El Festival Internacional Kinissis es una plataforma de encuentro para la danza contemporánea y las técnicas de movimiento que se realiza por estos días (del 10 al 18 de enero) en Santiago de Chile. A lo largo de una semana intensiva, artistas y compañías destacadas de Latinoamérica y otras regiones del mundo lideran entrenamientos, master classes y espacios de intercambio que se complementan con actividades escénicas, conversatorios, jam sessions y encuentros de programación. Más que un evento formativo, Kinissis se ha convertido en una experiencia de comunidad que fortalece redes nacionales e internacionales y amplía el ecosistema cultural de la danza contemporánea.
En conversación con Refugio Latinoamericano, Ioanna Kerasopoulou, bailarina y coreógrafa de origen griego, creadora y directora general del Festival Internacional Kinissis, y Rebeca Portillo Flores, bailarina y productora general del proyecto, compartieron el recorrido vital y artístico que dio origen a Kinissis, así como las tensiones, aprendizajes y desafíos que atraviesan su sostenimiento desde la autogestión.
Ioanna desarrolló gran parte de su carrera en Europa. Desde los 18 hasta los 30 años vivió y trabajó entre Grecia y Alemania, especialmente en Berlín. Como muchos bailarines, su formación estuvo marcada por los grandes festivales de entrenamiento intensivo, sobre todo en verano: espacios fundamentales para continuar entrenando, ganar visibilidad y establecer contactos profesionales. Sin embargo, la lógica de la competencia y la exigencia extrema también le dejaron huellas físicas y emocionales, entre ellas una lesión que aún persiste y una sensación de restricción creativa.

El quiebre llegó con el desplazamiento. Tras participar en una producción en Hamburgo junto a un artista chileno, Ioanna fue invitada a Santiago a un gran festival. Era su primera vez en Latinoamérica. Al finalizar el trabajo viajó al sur del país y, al regresar, el cierre de fronteras por la pandemia de COVID-19 le impidió volver a Europa. Esa permanencia inesperada se transformó en un proceso de arraigo y reflexión.
En Chile comenzó a trabajar con jóvenes bailarines en formación, provenientes de una educación universitaria centrada en la danza moderna. El cruce de lenguajes corporales y modos de pensar el movimiento abrió una pregunta fundamental: ¿qué pasaría si artistas con trayectorias internacionales compartieran procesos creativos con estos cuerpos, fuera de lógicas jerárquicas y competitivas?
El primer intento de crear el festival fue en 2022 y no prosperó por falta de financiamiento, experiencia en gestión y tiempo. Sin embargo, las giras posteriores por Latinoamérica permitieron descubrir una red de festivales pequeños y autogestionados que ponían en el centro la comunidad, algo que Ioanna no había experimentado en Europa. Ese hallazgo transformó la visión de Kinissis.

Desde entonces, el festival se articula a partir de una línea curatorial centrada en la formación intensiva, complementada por un foro escénico, encuentros de programadores, jam sessions abiertas con música en vivo, conversatorios y espacios de difusión de investigaciones territoriales en artes escénicas. Kinissis propone un cruce real entre artistas europeos reconocidos y creadores latinoamericanos, conocidos y emergentes, en un mismo espacio de visibilidad e intercambio.
Por su parte, Rebeca Portillo Flores llegó a Kinissis como participante antes de integrarse al equipo de producción. Desde su doble rol como bailarina y gestora, destaca el carácter integral del festival y su importancia como espacio de profesionalización continua fuera de los marcos académicos tradicionales. La visibilización de artistas latinoamericanos junto a figuras internacionales es, para ella, una de las principales fortalezas del proyecto.

En sus ediciones más recientes, el festival ha ampliado su alcance hacia personas no profesionales de la danza, ofreciendo clases abiertas a comunidades de la periferia de Santiago. Esta apertura responde a una convicción compartida por el equipo: el encuentro con el cuerpo y el movimiento tiene un valor transformador que no se limita al ámbito profesional.
Hasta la fecha, Kinissis ha realizado cuatro ediciones sostenidas desde la autogestión. La falta de financiamiento estable, la escasez de salas adecuadas para la danza en Santiago y la concentración de recursos en grandes eventos institucionales convierten cada versión en un desafío. Aun así,el festival continúa creciendo y convocando a participantes de distintos países de Latinoamérica y Europa.
Kinissis se constituye así como algo que va más allá de un festival de danza contemporánea. Es el resultado de una experiencia migrante, de cuerpos en movimiento que reafirman su identidad tanto al atravesar fronteras como a través del lenguaje de la danza, en una apuesta por la comunidad y el encuentro como ejes de la práctica artística en América Latina.
Contenido relacionado:
Candombe: tambores, memoria y territorio en movimiento
El circo como refugio cultural en América Latina
“Mucu, o el intento de volver” y el deseo de una comunidad más unida
María Estévez, abogada, artista escénica, gestora cultural. Mi trabajo se entrelaza con la economía social mutuales y las cooperativas, espacios donde he investigado la fuerza de lo colectivo. Desde allí pienso la migración no solo como desplazamiento, sino como oportunidad de tejer redes, sostenernos en comunidad y reinventar los modos de habitar.
