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En Córdoba, la Mesa Afro Córdoba disputa el relato histórico que invisibilizó la presencia afrodescendiente en Argentina. A través del trabajo territorial, la memoria, la genealogía y la acción colectiva, el colectivo impulsa el reconocimiento de la identidad afrocordobesa, sus aportes históricos y los desafíos actuales frente al racismo estructural.

La narrativa oficial que acompañó la construcción identitaria nacional, en los tiempos de conformación del Estado argentino, postuló la supuesta “extinción” de las identidades indígenas y africanas e impuso el relato fundacional del “crisol de razas” como origen de una argentinidad de matriz fundamentalmente europea. El historiador argentino Ezequiel Adamovsky, en su artículo donde analiza el surgimiento de una identidad “negra” no diaspórica en Argentina, afirma que este discurso dio sustento a prolongados procesos de blanqueamiento a lo largo de nuestra historia y se sostuvo mediante un persistente “patrullaje cultural” ejercido desde el Estado.

Sin embargo, desde hace algunas décadas, ese relato dominante comenzó a resquebrajarse. Diversos actores y colectivos sociales vienen disputando sentidos y reivindicando identidades históricamente invisibilizadas. En Córdoba, uno de esos espacios es la Mesa Afro Córdoba, un colectivo que desde 2012 trabaja por la visibilización de la memoria, la identidad y los aportes afro en la provincia. A lo largo de estos años, la Mesa desarrolló acciones en los planos genealógico, histórico, educativo, cultural y sanitario, articulando con otras luchas sociales. En 2024, obtuvo su personería jurídica, consolidando un recorrido sostenido de organización colectiva.

Configuración histórica de la población afrodescendiente en Córdoba

La población esclavizada proveniente de distintas regiones de África llegó a Córdoba hacia finales del siglo XVI, principalmente para trabajar en las estancias jesuíticas, según explica Alfonso Uribe, historiador, arqueólogo y miembro de la Mesa Afro Córdoba. La esclavitud persistió en algunas zonas de la provincia incluso años después de su abolición formal en la Constitución de 1853. Las personas esclavizadas eran comercializadas en la Plaza San Martín, frente a la Catedral, espacio donde hoy existe un memorial que recuerda esa historia.

Según registros del Archivo Histórico de Córdoba, en 1832 la población afrodescendiente alcanzaba el 52% del total. Los documentos trabajados por la Mesa dan cuenta de sus oficios, padecimientos y formas de vida, y desmienten la idea de una desaparición: estas personas no se fueron de la provincia ni fueron “extinguidas” en las guerras, sino que permanecieron y se mestizaron con poblaciones indígenas y con migrantes europeos que arribaron en distintas etapas. Los rasgos fenotípicos provenientes de linajes afro siguen siendo visibles hoy en muchos cordobeses y cordobesas,  en sus rostros y cabellos. La presencia de ADN africano en la población actual ha sido, incluso, demostrada por estudios científicos del Instituto de Antropología de Córdoba (IDACOR), dependiente de la Universidad Nacional y del CONICET.

Esclavizados y ganados registrados en los inventarios en el Libro de Cuentas de la Estancia Alta Gracia, desde 1718 a 1753. | Foto: gentileza de la Mesa Afro Córdoba

Pese a ello, los relatos oficiales y los procesos de exclusión social consolidaron una identidad provincial y nacional de matriz predominantemente europea. El historiador Marcos Carrizo señala en su libro Córdoba Morena que, a partir de la década de 1850, la información vinculada a la etnicidad deja de registrarse en los documentos públicos. En paralelo, como parte del proyecto de blanqueamiento, comienzan a aparecer categorías como “trigueño/a”, destinadas a diluir y desmarcar la procedencia étnico-racial afro o indígena.

Recién en el Censo Nacional de 2010 se incorporó por primera vez una pregunta sobre autoidentificación afrodescendiente, aunque solo en el cuestionario ampliado. En ese año, 149.493 personas —el 0,4% de la población— se reconocieron como afrodescendientes. En el Censo 2022, la pregunta fue incluida en el cuestionario general y el número ascendió a 302.936 personas, el 0,7% de la población nacional. Si bien se estima que aún existe un subregistro significativo, la duplicación de la cifra da cuenta de procesos de reivindicación identitaria impulsados, en gran medida, por colectivos organizados.

En la provincia de Córdoba el fenómeno fue similar: en 2010 se reconocieron 9.430 personas afrodescendientes (0,29% de la población provincial), mientras que en 2022 la cifra ascendió a 18.366 personas (0,48%).

Para la Mesa Afro, el problema estructural no se reduce a experiencias individuales de discriminación o racismo, sino que remite a una negación colectiva de una identidad deliberadamente borrada del relato nacional: “Más allá de las políticas de cada gobierno, el aporte de las personas africanas esclavizadas fue invisibilizado, y estamos hablando de nuestros propios ancestros”, señala Marcela Alarcón, integrante de la Mesa.

La negritud en Córdoba

La entrevista con Marcela transcurre en su casa. Mientras conversa, en una de las paredes se observa encuadrada la imagen de Remedios del Valle, madre de la patria argentina: “Muchos de los que formamos parte de la Mesa no somos visiblemente negros, o por lo menos no tan negros como algunos esperan. En mi caso, tengo sangre italiana y española, criolla y peruana; de esa línea vienen ancestros africanos que decidí honrar, sobre todo por mi abuela paterna”, cuenta.

Los procesos históricos de mestizaje en Argentina y en Córdoba, junto con los mecanismos de invisibilización y blanqueamiento, dieron lugar a trayectorias subjetivas particulares. En los últimos años, la decisión de reivindicar un linaje aparece como un acto íntimo, pero también como un gesto político, anclado en memorias familiares, marcas corporales y relatos que se tensionan con la narrativa hegemónica para buscar, desde lo colectivo, la reivindicación de identidades relegadas.

En Argentina, la negritud adquirió históricamente sentidos asociados a la clase social, en particular a los sectores populares. Rasgos fenotípicos y pertenencias étnicas se entrelazan con sistemas de clasificación social. El historiador Ezequiel Adamovsky señala que, desde la década de 1980, la negritud y lo negro comienza a ser resignificado positivamente en algunos sectores populares: aquello que fue insulto o motivo de vergüenza empieza a transformarse en un emblema de orgullo desafiante. Sin embargo, en Córdoba esa resignificación convive con una fuerte falta de autorreconocimiento: “No hay una gran comunidad negra visible, en parte porque no hay conciencia de autorreconocimiento. Vos le preguntás a alguien si es afrocordobés y te dice: ‘no, yo soy un negro de acá’, pero no sabe por qué. Y ahí volvemos a la educación. La escuela saca a los negros el 25 de mayo y el 9 de julio, y después los vuelve a guardar”, reflexiona Marcela.

Marcela Alarcón en reunión en la Universidad Provincial de Córdoba. | Foto: Universidad Provincial de Córdoba

Identidad y memoria en el centro de la agenda

La Mesa Afro surge de la necesidad de encontrarse colectivamente para disputar la versión oficial de la historia. Personas con trayectorias diversas comenzaron a identificar, en relatos familiares, la presencia afro, y a poner en tensión esas memorias con el discurso hegemónico. Algunos de sus integrantes provenían del ámbito académico y se habían conectado con experiencias de otras provincias a partir del Censo 2010. Pronto apareció la necesidad de reunirse y hablar en primera persona: “Hablar desde la experiencia de ser afrocordobés transitando la ciudad. Ese fue y sigue siendo el objetivo principal de la Mesa”, resume Marcela.

Ella llegó en 2015, desde su trabajo como artista, mientras investigaba textiles de impronta africana y americana. Invitada a una charla sobre afrodescendencia, comprendió que aquello excedía una búsqueda personal. Otros integrantes se sumaron desde la música, el folclore, la arqueología. En todos los casos, las historias familiares y los relatos heredados ocuparon un lugar central.

Hoy, la Mesa realiza un intenso trabajo de genealogía, rastreando apellidos en archivos históricos, e impulsa junto al Área de Arqueología de la Provincia la señalización de Sitios de Memoria Afro en el espacio público. También desarrolla charlas en escuelas y otros ámbitos sociales.

Un hito reciente fue la sanción, el 30 de octubre de 2024, de la Ley Provincial 11.001, que establece el 27 de abril como Día del Afrocordobés y la Cultura Afrocordobesa. El proyecto, impulsado por la Mesa, recupera la fecha del primer registro de venta de personas esclavizadas en la provincia, en 1588, y busca promover acciones educativas, culturales y patrimoniales desde una perspectiva antirracista, de derechos humanos e interculturalidad.

Representantes de la Mesa Afro en la Legislatura de la Provincia de Córdoba en el día de la sanción de la ley que establece el Día del Afrocordobés y la Cultura Afrocordobesa. | Foto: gentileza de la Mesa Afro Córdoba

La Mesa articula actualmente con diversas áreas del Estado provincial, universidades y otros colectivos sociales, como comunidades originarias y asociaciones de personas migrantes. También participa en instancias internacionales, como el Encuentro de la Organización Panamericana de la Salud sobre Etnicidad, los encuentros promovidos por la agrupación Afropolíticas (Frente de Mujeres Afropolíticas) y el IV Foro Internacional para Afrodescendientes, realizado en Nueva York en abril de 2025.

El reconocimiento de prácticas culturales es otro terreno de disputa. El cuarteto, género emblemático de Córdoba, es un ejemplo de herencias afro silenciadas: “El cuarteto es identidad cordobesa, pero cuando se declaró patrimonio se olvidaron de la raíz afro. Otra vez, académicos blancos invisibilizando”, señala Marcela para referirse a la reciente declaración del cuarteto como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO, el 9 de diciembre de 2025.

El cuarteto presenta una nutrida historia donde se va volviendo más explícita la presencia de la raíz afro. El momento de consolidación de esto es quizás la aparición en 1994 del disco “Raza Negra” de La Mona Jiménez, donde adquieren protagonismo esencial los arreglos de percusión afrolatina y patrones rítmicos de la mano del percusionista afro-peruano Bam Bam Miranda. Además, el cuarteto se nutre de la fusión con ritmos como el merengue que llegan junto a artistas caribeños como Jean Carlos.

Sin embargo, en el artículo sobre los procesos de subjetivación juveniles en torno a los Bailes de Cuarteto, el antropólogo argentino Gustavo Blázquez afirma que La Mona Jiménez, con el mencionado disco, efectúa una operación simbólica fundamental. A través de la misma, Jiménez racializa nuevamente el término negro y lo remite directamente al África y los afro-descendientes, entre los cuales él dice contarse. De este modo el cuarteto como género musical no solo se sirve de elementos afro en su estructura rítmica y sonora, sino que se constituye en una expresión artística que reivindica explícitamente la herencia afro. 

Migraciones contemporáneas

De las 18.366 personas afrodescendientes registradas en el Censo 2022 en Córdoba, 2.389 nacieron en otros países. Venezuela, Perú, Brasil, Colombia, Haití, Bolivia, Uruguay, República Dominicana, Cuba, Paraguay y Senegal encabezan la lista. La Mesa mantiene vínculos estrechos con organizaciones migrantes, en particular con la colectividad haitiana, y comienza a trabajar la intersección entre afrodescendencia y migración.

Según Marcela, persiste una dispersión de luchas entre pueblos originarios, migrantes y comunidades afrodescendientes. El desafío es articular sin perder especificidad: “Quienes migran no tienen conflicto con su identidad: saben que son negros. El afrocordobés, en cambio, perdió esa referencia por procesos históricos de invisibilización”, explica.

Asimismo desde la Mesa reconocen la vulneración de derechos que viven algunas personas migrantes en relación a la explotación laboral, la dificultad de acceso a servicios básicos, la discriminación e incluso una persecución que surge de la creación de “fantasmas para culpar al migrante de los problemas estructurales, se le inculca al resto de que esos extranjeros le vienen a robar espacios a los argentinos”. Estos procesos se ven recrudecidos con la posición del gobierno nacional actual y la reforma migratoria que propone.

Inauguración de la primera señalética de Sitio de Memoria Afro en Argentina, en Córdoba. | Foto: gentileza de la Mesa Afro Córdoba

Desafíos actuales

Entre los desafíos actuales, la Mesa identifica la necesidad de profundizar políticas educativas, generar respuestas frente a las violencias específicas que enfrentan las mujeres negras y articular con otros movimientos sociales, como la Marcha de la Gorra (expresión colectiva, política y artística contra la represión institucional y el abuso policial principalmente contra jóvenes de sectores populares), los organismos de memoria y derechos humanos, y las organizaciones de personas trans: “Hay muchas personas afrodescendientes desaparecidas durante la dictadura, y también hay afrodescendientes trans que sufren múltiples formas de discriminación”, advierte Marcela.

Por otro lado, en un contexto de retrocesos y cierres de espacios culturales afro en distintas ciudades Marcela expresa que “se vuelve a esconder al negro, llevándolo fuera de los circuitos turísticos. Eso implica perder identidad histórica”. En este mismo sentido, y tal como advierte el referente en estudios afrolatinoamericanos y de derechos humanos Jeremías Pérez Rabasa, en los últimos años se observa un retroceso en materia de derechos y de políticas de memoria afrodescendiente. Haciendo mención al caso de Ciudad de Buenos Aires, expone que no se trata de ordenanzas explícitas, sino de una serie de decisiones de gestión que terminan desplazando a las memorias afro del espacio público y de los circuitos urbanos visibles, incluidos los turísticos. Conflictos por el uso del espacio público, la eliminación de murales, el incumplimiento de fallos internacionales y el cierre de organismos estatales vinculados a asuntos afro, tales como la Comisión Nacional para Asuntos Afro-Argentinos, forman parte de una misma dinámica que vuelve a esconder esas presencias históricas. En ese sentido, advierte Pérez Rabasa, perder esos espacios implica también perder identidad histórica y debilitar los procesos de reconocimiento y transmisión de la memoria afro, constitutiva de la historia argentina.

Por eso la Mesa Afro Córdoba entiende que nombrar la herencia afro no es solo un acto de justicia con el pasado; es también una apuesta por un futuro que nos permita vivenciar una identidad cordobesa y argentina que se reconozca en la diversidad y que identifique las desigualdades existentes para combatirlas.

Imagen de portada: representantes de la Mesa Afro en la Legislatura de la Provincia de Córdoba. | Foto: gentileza de la Mesa Afro Córdoba


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Cordobesa, licenciada en Trabajo Social con Máster en Migraciones Internacionales y formación en Antropología. Tiene experiencia en gestión territorial, abordaje intercultural, derechos humanos y acompañamiento a personas migrantes y refugiadas. Además, es poeta y amante de la literatura en sus diversos géneros. De ascendencia migrante ha vivido en México, Brasil y España.


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