta como una figura “entre-mundos”, capaz de traducir lenguajes políticos y culturales. Desde una perspectiva contemporánea, la experiencia de Andrés Bello es la figura del intelectual que actúa como mediador, traductor y constructor de puentes.

El documental completo Andrés Bello: “Los primeros pasos de una república” ya se encuentra disponible en el canal de la UNAB en YouTube y puede verse aquí.


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Equipo periodístico |  + notas

Formado en la universidad pública argentina, es investigador del pensamiento latinoamericano. Su formación se definió por la filosofía intercultural, las miradas descolonizadoras del saber y la búsqueda de puentes entre tradiciones y experiencias diversas. En 2016 fue editor de Revista Fuego, un fanzine dedicado a la cultura popular, y desde entonces ha desarrollado proyectos de investigación, escritura, análisis crítico y contenidos digitales.

En los últimos años profundizó el estudio de la Filosofía de la Liberación —con autores como Fornet-Betancourt y Dussel—, lo que lo llevó a trasladar esa perspectiva fuera de la academia. Desde 2023 trabaja como investigador y analista de usuarios, explorando cómo piensan, se piensan y son pensadas las culturas latinoamericanas e ibéricas.


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