- Lejos de promover la estabilidad, el plan no es posible sin un desplazamiento forzoso de personas y la adquisición del territorio por medio de la fuerza militar.
- La comunidad internacional advierte que tal medida podría considerarse un crimen de guerra.
El 4 de febrero, mediante una conferencia en la Casa Blanca, junto al Primer Ministro israelí, Benjamín Netanyahu —quien carga con una orden de arresto de la Corte Penal Internacional (CPI) por crímenes de guerra y de lesa humanidad— Donald Trump, anunció un plan sin precedentes: “Estados Unidos se hará cargo de la Franja de Gaza” y la reconstruirá para convertirla en un “destino económico próspero”. Para lo cual, tendrá que desplazar a su actual y afectada población a países vecinos, con el fin de que puedan rehacer sus vidas en “sitios bonitos” y con “fronteras bonitas”, y convertir el enclave en la “Riviera de Medio Oriente”, según las palabras del mandatario. Por momentos, el discurso parecía el de un empresario que ofrecía una propuesta innovadora de tipo inmobiliario.
“La idea es que Estados Unidos sea dueño de ese pedazo de tierra, desarrolle y cree miles de puestos de trabajo, con algo que será magnífico, en una zona realmente magnífica”, expresó el actual inquilino de la Casa Blanca. “¿Y a quién ve viviendo ahí?”, le preguntó un periodista. “Me imagino a la gente del mundo viviendo allí. Creo que lo convertirán en un lugar internacional, increíble”, respondió.
Un anuncio que refuerza las posturas
“Esta es nuestra tierra y no podemos vivir en otro lugar que no sea Gaza, es nuestra patria y hemos crecido aquí”, le dijo una mujer palestina a una periodista de la BBC. Por su parte, el presidente de la Autoridad Nacional Palestina, Mahmud Abbas, rechazó enérgicamente el plan.
En tono con el discurso de Trump, quien consideró que la propuesta “traerá gran estabilidad a esa parte de Medio Oriente”, los funcionarios y dirigentes políticos israelíes oficialistas se emocionaron y esperan su puesta en marcha. Mort Klein, presidente nacional de la Organización Sionista de América, dijo que “es una declaración extraordinaria que podría garantizar el fin del grupo terrorista islámico-árabe Hamas y asegurar el sur de Israel después de décadas de ataques terroristas y lanzamientos de misiles de Hamas en Gaza”.
Las reacciones de la región fueron contundentes: Egipto, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Qatar, la Autoridad Palestina y la Liga Árabe declararon que tal medida podría “amenazar la estabilidad de la región, correr el riesgo de expandir el conflicto y socavar las perspectivas de paz y coexistencia entre sus pueblos”. Abdalá II, el rey de Jordania, rechazó tajantemente la idea de expulsar a los palestinos de las tierras gazatíes y de Cisjordania. La Liga Árabe reiteró su respaldo al establecimiento de un Estado bajo el dominio del pueblo palestino independiente en Gaza y Cisjordania y expresó sus dudas sobre un escenario de toma de fuerza para llevarlos a dejar sus tierras. Arabia Saudita, por su parte, reafirmó su posición “firme e inquebrantable” de que no establecerá lazos con Israel sin la creación de un Estado palestino.
Las reacciones de la región fueron contundentes: Egipto, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Qatar, la Autoridad Palestina y la Liga Árabe declararon que tal medida podría “amenazar la estabilidad de la región, correr el riesgo de expandir el conflicto y socavar las perspectivas de paz y coexistencia entre sus pueblos”.
Crimen de guerra
Trump dejó en claro que “harán lo que sea necesario” para que los gazatíes se vayan y dejen la vía libre para el proyecto inmobiliario frente al mar. Los palestinos no quieren abandonar su tierra, por lo que el potencial uso de fuerzas militares plantea un escenario de desplazamiento forzoso de personas y adquisición del territorio por la fuerza.
El traslado forzoso de población está prohibido por el Artículo 49 del IV Convenio de Ginebra y podría ser considerado un crimen de guerra según el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional (Art. 8.2.a.VII). También perpetuaría una realidad que los palestinos han enfrentado por generaciones: la vida como refugiados. Desde la Nakba de 1948, millones de palestinos han sido expulsados de sus hogares por los temores de la guerra, sin perspectivas claras de retorno ni de ciudadanía plena en otros países. La propuesta de Trump, lejos de ofrecer una solución viable, eterniza este ciclo de desposesión y desarraigo, consolidando un modelo en el que los palestinos son sistemáticamente despojados de su tierra y condenados a una existencia sin Estado propio.
Es posible que los países árabes, incluidos aquellos que normalizaron relaciones con Israel, rechacen una medida que es percibida como colonialista, aumentando las tensiones en la región. Por otro lado, el desplazamiento permanente de palestinos y la apropiación de Gaza, podrían exacerbar el resentimiento hacia Israel y Estados Unidos, alimentando grupos extremistas y perpetuando el ciclo de violencia. Asimismo, estas declaraciones podrían afectar sobre la voluntad de Hamas a negociar los intercambios de rehenes que aún se encuentran cautivos en Gaza.

Desde la Nakba de 1948, millones de palestinos han sido expulsados de sus hogares por los temores de la guerra, sin perspectivas claras de retorno ni de ciudadanía plena en otros países. La propuesta de Trump, lejos de ofrecer una solución viable, eterniza este ciclo de desposesión y desarraigo, consolidando un modelo en el que los palestinos son sistemáticamente despojados de su tierra y condenados a una existencia sin Estado propio.
Limpieza étnica con retornos
Está claro que no hay institución o costumbre que la nueva administración considere inquebrantable. Pero ignorar y erosionar las normas de derecho internacional que aseguran una mínima previsibilidad en la arena internacional, no solo afectan a las partes sino al sistema global de gobernanza y estabilidad, fragiliza la legitimidad de instituciones clave y deja la vía abierta para mayores escaladas de violencia.
En un artículo reciente publicado en The New York Times, el profesor Khaled Elgindy, integrante del Centro de Estudios Árabes Contemporáneos de la Universidad de Georgetown, analizó la propuesta de Trump y reparó en que, en un contexto tan incierto, con muchas voces declarando y confrontando sobre la paz y la guerra en Gaza, nadie ha presentado un plan concreto de reconstrucción y que, a falta de certezas, la ola de reacciones lleva a pensar si las polémicas propuestas representan el paso a una especie de limpieza étnica amparada en la reparación de los destrozos.
Mientras algunos ven este plan como una solución, otros advierten que es un intento de borrar a Gaza del mapa y obtener retornos económicos a partir de eso. En un mundo donde las normas de coexistencia se debilitan ante iniciativas polémicas y el permiso global, el destino de Gaza se convierte en una prueba de hasta dónde la comunidad internacional está dispuesta a tolerar la impunidad.
Imágen de portada: The White House (Cuenta de X)
Es licenciada en Relaciones Internacionales por la Universidad Católica Argentina, con experiencia en la redacción de artículos sobre actualidad política internacional, enfocándose en Medio Oriente y Latinoamérica. Actualmente, es voluntaria en el Departamento de Estudios de Medio Oriente del Instituto de Relaciones Internacionales de la UNLP y colabora en iniciativas sociales, como apoyo escolar en el Grupo Ombú.