Compartir:

Desde Brasilia a La Plata, la historia de Suelen Rodrigues muestra cómo la experiencia migrante puede transformarse en organización, trabajo colectivo y comunidad. Entre la cocina, la militancia y el deseo de formarse en medicina, su recorrido articula lo personal y lo político en clave de derechos.

Suelen Rodrigues llegó a la Argentina en 2018, desde Brasilia, capital del país vecino. Con 34 años, vino con una idea clara: estudiar medicina. Como en muchos países, la universidad pública es para unos pocos y acceder a la privada lleva a irse de su país, porque económicamente les conviene. En Brasil ya se había recibido de veterinaria, pero sentía que su recorrido profesional no estaba cerrado. Migrar implicaba volver a empezar, cambiar y aprender otro idioma, otro sistema educativo, otra lógica cotidiana, otra cultura. Lo sabía, aunque no imaginaba cuánto de ese aprendizaje se daría fuera de las aulas. Hoy, entre el trabajo, la militancia comunitaria y la vida cotidiana, avanza con la carrera de medicina a su propio ritmo, como puede, sosteniendo el deseo de formarse en salud pública sin desligarse de las urgencias del presente.

Como a muchas personas migrantes, Argentina no la recibió con un manual de instrucciones. Hubo trámites confusos, información fragmentada y trabajos que aparecieron como única opción para sostenerse. Aprendió español en la práctica, cuidando personas, escuchando historias ajenas mientras la suya también se rearmaba: “Encontrar a la persona en la persona”, dice cuando habla de esos vínculos, una frase que resume su manera de estar en el mundo.

Migrar, para Suelen, nunca fue solo un traslado geográfico. Fue un proceso emocional, político y corporal. Un camino de adaptación que se construyó desde la experiencia cotidiana y desde la necesidad de generar redes para no quedar sola.

La maternidad atraviesa su historia de forma profunda. Es madre de un hijo que vivió un tiempo con ella en Argentina y que actualmente se encuentra en Brasil. La distancia no es un detalle menor ni una anécdota: es una herida abierta que convive con el día a día. Sin embargo, no aparece como resignación. Este año tiene una decisión tomada: ir a buscarlo. No como un deseo abstracto, sino como un proyecto vital que organiza su presente.

En Argentina también construyó nuevos vínculos afectivos. Comparte su vida con Gabriel, migrante venezolano y padre de una niña de tres años. Él tiene un local de comida venezolana; ella, uno brasileño. Dos historias migrantes que se cruzan y dialogan desde la cocina, el trabajo independiente y la crianza.

En La Plata, un día cualquiera puede transformarse en Brasil. El aroma de una receta típica circula desde una cocina que hoy funciona bajo el nombre Boteco Brasil. El emprendimiento gastronómico de Suelen nació, como tantos otros proyectos migrantes, desde la necesidad económica, pero también desde el afecto y la memoria.

Cocinar fue una forma de sobrevivir, pero también de traer su país consigo. Primero aparecieron los pedidos chicos, luego las ferias, el boca en boca y los eventos. El crecimiento fue rápido, aunque no lineal. Hubo momentos de auge y otros de caída, reinvenciones constantes y decisiones difíciles. Hoy el boteco funciona en formato delivery, mientras Suelen proyecta, sin urgencias pero sin renunciar, la posibilidad de un espacio físico abierto al público. La cocina, para ella, no es solo un trabajo: es identidad, es sostén, es comunidad.

Presentación musical en el evento Brazilian Day. | Foto: Redes sociales

Cuando lo personal se vuelve colectivo

Con el tiempo, Suelen entendió que muchas de las dificultades que atravesaba no eran solo suyas. La desinformación sobre trámites migratorios, las estafas, los intermediarios que prometen soluciones a cambio de dinero y la falta de acompañamiento institucional se repetían en las historias de otras personas migrantes, especialmente brasileñas.

De esa experiencia nació la Asociación Patria Brasil. No como un proyecto improvisado, sino como una respuesta concreta a una necesidad real: acompañar a personas migrantes en sus trámites, garantizar información confiable y evitar abusos.

Hoy, Suelen es presidenta de la asociación. El objetivo es que nadie tenga que pagar lo que no corresponde para ejercer un derecho. Que las personas migrantes sepan dónde ir, qué papeles necesitan y cómo defenderse ante situaciones de vulnerabilidad.

Uno de los pasos más importantes fue obtener la personería jurídica. En ese proceso, el acompañamiento de la abogada de origen peruano Diana Asmat fue fundamental. No solo aportó conocimiento legal, sino también una mirada empática desde su propia experiencia migrante. La asociación se consolidó así como una red donde distintas trayectorias se sostienen entre sí.

Ocupar la ciudad

El trabajo de la asociación también se expresa en el espacio público. En 2023, la Asociación Patria Brasil organizó por primera vez el Brazilian Day en Plaza Malvinas. La convocatoria superó todas las expectativas: pasado el mediodía, la comida se había terminado. La música, los colores y la presencia de cientos de personas transformaron la plaza en un punto de encuentro cultural. El evento no solo celebró la cultura brasileña; también visibilizó a una comunidad migrante activa y organizada.

Anteriormente, la organización había intentado hacer el evento y dejó al descubierto tensiones con el Estado. Durante la gestión del exintendente Julio Garro, que duró hasta 2023, la asociación recibió la oferta de un espacio para realizar el evento. Dos días antes, la autorización fue cancelada. La decisión generó enojo, frustración y una sensación de destrato que aún persiste en el relato de Suelen. No fue solo un problema logístico, sino una señal de precariedad institucional hacia una comunidad que ya había trabajado, convocado y pagado a cientos de personas.

Con la llegada de la actual gestión municipal, encabezada por el intendente Julio Alak, el vínculo comenzó a recomponerse. El subsecretario Luis Sannen y el director general de Colectividades, Mauricio Castro, se convirtieron en interlocutores clave para la asociación. El segundo Brazilian Day, realizado en 2025 en Plaza Moreno, mostró un escenario distinto: el evento creció en magnitud, contó con mayor organización y hasta incluyó una Escola de Samba que hizo vibrar el centro de la ciudad.

Suelen en reunión con representantes de la Municipalidad de La Plata. | Foto: Redes sociales

Pensar el futuro

Para Suelen, pensar el futuro también implica discutir el rol de la universidad pública y la responsabilidad de quienes acceden a ella. Sin discursos cerrados ni fórmulas rígidas, plantea una idea que vuelve una y otra vez en sus charlas: quienes llegan a la Argentina a estudiar en universidades públicas y se reciben deberían devolver de algún modo esos años de formación. Ya sea quedándose un tiempo a trabajar y prestar servicios en el país o a través de un aporte económico que regrese directamente a la universidad que los formó. No como castigo, sino como retribución: “La educación pública es un derecho enorme, pero también es una inversión del Estado. Y devolver algo de eso también es una forma de compromiso”, reflexiona. En su mirada, no se trata de cerrar puertas, sino de pensar políticas más justas que cuiden lo público sin perder el espíritu solidario que históricamente definió a la Argentina.

Más allá de la gestión cultural, Suelen piensa la migración desde una mirada integral. Reflexiona sobre la universidad pública, el acceso a la salud y la necesidad de políticas que reconozcan a las personas migrantes como sujetas activas de derechos. Imagina proyectos a largo plazo, desde un hospital móvil impulsado por la asociación hasta convenios con instituciones educativas y sanitarias. Ideas que nacen de la experiencia concreta y no de la abstracción.

Hoy, con 41 años, Suelen Rodrigues no se presenta como víctima ni como heroína. Es una mujer migrante que trabaja, cocina, organiza, estudia, materna y proyecta. Que transforma la experiencia personal en acción colectiva. Entre Brasilia y La Plata, entre la veterinaria que fue y la médica que quiere ser, entre la distancia y el reencuentro que espera, sigue andando. Y en cada plato servido, en cada trámite acompañado y en cada plaza llena de gente, deja una certeza: migrar también es hacer comunidad.

Imagen de portada: Suelen Rodrigues. | Foto: Redes sociales


Contenidos Relacionados

Brune A. Comas: “Migrar me enseñó que el derecho más básico es poder ser en paz”

Entre la cocina, salud y afectos, madre e hija venezolanas reconstruyen su vida en City Bell

Dos valijas y una ciudad: la historia de Ayelén, la migrante que encontró su voz en La Plata

Autora |  + notas

Constanza Zelaya es licenciada en Comunicación Social y estudiante de Locución. Busca desarrollarse y potenciar sus habilidades en comunicación, producción y gestión, contribuyendo a proyectos que articulen creatividad, compromiso social y construcción de nuevas narrativas, aplicando su experiencia en escritura, producción, gestión y estrategias comunicacionales para proyectos públicos, sociales y culturales.


Compartir:
Mostrar comentariosCerrar comentarios

Deja un comentario