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El 24 de enero se celebra el Día Mundial de la Cultura Africana y de los Afrodescendientes, una iniciativa impulsada por la UNESCO para destacar y honrar la rica herencia cultural del continente africano y de sus diásporas. Esta fecha tiene como objetivo fomentar el respeto por la diversidad, el diálogo intercultural y la paz. Además, busca visibilizar un legado cultural vivo, presente en la música, las lenguas, la espiritualidad, las tradiciones y las formas de vida que fue históricamente marginado, estigmatizado e invisibilizado.

En este marco, celebrar también implica interrogar qué voces circulan, cuáles siguen quedando fuera y qué barreras persisten en los espacios de producción cultural. Desde ese lugar, desde Refugio Latinoamericano conversamos con Karol Andrea Valero, directora de Investigación y representante en Argentina de la Editorial Kutusoma, una organización comunitaria afrocentrada que tiene como la preservación y promoción de las narraciones de los pueblos afrodescendientes en América Latina y el Caribe. Con ella dialogamos acerca del contexto de producción de las narrativas afrocentradas, con el fin de reflexionar sobre las desigualdades del ecosistema editorial iberoamericano y los desafíos que enfrentan los narradores afrolatinoamericanos para publicar y ser leídos.

Donde la comunidad se vuelve proyecto

“El nombre está en swahili y significa comunidad”. Kutusoma es un proyecto editorial y de investigación impulsado mayoritariamente por personas afrodescendientes, mujeres y diversidades, que se propone construir un espacio propio para la memoria, la identidad y la producción cultural del pueblo negro. Nació en 2020, en pleno contexto de pandemia, de la mano de Daniela Ibarguen, fundadora y directora general, junto a Esthefany Chaverra, directora de lectura; Patricia Castillo, directora editorial (Chile); y Edinson Montaño, director del Laboratorio Gráfico. En sus inicios, el proyecto surgió como un club de lectura y escritura.

Desde sus inicios, la escasa divulgación de textos de afrodescendientes fue el motor que dio origen al proyecto. Fue así que Kutusoma comenzó erigiéndose como un espacio de búsqueda y circulación. Según explica Karol Valero, lo que ellos tenían pensado era que el espacio se constituyera como “un lugar de distribución de textos de personas negras, que no se encontraban; eran textos que en ese momento estaban libres y después todo fue mutando, se crearon las distintas áreas que hay actualmente”.

Karol Valero, directora de investigación y representante en Argentina de Editorial Kutusoma | Imagen: gentileza

A pesar de la riqueza cultural de América Latina y del creciente reconocimiento de la importancia de la diversidad literaria, desde el área de investigación de Kutusoma señalan que el ecosistema editorial iberoamericano ha demostrado ser especialmente reticente a visibilizar y publicar narradores afrolatinoamericanos. En este sentido, concluyen que las lógicas raciales y económicas que estructuran el campo literario continúan reproduciendo prácticas que obstaculizan el acceso, la circulación y el reconocimiento de las voces afrodescendientes en los espacios centrales del mercado editorial. “En las editoriales grandes no había editores que tuvieran una perspectiva racial, entonces cuando llegaban manuscritos como el de Mary Grueso, se le pedía que escribiera más como negra y no le publicaban nada hasta que ella gestionó su autopublicación”,  comenta Karol. De esta manera, las dinámicas editoriales generan barreras que dificultan el acceso de autores afrodescendientes a la publicación de sus obras. 

Investigar las barreras que enfrentan los narradores afrodescendientes

Desde Kutusoma, estas desigualdades no solo se denuncian, sino que también se investigan. A partir de ese trabajo, el equipo comenzó a preguntarse de manera sistemática qué obstáculos enfrentan los autores afrodescendientes para publicar y circular sus obras dentro del ecosistema editorial iberoamericano.

“Cuando se hace el encuentro de narradores el año pasado, Daniela Ibarguren nos pide que mostremos un avance sobre la investigación, y dije bueno nos vamos al foco inicial (…) que es: ¿qué pasa con la gente negra y por qué no los publican?Sin embargo, al intentar profundizar en estas preguntas, el equipo se encontró con un primer límite estructural: la escasez o directamente la ausencia de información sistematizada.  “En la investigación nosotros empezábamos a hacer todo y no encontrábamos datos”, señala Karol.

Una imagen del Encuentro Internacional de Narraciones Afrodescendientes realizado en Bogotá en noviembre de 2024 | Imagen: Instagram

La falta de registros y de sistematización sobre las producciones de autores afrodescendientes y las temáticas que abordan no solo dificulta dimensionar su presencia en el ecosistema literario, sino que también obstaculiza el reconocimiento de su relevancia y la formulación de políticas públicas y editoriales que atiendan estas desigualdades.

“Para hacer los avances no había datos, de ahí partimos, que no había datos y los creamos; en el sentido de buscar en los distintos catálogos de las editoriales. En un principio estaba pensado para hablar de escritoras mujeres, pero fue tan poco lo que encontramos que dijimos bueno la lista de mujeres se va, la lista de edad se va… era poco lo que encontrábamos”. La infrarrepresentación, sumada a la falta de neutralidad en los procesos de selección y las múltiples limitaciones en distribución y marketing, conforman un conjunto de prácticas que no solo restringen la circulación de estas narrativas, sino que también reproducen desigualdades estructurales y perpetúan la invisibilización de voces afrodescendientes dentro del campo literario.

El caso de Brasil: cuando los datos dejan al descubierto la exclusión

Durante la investigación, uno de los hallazgos que más impactó a Karol Valero fue la estructura editorial de Brasil, donde el Estado se involucra al generar una base de datos de los libros publicados por cada editorial. Este relevamiento permitió observar con claridad un patrón: la mayoría de libros que estaban escritos por personas negras eran de editoriales comunitarias, editoriales autogestivasy había muy poco publicado en alguna editorial grande, y cuando ibas a consultar en la editorial (…), te decían que ‘a la gente no le gusta leer historias sobre racismo‘”.

Lejos de tratarse de una cuestión de gustos, los datos evidencian cómo las decisiones editoriales reproducen lógicas de exclusión que relegan las narrativas afrodescendientes a los márgenes del mercado. “Los autores te decían ‘es que si yo no escribo sobre racismo no me publican’ (…) Del lado editorial y los editores dicen que la gente espera que alguien de este tono escriba sobre esto, pero no somos todos iguales: hay gente que va a escribir sobre eso, pero también hay quienes quieren escribir historias como Harry Potter”

Así, el problema se extendería más allá de la mera publicación. Ahora, la cuestión es quién posee el derecho a imaginar y a que su obra sea leída sin estar sujeta a limitaciones.

Un proyecto que apunta a conservar la inocencia de las infancias

En la conversación con Karol aparece con fuerza una idea que atraviesa todo el proyecto: el cansancio de tener que escribir y leerse siempre desde el dolor. La necesidad de abrir espacio a relatos donde los afrodescendientes no estén obligados a explicar el racismo, sino también a habitar la ternura, la imaginación y lo cotidiano.

“Quiero que las niñas y los niños lean libros como los de Mary Grueso, una autora colombiana. Ella es muy buena, léanla; tiene libros muy lindos: hace poesía y fue ‘cantadora’, que son las personas que cuentan mitos y leyendas, sobre todo de la parte del Pacífico colombiano. Ellas son las encargadas de preservar algunas prácticas tradicionales ancestrales y tienen muchas historias para contar”.

Karol destaca la importancia de no delimitar lo que las infancias leen; está bien sentirse representados, pero eso no debería convertirse en un límite. En ese sentido, relata una experiencia del trabajo de Kutusoma en Guapi, una localidad del Pacífico colombiano rodeada por el mar, donde muchos niños y niñas deben trasladarse en lancha para ir a la escuela. Allí, en conjunto con la alcaldía, impulsaron la creación de una biblioteca pública.

“Cuando llegaron los libros de Mary Grueso o de Miguel Ángel Angulo, estaban súper contentos leyéndolos. Sobre el último, decían: ‘Mirá, él utiliza las mismas palabras que yo, ¿viste? Hablo bien, yo no hablo mal’”. Esto señala la importancia de mostrarles a los niños que también tienen narradores que los comprenden y los representan, sin obligarlos a correrse de su forma de hablar, de sentir o de habitar el mundo. 

Finalizando con nuevos comienzos

De cara a los próximos pasos de Kutusoma, Karol señala que uno de los grandes desafíos es ampliar la circulación de los contenidos a través de una redistribución digital. Las limitaciones del circuito físico en términos de alcance y rentabilidad, sumadas a los tiempos extensos que demandan las investigaciones y a la necesidad de financiamiento, vuelven urgente pensar nuevas formas de sostener y expandir el proyecto.

En ese marco, quiso dejar un mensaje directo para escritores, narradores e investigadores que hoy buscan publicar y abrirse camino en el mundo editorial:

“Primero apoyen a las pequeñas editoriales, porque es mucho más probable que una pequeña editorial, sea o no afrocentrada, sea la primera que los publique. Y también que, cuando lleven sus manuscritos y vean que les van a cambiar palabras que usan, intenten venderlo dando más opciones, pero que no decaigan en modificar lo que quieren publicar”. Karol expresa cómo los autores afrodescendientes sostienen dos o más trabajos, enfrentan largos procesos de investigación sin financiamiento y se mueven en circuitos con escasas posibilidades de rentabilidad, lo que vuelve urgente pensar nuevas estrategias de acceso.

En un ecosistema editorial que aún reproduce profundas desigualdades, el trabajo de Kutusoma pone en evidencia que ampliar la circulación de las narrativas afrodescendientes no es solo una cuestión simbólica, sino también material. En ese escenario, insistir, tejer redes, acompañar proyectos comunitarios y participar en espacios de publicación se vuelve parte de una misma disputa: garantizar que las voces afrodescendientes sean efectivamente reconocidas en el campo de la narrativa. Porque celebrar la cultura africana y afrodescendiente también implica crear las condiciones materiales y simbólicas para que pueda narrarse, leerse, preservarse y proyectarse hacia el futuro.


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Mayerlin Zapata es una estudiante de ciencias de la comunicación formada en la UBA, venezolana naturalizada Argentina. Se ha dedicado a gestionar procesos comunicacionales en distintos ámbitos tanto institucionales como de acción social.


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