En un reciente informe, la organización internacional Médicos Sin Fronteras, alerta sobre un aumento sostenido de la violencia sexual contra mujeres y niñas en Puerto Príncipe, en un contexto marcado por la crisis humanitaria, el colapso de los servicios básicos y la expansión de grupos armados en amplias zonas de la capital haitiana.
El reciente informe “Violencia Sexual y basada en Género en Puerto Príncipe, Haití”, publicado por la organización Médicos Sin Fronteras (MSF), documenta un aumento exponencial de la violencia sexual contra mujeres y niñas en el país.
Según la organización, más de la mitad de estas agresiones fueron perpetradas por grupos armados de manera sistemática y en el marco de ataques más amplios contra la población civil, especialmente intensificados desde 2022. “Pedimos un reconocimiento inequívoco de la naturaleza generalizada de la violencia sexual y su uso deliberado por grupos armados como herramienta para controlar y subyugar a mujeres y niñas”, aseveró Diana Manilla Arroyo, jefa de misión de MSF en ese país.
MSF señaló que Haití atraviesa una crisis humanitaria marcada por el colapso de los servicios básicos, la escalada de violencia armada y el desplazamiento interno masivo. Aunque el país caribeño ha enfrentado otras grandes dificultades en el pasado, el deterioro político-social actual comenzó a vislumbrarse en 2018, con el aumento del precio del combustible, las medidas de confinamiento impuestas por el gobierno y protestas sociales. La situación empeoró desde julio de 2021, tras el asesinato del presidente Jovenel Moïse, lo que favoreció la expansión de grupos criminales que hoy controlan amplias zonas de Puerto Príncipe.
Así, mientras se han exacerbado los enfrentamientos por el control territorial entre las fuerzas estatales y los grupos paramilitares, éstos últimos han adoptado los ataques recurrentes a la población civil como estrategia para infundir el terror. En este escenario, la violencia sexual se intensifica y afecta -en su mayoría- a mujeres y niñas, en particular a quienes viven en condiciones de extrema pobreza o han sido forzadas a desplazarse. De acuerdo al informe de MSF, elaborado a partir de los datos recabados en la clínica Pran Men’m que administra en la capital haitiana, entre 2015 y 2025 han asistido a 16.999 sobrevivientes de violencia sexual, 98% de las cuales han sido mujeres y niñas.

De las personas atendidas en el centro de salud, 58% sufrieron violaciones sexuales perpetradas por un grupo, con un promedio de tres atacantes, mientras que alrededor de 100 sobrevivientes fueron agredidas por grupos de 10 o más personas. Además, personal de MSF reportó que 19% de las pacientes fueron atacadas en múltiples ocasiones, tras constatar que muchas de ellas regresaron a solicitar atención médica luego de haber sido nuevamente agredidas.
Desde 2022, la intensificación de los enfrentamientos armados y el aumento de la inseguridad en las calles se tradujeron en una triplicación de los casos de violencia sexual atendidos en la clínica Pran Men’m. El informe de MSF advirtió que esta situación se ve agravada por la destrucción y el abandono del sistema de salud en Haití. En este contexto, la ayuda médica humanitaria se ha convertido en un recurso vital para un número creciente de sobrevivientes, al tiempo que enfrenta un entorno cada vez más adverso, tanto para quienes buscan atención como para los equipos que brindan asistencia.
MSF resaltó que antes de 2022, niñas, niños y adolescentes concentraban 50% de los casos de violencia sexual atendidos en Pran Men’m. Luego de ese año, la proporción se redujo a 24%, dando lugar a una distribución más equitativa entre los distintos grupos etarios. Desde esa fecha, en paralelo, se observó que el número de personas sobrevivientes de entre 50 y 80 años -poco frecuente- se multiplicó siete veces.
“Me golpearon y me rompieron los dientes. Tres jóvenes que podrían ser mis hijos. Cuando me negué a acostarme con ellos, me pegaron y me caí. Mientras forcejeaba, me golpearon en la espalda; todavía siento el dolor meses después”, contó la sobreviviente B (mujer, 53 años).
La organización registró también un cambio significativo en el perfil de los atacantes. En 57% de los casos atendidos en Pran Men’m, las personas sobrevivientes identificaron como agresores a miembros de grupos armados, mientras que en años anteriores los ataques solían ser cometidos por personas cercanas a su entorno. “Fue realmente una tragedia. Tuve que huir de mi casa sin poder llevarme nada. Cuando regresé a casa para recoger ropa para mis hijos, me encontré con un hombre armado que estaba allí, en el pasillo. Inmediatamente, llamó a un grupo de hombres armados que se le unieron”, relató la sobreviviente A (mujer, 51 años).

Este giro confirma la creciente instrumentalización de la violencia sexual perpetrada por grupos armados, como parte de una violencia más amplia ejercida contra la población civil, que incluye saqueos, destrucción de viviendas y asesinatos. En el marco de la disputa por el control territorial, las bandas cometen crímenes sexuales como una estrategia deliberada para disciplinar a mujeres y niñas, ejercer poder sobre sus cuerpos e instalar el terror en las comunidades.
No obstante, muchas personas no tienen acceso oportuno a la atención médica tras haber sufrido una agresión sexual. MSF afirma que, desde 2022, sólo un tercio de quienes solicitaron atención en Pran Men’m logró llegar dentro de los tres días posteriores al ataque, es decir que 67% de las personas sobrevivientes no pudieron recibir a tiempo el tratamiento médico de emergencia para prevenir la transmisión del Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH), ante una posible exposición.
Por su parte, las personas que se acercaron a la clínica dentro de los cinco días posteriores a la agresión sexual se redujo a 41%, lo que significa que 59% de las sobrevivientes perdieron la posibilidad de evitar embarazos no deseados. Según MSF, las demoras que padecen las sobrevivientes para acceder a la atención sanitaria responden a múltiples factores, entre ellos, el miedo, el estigma social y los obstáculos económicos.
Para abordar de manera eficaz la violencia sexual y su impacto en mujeres y niñas, MSF subraya la necesidad de priorizar la atención integral de las sobrevivientes y de sostener su recuperación a largo plazo. La organización insta al gobierno haitiano, los proveedores de servicios, los donantes, las agencias de las Naciones Unidas y otros actores involucrados, a realizar una acción urgente y coordinada. “Pedimos un acceso ampliado a una atención médica y psicosocial integral de forma gratuita, lo cual solo puede lograrse mediante un aumento sostenible de la financiación para los servicios de apoyo”, concluyó Manilla Arroyo.
El informe completo de Médicos Sin Fronteras (MSF), aquí
En el siguiente enlace, Refugio Latinoamericano reproduce el informe “Violencia Sexual y basada en Género en Puerto Príncipe, Haití”, elaborado por Médicos Sin Fronteras, que profundiza en los datos, testimonios y análisis sobre la situación actual en el país caribeño.
MSF357505High-1Imagen de portada: en la oficina de MSF, una mujer de 51 años relata al personal las múltiples veces en que fue sometida a violencia sexual. En una ocasión, fue agredida mientras ella y su familia estaban secuestrados por un grupo de hombres armados. Logró pagar un rescate para la liberación de su familia, pero su padre murió posteriormente a causa de las heridas sufridas durante su cautiverio.
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Mi historia migrante es una historia de exilios y se remonta, por un lado, a mis antepasados de origen vasco-navarro, por otro, a mis bisabuelos provenientes de Guangzhou y Okinawa. Todos ellos se encontraban en situación de movilidad, huyendo de enfrentamientos armados y buscando establecerse en tierras que les permitieran trabajar y criar a sus hijos. Es así que llegaron a América Latina.
Considero fundamental que las historias de personas migrantes sean contadas por sus protagonistas. En esta tarea resulta necesario visibilizar no sólo las dificultades a las que muchas veces se enfrentan sino, además, los aportes económicos, políticos y culturales que realizan en las comunidades de acogida.
Me apasionan las expresiones artísticas, especialmente las danzas, la pintura y el dibujo.
