Hace casi noventa años, la frontera entre República Dominicana y Haití fue escenario de una masacre cuyo trauma persiste en la memoria del pueblo haitiano. Lejos de haberse tratado un conflicto entre campesinos, esta matanza de 1937 respondió a un plan del dictador Rafael Leónidas Trujillo para «dominicanizar» el territorio mediante la promoción a sangre y fuego de un antihaitianismo desembozado.