Compartir:

Juan Francisco Martínez Peria es historiador e investigador especializado en historia del Caribe, panafricanismo y tradiciones políticas anticoloniales. Su trabajo se centra en el estudio de las revoluciones atlánticas, las diásporas negras y los cruces entre marxismo, anticolonialismo y pensamiento crítico no eurocéntrico. En su libro George Padmore, la tradición radical negra y la liberación del Sur Global (Ed. Prometeo, 2024), reconstruye la trayectoria política e intelectual de una figura clave del panafricanismo del siglo XX, a partir de una investigación histórica que dialoga con debates contemporáneos sobre colonialismo, racismo y emancipación.

Nacido en 1903 en Arouca, Trinidad —entonces colonia británica—, George Padmore (cuyo nombre real era Malcolm Ivan Meredith Nurse), fue un intelectual, militante y organizador político fundamental del movimiento panafricanista. A lo largo de su vida desarrolló una trayectoria transnacional que articuló África, el Caribe, Estados Unidos y Europa, combinando producción teórica, periodismo político y organización militante. Fallecido en Londres en 1959, Padmore fue una figura central en la formulación de una tradición radical negra y un actor decisivo en los procesos de descolonización africanos, en particular como asesor cercano de Kwame Nkrumah en el proceso que condujo a la independencia de Ghana en 1957, el primer país africano en liberarse del dominio colonial británico.

Su obra escrita fue tan influyente como su labor organizativa. En diálogo y militancia con figuras como C. L. R. James, W. E. B. Du Bois y otros líderes anticoloniales de África y Asia, Padmore contribuyó a forjar un horizonte político que pensó la emancipación desde la experiencia histórica concreta de los pueblos africanos. Entre sus libros más importantes se encuentran The Life and Struggles of Negro Toilers (1931), How Britain Rules Africa (1936) y Pan-Africanism or Communism? (1956), textos en los que analizó el vínculo entre colonialismo, capitalismo y racismo, y cuestionó tanto el liberalismo imperial como las limitaciones del marxismo eurocéntrico para comprender la opresión colonial. En ellos, Padmore elaboró una crítica radical al orden mundial desde la experiencia histórica concreta de los pueblos africanos sometidos al yugo colonial.

Sin embargo, su nombre ocupa un lugar marginal en la historia del pensamiento crítico. La teoría social moderna se construyó históricamente a partir de una selección rigurosa y profundamente racializada de voces autorizadas, privilegiando a autores varones, blancos y occidentales. Esta exclusión no respondió a la ausencia de otros pensadores relevantes, sino a las jerarquías impuestas por el colonialismo, el racismo y el orden académico eurocéntrico. En ese proceso, numerosos intelectuales que reflexionaron con igual lucidez sobre el colonialismo, el racismo y el capitalismo global quedaron por fuera del canon hegemónico. George Padmore es uno de ellos y, paradójicamente, también uno de los más influyentes del siglo XX.

Desde ese horizonte político, Padmore se convirtió en uno de los principales impulsores de lo que luego sería reconocido como la tradición radical negra: un conjunto amplio de ideas, luchas y experiencias políticas gestadas desde los pueblos negros de África, el Caribe y las diásporas. Esta tradición pensó la liberación a partir de la experiencia concreta del colonialismo, la esclavitud y el racismo, cuestionó la centralidad del pensamiento europeo como modelo universal y criticó las promesas incumplidas del liberalismo, al tiempo que señaló los límites del marxismo cuando este ignoraba la dimensión racial y colonial del capitalismo.

Durante la década de 1930, Padmore militó en el comunismo internacional y ocupó un lugar destacado como dirigente del International Trade Union Committee of Negro Workers, vinculado a la Internacional Comunista. No obstante, rompió con ese espacio al advertir que, pese a su discurso universalista, la izquierda europea seguía pensando la revolución desde una perspectiva blanca y eurocéntrica, subordinando las luchas anticoloniales a las prioridades políticas del Norte y relativizando la responsabilidad de las potencias liberales en la opresión racial. Para Padmore, ese límite era insalvable: no podía pensarse una emancipación real sin enfrentar el racismo como una estructura constitutiva del capitalismo y del orden colonial.

Aunque al momento de su muerte fue reconocido como uno de los padres de la independencia africana, su figura quedó relegada en las grandes narrativas del pensamiento crítico. Recuperar su trayectoria permite no solo interpelar el canon eurocéntrico, sino también restituir genealogías políticas negras fundamentales para comprender los procesos de liberación en África, el Caribe y las diásporas.

Por ello conversamos con el historiador Juan Francisco Martínez Peria a propósito de su libro George Padmore, la tradición radical negra y la liberación del Sur Global (Ed. Prometeo, 2024), una investigación que reconstruye su vida, su obra y su legado político-intelectual, y que contribuye a volver visible a una figura clave para pensar las luchas anticoloniales y la emancipación desde el Sur Global.

Traducirlo y ponerlo en circulación era una forma de empezar a revertir ese silenciamiento

El interés de Martínez Peria por Padmore surgió a partir de sus investigaciones sobre la Revolución Haitiana, el panafricanismo y la historia del Caribe, donde el nombre de George aparecía de manera recurrente, pero siempre de forma fragmentaria. “Era una figura que se mencionaba en distintos lugares, pero muy poco trabajada, sobre todo en el mundo hispanoparlante”, explica. 

Esa ausencia fue lo que despertó su interés. Para Martínez Peria, Padmore era un intelectual y militante de enorme relevancia política, cuyo lugar marginal en la historiografía no podía explicarse por falta de impacto histórico. “Había muy pocos trabajos sobre él, y en castellano prácticamente nada. Me parecía evidente que había un vacío que no era casual”, señala. 

Antes de escribir este libro, el historiador decidió dar un paso previo: traducir y difundir su obra. Comenzó con Vida y lucha de los trabajadores negros (The Life and Struggles of Negro Toilers), de 1931, y con una selección de artículos de su trayectoria política e intelectual. “Padmore fue una figura políticamente muy potente, con un impacto enorme en el Caribe y en África, especialmente en las décadas del treinta y el cincuenta. Sin embargo, su obra estaba agotada o era muy difícil conseguir. Traducirlo y ponerlo en circulación era una forma de empezar a revertir ese silenciamiento”, afirma.

Una trayectoria marcada la militancia y el exilio

George Padmore nació en un contexto atravesado por el racismo, las persistencias de la esclavitud y la falta de espacios de formación intelectual para la población negra. Como muchos otros pensadores caribeños de su generación, la experiencia colonial lo empujó a emigrar siendo joven. A mediados de la década de 1920 llegó a Estados Unidos, donde comenzó una intensa etapa de formación política y militancia. 

Se vinculó allí tanto con el movimiento panafricanista como con el marxismo, en un momento atravesado por el Renacimiento de Harlem o New Negro Movement, un potente movimiento cultural, político e intelectual protagonizado por artistas, escritores y activistas negros en las décadas de 1920 y 1930, que disputó las representaciones racistas dominantes y afirmó la producción cultural negra como forma de resistencia y conciencia política. 

Ese clima estuvo atravesado por debates sobre racismo, colonialismo, clase y emancipación, y por la emergencia de nuevas organizaciones políticas y culturales afroestadounidenses. Padmore ya tenía ideas panafricanistas que venían de su familia y de la cultura afrocaribeña, pero en Estados Unidos esas ideas se potencian y se articulan con el marxismo, señala.

Su ingreso al Partido Comunista estadounidense fue seguido por un rápido ascenso dentro de la III Internacional Comunista. Para comienzos de los años treinta ya se había convertido en una figura central del movimiento negro internacional y dirigió la revista El Trabajador Negro (The Negro Worker). Desde allí, articuló redes políticas entre África, el Caribe, Estados Unidos y Europa. 

Sin embargo, esa relación se quebró pocos años después, cuando advirtió que el giro político de la Internacional Comunista implicaba abandonar la crítica a las potencias coloniales liberales. Le pedían que dejara de criticar a Inglaterra, Francia o Estados Unidos y que concentrara sus ataques únicamente en el fascismo. Para Padmore eso era inaceptable”, explica Martínez Peria. Tras esa ruptura, se instaló en Inglaterra, donde desarrolló una intensa actividad política, periodística e intelectual. Impulsó un panafricanismo de izquierda autónomo, crítico tanto del liberalismo como del eurocentrismo de la izquierda europea, comprometido con las luchas anticoloniales en África, el Caribe y Asia.

También te puede interesar: “La Revolución de las Boinas”: un libro clave para pensar la descolonización africana del siglo XXI

El silenciamiento de Padmore y los límites del canon eurocéntrico

Para Martínez Peria, el lugar marginal que ocupa Padmore en el pensamiento crítico no es  un simple descuido historiográfico, sino un silenciamiento estructural. “Lo que impera a nivel global —y también en América Latina— es una perspectiva profundamente eurocéntrica (…) Incluso en los espacios progresistas sigue predominando esta mirada y, muchas veces, profundamente racista”, afirma Martínez Peria. En ese marco, las tradiciones producidas en África, el Caribe, Asia o las diásporas negras han sido sistemáticamente relegadas. 

Su obra quedó fuera de circulación, sus libros se agotaron y su figura fue borrada por otros nombres que lograron mayor reconocimiento, ocultando la riqueza y diversidad de una tradición mucho más amplia. “Se incluyen dos o tres nombres y eso termina borrando toda una genealogía, explica. 

En América Latina, a ese sesgo se suma una narrativa que suele minimizar la cuestión racial. “Muchas veces se dice que el racismo no es un problema central en nuestra región, cuando en realidad atraviesa de manera profunda nuestras sociedades”, advierte el historiador. Esa negación impacta directamente en qué autores se leen, qué historias se cuentan y cuáles permanecen invisibilizadas. 

La tradición radical negra y la crítica al desarrollo occidental

La tradición radical negra cuestiona los modelos de desarrollo impuestos por las potencias occidentales en el Sur Global. “Cuando Europa y Estados Unidos hablan de libertad, de democracia o de derechos humanos, históricamente han hablado de libertad y democracia solo para ellos, sostiene Martínez Peria. Desde esta perspectiva, la modernidad capitalista no se expandió garantizando derechos, sino consolidando jerarquías raciales y formas de explotación que afectaron de manera sistemática tanto a los trabajadores de las metrópolis imperiales como a los pueblos colonizados.

“La idea de que el mundo periférico tiene que seguir el mismo camino que Europa es parte de un relato profundamente eurocéntrico”, explica Martínez Peria. El empobrecimiento del Sur Global no sería entonces el resultado de una falta de capitalismo, sino una consecuencia directa de su imposición histórica. 

George Padmore insistía en la necesidad de cuestionar las formas en que el mundo es narrado y jerarquizado y marcaba la importancia de construir proyectos propios desde el Sur Global basados en la unidad regional y en la cooperación entre pueblos históricamente subordinados. 

“Para emanciparnos no alcanza con transformaciones políticas o económicas. También necesitamos una emancipación cultural y epistémica (…) La emancipación viene mucho más por la unión regional y por el diálogo Sur-Sur que por el intento de integrarnos al Norte”, afirma Martínez Peria.

Padmore propone un desplazamiento radical del punto de partida. La idea de que el cambio llega desde el Norte, funciona como un mito legitimador del colonialismo y de la violencia imperial. “Ese relato presenta a Europa como la fuerza activa de la historia, incluso cuando avanza mediante la violencia, que aparece justificada como necesaria o civilizatoria”, indica. 

Esta mirada atraviesa al liberalismo y a buena parte de la izquierda hegemónica que durante décadas depositó sus expectativas revolucionarias en la clase obrera industrial europea. Padmore rompe con ese esquema a partir de su experiencia política e intelectual. “Cada vez más, sostiene que la revolución tiene que venir del Sur, con su propia lógica y con otros sujetos y sujetas (…) Para él, el colonialismo no trajo desarrollo, sino destrucción de formas de vida más igualitarias”, afirma el historiador. 

El sujeto de la emancipación deja de ser una clase obrera homogénea y pasa a ser un entramado más amplio: campesinado, trabajadores sometidos a regímenes de explotación forzada o semiforzada, mujeres y pueblos colonizados. La tradición radical negra propone otros protagonistas y otra temporalidad histórica, recuperando experiencias precoloniales de organización social, cooperación y mayor igualdad. 

Mujeres negras y el anticipo de una mirada interseccional

En Vida y lucha de los trabajadores negros (1931), Padmore amplía de manera temprana el horizonte de los sujetos de la emancipación al cuestionar las lecturas que reducían la lucha anticolonial y anticapitalista a la agencia de los sujetos masculinos. En ese marco, recupera experiencias de resistencia que habían sido sistemáticamente subestimadas o directamente invisibilizadas, entre ellas, el papel de las mujeres negras en las sociedades coloniales. Lejos de presentarlas como actoras pasivas o auxiliares, Padmore reconoce su protagonismo en formas concretas de organización económica, social y política, como las luchas de las mujeres de los mercados en distintos territorios africanos, donde el control del comercio local, la defensa de los medios de subsistencia y la resistencia a las imposiciones coloniales se articularon como prácticas políticas colectivas.

Estas experiencias permitieron a Padmore cuestionar tanto las jerarquías coloniales como las limitaciones de una izquierda que tendía a pensar la acción política desde categorías estrechas. Si bien no desarrolló una teoría feminista en los términos contemporáneos, su obra incorpora una mirada que hoy puede leerse como interseccional, en la medida en que analiza de forma articulada las relaciones entre raza, clase, género y colonialismo. “Padmore no fue feminista en el sentido contemporáneo, pero en su obra aparece una mirada interseccional, que cruza raza, clase, género y colonialismo”, explica Martínez Peria.

Esa perspectiva le permitió a Padmore pensar los procesos de liberación desde una base social más amplia y compleja que la imaginada por la izquierda eurocéntrica, incorporando a sujetos históricamente relegados como las mujeres en los horizontes de emancipación. Al reconocer el papel central de las mujeres negras, del campesinado y de los trabajadores sometidos a formas de explotación no asalariadas, Padmore amplió las perspectivas de cambio y contribuyó a una concepción de la emancipación que no se limitaba a la toma del poder estatal, sino que incluía la transformación profunda de las relaciones sociales y culturales heredadas del orden colonial.

Leer a Padmore para pensar el presente

Para el autor, uno de los aportes más potentes de Padmore para pensar el presente es su crítica temprana a la idea de desarrollo asociada al progreso capitalista. Advierte que el crecimiento económico y tecnológico promovido por las potencias occidentales no implican un mayor bienestar para las mayorías, sino nuevas formas de explotación y desigualdad. 

“Padmore muestra que el capitalismo no se basa en la expansión de la libertad, sino en la hiperexplotación de los pueblos periféricos, sostiene. Desde ese punto, muchas de las promesas de la modernización siguen funcionando hoy como discursos que ocultan la continuidad de estructuras coloniales, raciales y económicas profundamente desiguales. 

Leer a George Padmore en el presente permite reconocer que, aunque cambien los lenguajes y las formas políticas, las lógicas de dominación persisten. Por ello, su pensamiento ofrece herramientas para cuestionar modelos que se presentan como inevitables y para imaginar alternativas desde las experiencias históricas del Sur Global.


Contenidos relacionados:

“La función de la libertad es luchar por la libertad de los demás”: Angela Davis y la diáspora africana

A 65 años del asesinato de Patrice Lumumba: las venas abiertas del Congo y un conflicto que lleva más de 30 años

“La Revolución de las Boinas”: un libro clave para pensar la descolonización africana del siglo XXI

Equipo periodístico |  + notas

Abogada del sur del conurbano bonaerense. Escribe y acompaña procesos vinculados a la movilidad humana y a las desigualdades de género, con enfoque en derechos humanos.


Compartir:
Mostrar comentariosCerrar comentarios

Deja un comentario